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Escrito está

Artium. Vitoria. Hasta el 20 de septiembre de 2009
[Francisco Carpio. ABC de las Artes, 12 de septiembre de 2009]

ESCRITO Y VISTO ESTÁ

Escrito está. De eso no cabe ni la menor duda. Y a las pruebas -esta excelente muestra, Poesía experimental en España (1963-1984)- me remito. Ha quedado escrito. Y podríamos añadir que, dadas las particulares características de los paisajes logo-icónicos que abarca, también visto está. Porque, posiblemente, la principal seña de identidad que califica y cualifica al conjunto de comportamientos poéticos no discursivos que llamamos poesía experimental es justamente el diálogo, e, incluso, el puro enamoramiento entre palabra e imagen, entre logo e icono, entre texto y plástica.

Así, el propio Fernando Millán -una de las personalidades más emblemáticas en este campo creativo en España y fuera de nuestro país, y comisario de la exposición- viene a definir este amplio espacio de creación que se expande más allá de los estrictos límites del lenguaje poético como «territorio conceptual», un paisaje mestizo, poliédrico, de fronteras difusas, que integra prácticas poéticas tan diversas y variadas como la poesía visual, la poesía sonora, la poesía concreta o la polipoesía.

La mirada más completa. De todos estos comportamientos da buena y cumplida cuenta la muestra que tenemos ahora la oportunidad de ver en Artium, y que posteriormente viajará a tierras castellanas, al Museo Patio Herreriano de Valladolid. Muestra que seguramente supone la mirada y la reflexión más completa, documentada y coherente arrojada hasta la fecha sobre toda una serie de autores y obras que dieron nombre y forma al nacimiento y crecimiento de este movimiento creativo, desarrollado fundamentalmente entre las décadas de los sesenta y los setenta, tanto en Europa como en América.

Precisamente no hace demasiado tiempo, reflexionaba desde estas mismas páginas sobre el escaso -por no decir casi inexistente- grado de repercusión y recepción que, a lo largo de su Historia, ha tenido la poesía experimental, no sólo dentro del propio ámbito poético, sino también en lo que se refiere a las artes pura y duramente visuales, quedando siempre anclada y varada en una especie de no man’s land, un territorio ambiguo y desubicado, sin que los poetas ni los artistas plásticos lo consideraran nunca como uno de los suyos? Sólo por esa razón -pienso- resulta ya necesario y pertinente la realización de proyectos como éste.

Un proyecto que abarca más de 400 obras, desde originales e inéditos de poesía visual, sonora, libros objeto y poemas objeto, hasta reseñas de prensa, fotografías y diversa documentación gráfica, pertenecientes a casi 300 autores diferentes (más de 200 de ellos españoles).

La exposición se completa además con la proyección de varios ejemplos de cine experimental -muy asociado a la poesía de vanguardia de estos años-, entre otros, el filme Pêche de Nuit, uno de cuyos autores es Henry Chopin, representante primordial de la poesía fonética, o también dos piezas de Javier Aguirre dedicadas a Julio Campal (una de las figuras clave de la poesía experimental) y Jorge Oteiza.

El diseño expositivo se articula en torno a seis espacios diferenciados. Los tres primeros plantean una visión fundamentalmente cronológica e histórica de los movimientos de neovanguardia característicos de los años sesenta y de la poesía experimental que se desplegará a lo largo de la década siguiente. Son años en los que empiezan a emerger los primeros comportamientos que proponen estrategias poéticas no discursivas. El colectivo Problemática-63; la figura seminal y vital del poeta uruguayo Julio Campal; los miembros del grupo Zaj (creado por los músicos Juan Hidalgo, Walter Marchetti y Ramón Barce, al que posteriormente se incorpora Esther Ferrer); las aportaciones de distintos creadores como el propio Fernando Millán, Gómez de Liaño, Castillejo, Guillem Viladot, Joan Brossa, Bartolomé Ferrando, Francisco Pino, Cirlot o Felipe Boso, son algunos de los nombres que, a través de una amplia diversidad de obras, materiales documentales, fotografías, libros, publicaciones, revistas y objetos, conforman este primer capítulo.

Nuevos soportes. Las otras tres salas ofrecen un enfoque más formalista, centrándose en una extensa selección de obras vinculadas a las prácticas poéticas experimentales. Una de ellas muestra por vez primera una edición digital de 50 poemas experimentales que abarcan prácticamente todos los géneros de estos procedimientos logo-icónicos. Otro de estos espacios expositivos presenta una serie de formas poéticas, diferentes a las visuales, como es el caso de la poesía sonora, los libros y poemas objeto y la poesía de acción. Finalmente, la última sala hace referencia a La escritura en libertad, antología internacional de poesía experimental, publicada en 1975 en Alianza Editorial por Fernando Millán y Jesús García Sánchez y que reunía, a través de las obras de 149 artistas de más de veinte países -no sólo poetas, sino también músicos, pintores, accionistas o escultores-, una completa y documentada selección de los nuevos lenguajes y modos de la escritura poética. Un título que acabaría convirtiéndose en una auténtica obra de culto, y que fue reeditado por Visor en 2005.