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En los márgenes del arte. Arte y compromiso político

MACBA. Barcelona. Hasta el 27 de septiembre de 2009
[Anna María Guasch. ABC de las Arte, 25 de julio de 2009]

RESPUESTAS COMPROMETIDAS

Con la muestra En los márgenes del arte, el MACBA consolida un nuevo formato expositivo, el dedicado no tanto al arte «en mayúsculas» (si es que todavía esta expresión es operativa), sino a todo un amplio espectro de material impreso (libros de artista, octavillas, postales, carteles) datado entre 1933 y 2008, con el que se pone énfasis en uno de los ejes prioritarios que definen la colección permanente del centro: el documental.

A diferencia de las anteriores muestras documentales del Centro de Estudios y Documentación, las más de 230 revistas junto con los 150 libros de artistas, además de los carteles y otros formatos impresos que integran la actual, le sirven al coleccionista británico Guy Schraenen -que ya en 2001 organizó en el mismo museo la muestra Edición agotada- para crear un núcleo argumentativo lleno de parti-pris artístico-ideológicos.

Reforzar el concepto. Bajo el amplio paraguas de las relaciones entre arte y política, uno de los motivos recurrentes del arte del siglo XX, incentivado a partir del texto programático de Walter Benjamin El autor como productor (1934), la exposición quiere recuperar un concepto «fuerte» de política, lejos de los procesos de «adelgazamiento» de los que ha sido objeto desde finales de los años ochenta hasta la actualidad en medio de una pluralidad de microhistorias y de mitologías personales e íntimas. Y lejos también del repliegue fuertemente despolitizado de una generación mas reciente de artistas que practican un «arte del entretenimiento y del espectáculo», en la mayoría de los casos, «cínico».

La selección del MACBA, asumiendo la herencia de las vanguardias de los años veinte de inscribir las obras en el tejido social y, a su vez, revindicando la postura sartreana del artista comprometido que busca modificar el status quo intelectual, artístico y político, presenta un conjunto de medios impresos «de bajo presupuesto» datados en su mayoría entre las décadas de los sesenta y los ochenta, muchos de los cuales han sido durante años considerados marginales o periféricos respecto a la oficialidad artística. La selección se inicia con dos piezas aisladas, dos tracts (hojas de texto destinadas a difundir declaraciones de principios) surrealistas de 1933 y 1936 para luego desplazarse a la década de los sesenta con dos núcleos geográficos diferenciados: el francés y el alemán, y en torno a dos episodios clave: el de la Internacional Situacionista y el Mayo del 68.

Material inédito. Las revistas Internationale Situationniste (1957-1969) y The Situationist Times (1962-1967) recogen la producción teórica de los miembros del grupo basada en la apropiación de las estrategias de la cultura popular inspiradas en la ruptura del elitismo del «arte elevado» y del estatuto del artista considerado como «genio». Resulta así interesante el acceso a un material inédito como las revistas Konkret, publicación radical alemana de izquierdas, dirigida por la activista Ulrike Menhof, y Provo (1965-1967), publicación holandesa protagonizada por el grupo del mismo nombre, cuyo primer número, Revo, fue confiscado.

La muestra de Barcelona presenta también un buen número de fanzines y carteles, la mayoría anónimos que, como los creados en el Mayo francés de 1968 en torno a los talleres de l’École des Beaux-Arts de París bajo la dirección de Gérard Fromagier, tenían como fin prioritario transmitir no tanto imágenes, sino mensajes de protesta de gran rotundidad: «Voter contre [le]capital ne suffit pas».

La versión poética. Junto a estos carteles abiertamente políticos, de los que la exposición exhibe otros ejemplos como el Boletín del Festival 200, concebido por el historiador Troels Andersen en Dinamarca con piezas de artistas como Marc Adrian, Tom Kugiers y Heman de Vries y de un anarquismo «no violento», la exposición reúne otro grupo de obras cercanas a la «poesía visual y concreta» y a un uso más creativo del lenguaje, sin renunciar a un arte comprometido. La revista uruguaya Ovum, publicada por Clemente Padín, o los materiales del grupo Textruction de la École Spéciale d’Architecture de París del año 1972 se sitúan en un terreno fronterizo entre poesía visual y arte político, como ocurre con las revistas Biopsia 2 (1993) y Biopsia 4 (1997), editadas por la figura singular de Edgardo Antonio Vigo, la primera, dirigida contra la corrupción política (un «arroje aquí todo lo que corrompe» pegado a una bolsa de basura); la segunda, rindiendo un homenaje a los desaparecidos y represaliados de la dictadura argentina.

Las portadas de libro tienen también un papel destacado en la muestra, en línea directa con los fotomontajes de John Heartfield, que parecen revivir en un grupo de trabajos de finales de los setenta y principios de los ochenta, como la portada del libro de artista TV Folk Dance: Tango of Violencia (1977), de Jürgen Harten, o la del libro de Jenny Holzer Abuse of Power Comes as No Surprise (1983). La muestra se completa con nuevos subtemas -los mapas, el dinero, las banderas- de la mano de artistas como Alfredo Jaar, Cildo Meireles y Joan Rabascall, sin olvidar los mensajes sonoros del artista alemán Ferdinand Kriwet en la obra Campaign (1973), en el que se yuxtaponen fragmentos de los discursos pronunciados por los candidatos a las elecciones presidenciales americanas del 1972: Richard Nixon y John McGovern.