MNCARS. Madrid. Hasta el 20 de abril
[Patricia Almarcegui. ABC de las Artes, 1 de febrero de 2009]
‘ME RESISTO A SER LEÍDA EN CLAVE HISTÓRICA’
Rebelarse ante el arte-objeto como parte del sistema de mercado y mostrar los dispositivos con los que se accede a la imagen son los temas pioneros de varios artistas de la generación a la que pertenece Eulàlia Valldosera (1963). En su caso, a esa rebeldía se suma el carácter de acción de sus obras y una potente carga documental. La artista inaugura el 4 de febrero en el MNCARS la exposición Dependencias (hasta el 20 de abril), comisariada por ella misma y Nuria Enguita, un largo trabajo en el que da forma a los últimos veinte años de recorrido e incluye nuevas obras que se expanden al terreno participativo del espectador.
Revindicar el proceso de trabajo como parte del mismo es una constante en su discurso. ¿Cómo ha sido el proceso de trabajo para Dependencias?
La naturaleza efímera de mis trabajos, por su fragilidad y por su carácter de instalación diseñada para un espacio preexistente, se resiste a ser museologizada. Mis instalaciones dependen no solamente de las coordenadas espaciales de un lugar, sino de un equipo humano con un conjunto de conocimientos y métodos para poderlas reconstruir y adaptar cada vez que se exponen. De modo que el diálogo con la institución receptora es parte de la obra, pues afecta sobremanera a su puesta en escena. Quiero despedirme de la exhibición de mis trabajos con luz. Como compensación, filmaremos la exposición para conservar su memoria. Ese vídeo, aunque sea una interpretación, sustituirá a la obra, será lo que quede de ella. ¿El vídeo catálogo es también una obra?, ¿cómo mirar el pasado?, ¿dónde está la frontera entre la documentación de un trabajo y lo que consideramos la obra terminada?, ¿cómo registrar en soportes duraderos mis instalaciones o cómo hacer público mi material de archivo cuando los métodos de documentación y análisis del trabajo artístico reciente no han sido elaborados? Además, algunas obras no pueden darse por concluidas hasta que el público no les da un rodaje. El proceso, por tanto, no termina con la inauguración, queda abierto.
El desplazamiento por diferentes medios es una característica de su trabajo. Del dibujo a la «performance», fotografía y vídeo, hasta llegar a la instalación, que reúne a los anteriores.
Nace de mi resistencia a fabricar objetos que se asimilen en un sistema fijo. La demanda expositiva no siempre se corresponde con las necesidades del artista, que se ha marcado una línea de desarrollo en su investigación. Los modos espectaculares de exhibición que se han potenciado en los últimos años desde las instituciones no casan bien con ellas y, sobre todo, con las necesidades del público. Aunque prefiero hablar de «públicos», puesto que hay muchos, diversos códigos de interpretación que esperan ser atendidos. Una suma de minorías a la que podemos dirigirnos desde diversos formatos. Parte de mi reflexión es material de archivo, sin más, sin proyecto expositivo que lo ampare, porque entiendo que eso debe nacer de un diálogo profundo con el contexto expositivo e intelectual. Ese desplazarme en diferentes medios hace que no me los crea excesivamente.
A pesar de que sus obras se han relacionado con lo biográfico, sus acciones y su trabajo con los objetos ponen en evidencia otros sentidos.
En la medida en que me distancio de mi identidad, me acerco y elaboro una herencia: el silencio acumulado por las generaciones de mujeres que me preceden, que me acompañan. He pasado de hablar en primera persona a escuchar al Otro para darme cuenta de que ambas acciones tienen el mismo valor. En mis Botellas Interactivas (Forever Living Products), doy voz a aquéllos que, al ser preguntados, rompen un silencio acotado temerosamente por la sociedad. Los envases de productos de limpieza almacenan en su interior aquellas experiencias que desearíamos eliminar de nuestras vidas. Los testimonios orales de mi portera, de las víctimas de un accidente de tráfico, de quien conoce el acoso laboral o emocional, la humillación, permanecen escondidos en el interior de los productos hasta que el espectador los toma en su mano, los acerca a su oído y participa de su secreto.
Alguna vez se ha referido a la censura como algo implícito en el mundo del arte. ¿Cómo se materializa hoy esa censura?
En los años de transición, el político ha querido controlar la cultura desde las instituciones y espacios públicos. Pero el artista no resiste esa vigilancia y nunca va a cubrir la demanda de poder del político. El Arte ocurre en otros lugares. Los canales alternativos deben seguir existiendo para una salud social. En Barcelona, tras las Olimpiadas, se arrasó con la alteridad. Lo que el artista necesita, al menos para nacer, son espacios en los que se mueva con libertad y sin grandes inversiones. Esos espacios han dejado de existir, y no sólo en el mundo del Arte. Es necesario respetar y potenciar voluntades asociativas para afrontar nuevas estrategias vitales.
¿Qué espera de esta exposición en el MNCARS?
Me he resistido a exponer en mi país en los últimos años por las demandas de historizarme una y otra vez, lo que suponía dejar de atender mi presente. En esta ocasión, he hecho una relectura muy concreta, no una antológica. Espero que el éxito venga, como siempre, del público. ¡Cuántas veces habré escuchado la frase aterrorizada del galerista o la institución «¿De dónde sale toda esta gente que nunca ha venido aquí?»! Espero que vuelva a ocurrir. Con la instalación participativa Dependencias, el público deberá abandonar su rol contemplativo para convertirse en usuario. Dependerá de él, de su actitud, de su compenetración con el dispositivo que he puesto a su merced, que consiga por unos minutos dotar de belleza al espacio.


