Prensa

Artistas

Series

Ofertas

Catálogos

Precios

Comprar

Información

Prensa

Dario Urzay. Bifurcaciones

Fundación Ico. Madrid. Hasta finales de noviembre
[Antonio García Berrio. ABC de las Artes, 14 de noviembre de 2009]

URZAY Y EL META-MODERNO

El Instituto de Crédito Oficial dispone de un envidiable espacio para exposiciones en un emplazamiento urbano difícil. Pese a ello, el currículo de actividades que acredita la entidad es de un nivel mucho más que estimable. Culminando por ahora esa trayectoria, las salas madrileñas del ICO alojan una de las exposiciones a mi juicio más bellas e interesantes de cuantas hemos disfrutado en Madrd en los últimos tiempos, la titulada Bifurcaciones, de Darío Urzay.

«Tekné»: Bilbao, Junio de 2009. Con una visita a Urzay en Bilbao en junio me proponía confrontarme en directo con el impacto estético de determinados cuadros que suponía de su propiedad, pero que sólo conocía reproducidos en libros y catálogos. Intento fracasado, pues un rasgo característico de este artista arrebatadamente creativo es su falta de interés, casi desdeñosa, por la materialidad ultimada y finita de sus obras. Lo que interesa y moviliza a Urzay es el proyecto ideal del trabajo y su proceso de evolución.

Todas mis insinuaciones a Urzay chocaban con la remolonería desinteresada de mi amigo. «Tengo en mi poder muy pocos cuadros siempre; por suerte, los suelo vender pronto. Además, soy poco diligente en la fabricación, porque lo que me atrae es imaginar obras que, o bien no siento la necesidad de plasmarlas manual, tradicionalmente, o lo hago con la ayuda del ordenador: las veo en la pantalla y con mucha frecuencia ni siquiera las llego a imprimir». Como ejemplo, uno puede encontrar en el estudio de Sarriko atractivas pruebas impresas de este portentoso imaginador, que ha encontrado en la velocidad de la cibernética el mejor aliado a la inabatible celeridad de su fantasía imaginativa.

A duras penas, consigo poner de frente, por mi cuenta, dos o tres cuadros antiguos vueltos de cara a la pared; obras como ocultas y no por frustradas o secundarias, porque los resultados ultimados por Urzay son regularmente, como poco, deslumbrantes. Este genio-niño-maduro que es Darío me arrastra por su laberinto-estudio a los espacios físicos y al instrumental técnico de sus libérrimos intereses. Así me paseé por el enorme y ordenado taller de Urzay entre cachivaches y trebejos esotéricos para mis muy cortos intereses tecnológicos y mecánicos: dispositivos de ordenador y escáner en batería; congeladores industriales para conservar los moldes con agua pigmentada destinada a formar las piedras de hielo que se derriten después sobre el soporte; bastidores con cámaras colgadas a cinco metros del suelo para filmar los procesos de elaboración; marcos motorizados que controlan el proceso de secado? Constituyentes todos realistamente alquímicos de la elaboradísima tekné que distingue, bajo una novedad meta-moderna de extrañeza fascinante, el esplendor lustral (el nitor de los clásicos) de las obras de Urzay.

Nigredo: Verano de 2009. Como es característico de este tan proyectivo como modesto personaje que es Urzay, mi visita a su taller acabó acaparada por las explicaciones del artista en relación al obsesivo proyecto en marcha: lo que ha sido, ahora en ICO, la contundente vídeo-instalación Memorizando estratos. La diferencia es que, en junio y en el taller, el proyecto mostraba en horizontal, sobre el suelo, el inicio de una obra en proceso que ahora, a la vertical de la pared, se conforma como un rectángulo periférico de cartones maculados en cuyo centro aparecen proyectadas las sucesivas intervenciones determinantes del cuadro exento. Las explicaciones al respecto del artista en Sarriko eran ya más o menos las mismas que transcribe ahora el catálogo de la exposición: «En la tradición pictórica suele hablarse del dilema del autor ante el lienzo en blanco, igual que el escrito ante el folio sin una sola marca, pero aquí no hay ese grado cero de la pintura. La producción de la pintura comienza en un estadio intermedio en lo que ya es una imagen -mi imagen intimada- y, al mismo tiempo, una superficie física sobre la que veo el conjunto de la obra: el cartón que coloco debajo del bastidor para recoger la pintura u otros materiales, y que rebosa la superficie del cuadro. Trasladado del estudio a la sala de exposiciones, el cartón cubierto de manchas excepto allí donde ha estado el cuadro se convierte en pantalla de proyección de un vídeo que recoge fases de la producción y se integra finalmente en la obra».

Nitor: sep.-nov. de 2009, en Madrid. El proceso estival solitario de Urzay esplende ya, manifiesto y rotundo, en ICO. Históricamente, es bien sabido el fiasco monumental de las operaciones alquímicas. La del nigredo, la más hermética, ha venido a parar en que se descubre la superchería de los alquimistas con su trapacería áurea de la piedra filosofal. Pero como metáfora traslaticia, sirve bien cuando se necesita ejemplarizar el portentoso gradiente que separa de su resultado esplendoroso la ganga inicial de los materiales brutos del arte: los pigmentos azulados; las piedras de agua congelada; los papeles con curvas de nivel y levantamientos fotográficos de avioneta y satélite; los ingredientes de barnices y aguarrás… Todo lo material inerte estratificado en la geología pictórica de obras como Memorizando estratos.

Desde la memoria sedimentada de mi primer enfrentamiento de junio con Memorizando estratos hasta el despliegue actual del cuadro izado en ICO, hay que representarse el verano de Urzay en la tarea alquímica de transformar la ganga bruta de los materiales plásticos en el esplendor actual (nitor) de este otro soporte de emociones estéticas que signa la claridad espiritual de la obra. Visto además en la revolucionaria instrumentación de la mirada abstracta del Moderno a cargo de un Richter o una Fiona Rae, y dentro del deslumbrante conjunto de esta antología de Urzay, uno no puede sino recuperar el delicioso sentimiento lustral del nitor (lustre, claridad, esplendor y brillo) para los retóricos clásicos, de Cicerón a Quintiliano. Eterno milagro del arte, tal vez el único absoluto alcance de los taumaturgos como Urzay, para quien «cada artista moderno conlleva implícita la Historia del Arte completa como heredad acumulada».

El trayecto real de la tekné al nitor elaborado aquí ilumina algo en la encuesta crítica cotidiana sobre «el tema -estético- de nuestro tiempo»: la consideración del progreso artístico actual como moderno todavía, o ya nunca más moderno y de denominación entonces por decidir. Porque en Urzay el punto de partida de su tekné ultramoderna persuadiría proclamar una resolución meta-moderna; pero, en el otro extremo del proceso, la fascinante resolución en obra esplendorosa de sus operaciones de nigredo alquímica proclama el mismo ostensible esplendor, el nitor clásico, del sublime sin diferencia de edad, de la clasicidad al moderno, en el arte de Occidente.