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Ai Weiwei: Ways Beyond Art

Ivory Press. Madrid. Hasta el 24 de julio de 2009
[José Marín Medina. El Cultural, 22 de mayo de 2009]

AI WEIWEI, ARTE QUE VIVIR

Hay un axioma, que en los dominios del arte suele funcionar a la perfección, que asegura que “lo importante es tener algo que decir, decirlo con las menos palabras posibles y callar”. Se trata de un principio que “se demuestra” en la manera de haberse organizado y montado esta exposición que la nueva y esplendorosa galería-librería Yvorypress Art + Books ha producido para presentar por primera vez en España la obra de Ai Weiwei (Beijing, China, 1957). Se trata de uno de los artistas actuales más cosmopolitas -los que dan la vuelta al mundo varias veces al año-, que trabaja como escultor, fotógrafo, autor de instalaciones y coautor o “comisario” de grandes proyectos arquitectónicos. Pues bien, en la exposición se han seleccionado un conjunto bien medido de obras de esos diferentes géneros y la muestra se ha centrado en hacer que se advierta la interrelación que existe entre todos ellos, aunque cada uno sea independiente. Ese propósito de resaltar lo que vincula entre sí a estas obras se ha logrado utilizando el espacio expositivo con medida, precisión y un cierto despojamiento, controlando la iluminación -evitando los efectos no deseados que se derivan, en escultura, de una aplicación de la luz demasiado directa- y procurando producir esa atmósfera de silencio encalmado que tanto conviene a la voluntad poética predominante en el conjunto de la obra de este artista.

En efecto, como señala Elena Ochoa Foster, directora de este espacio madrileño-londinense, en su nota del catálogo, “Ai Weiwei dice de sí mismo que es un poeta frustrado”. Desde su infancia y adolescencia quiso ser poeta, como lo era su padre, Al Qing -una de las voces más importantes de la poesía china de la segunda mitad del XX-, a quien se le prohibió escribir durante veintidós años y fue confinado en las provincias desérticas del oeste del país. Aquella suerte de innata voluntad de poesía sigue vigente en Weiwei, quien declara ahora que “la poesía me ha influido más que cualquier otro género literario. Antes de que quemáramos todos los libros durante la Revolución Cultural, yo había leído ciertos fragmentos de Mayakovsky, de Rimbaud, Walt Whitman, Tagore y Baudelaire. Para mí la poesía es como un sentimiento religioso. A veces ves en ella el infinito. Creo que la poesía sirve para mantener nuestro intelecto en el estadio previo a la racionalidad. Nos proporciona la sensación pura en contacto con nuestros sentimientos. Pero lo más importante es que nos conduce a ese estadio inocente en el que la imaginación y la lengua pueden ser más vulnerables y también más penetrantes”.

Dentro de esa poética produce Weiwei sus actuales trabajos plásticos y fotográficos: las frías, altas, distantes y calladas Sillas de mármol; las brillantes porcelanas acabadas en verdes tiernos de la serie La ola o en azules muy intensos, impenetrables -en el ciclo extraño de burbujas-; el gran Mapa de China, entallado en un imponente taco de encastres de maderas que pertenecieron a vigas de antiguos templos; la instalación Chatarrería Monumental, compuesta por un conjunto de pesadas puertas de mármol blanco puestas en pie y estructuradas como en un amenazador castillo de naipes; el autorretrato del artista que levanta su Brazo de mármol para hacer el gesto de burla y de desprecio de una higa, gesto que Weiwei repite en la serie Estudio de perspectiva autofotografiándose y señalando con su mano la Torre Eiffel, la Casa Blanca y el centro de la Plaza de Tiananmen. Más directamente poéticos, si cabe, resultan sus objetos cerámicos neolíticos signados con logotipos del actual mercado global, de los que aquí se expone Vasija Coca-Cola, en la que resuena una sonrisa pop decididamente warholiana. Ello no es óbice a que Weiwei muestre también su gusto por los rigurosos principios geométricos de la divina proporción italiana en dos grandes esferas de madera que, Sin título, sintetizan la piel de sus superficies en una transparente red de exágonos rojizos.… Todo este conjunto de propuestas en las que se solapan paradigmas de creación artística contrapuestos, confirma las potencialidades que propicia esa virtud inherente a la cultura china que consiste en alcanzar un grado permanente de flexibilidad que permita fundir contradicciones de manera armónica.

Quedan fuera de esta exposición de Ivorypress las empresas arquitectónicas del artista, sus trabajos sociológicos -como el de hacer que participasen 1001 trabajadores “inmigrantes” en su proyecto para la Documenta XII de Kassel- y sus textos y fotografías realizados expresamente para su famoso blog, actuaciones en las que él trata, como avisaba Dubuffet, de que la obra de arte deje de ser una cosa que mirar y se convierta en algo que vivir o que hacer.