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Hannah Collins. Historia en curso. Películas y fotografía

Caixafórum. Madrid. Hasta el 21 de febrero de 2010
[Elena Vozmediano. El Cultural, 27 de noviembre de 2009]

EL INTERÉS HUMANO DE HANNAH COLLINS

Cuando llegue a la sala en la que se disponen las obras de Hannah Collins (Londres, 1956) le puede asaltar la duda: ¿se ha confundido de piso y está visitando una de las exposiciones de tema social de la Fundación “la Caixa”? Se nos deja conocer la vida cotidiana de los gitanos de La Mina en Barcelona, de una familia en la Rusia central y de tres emigrantes procedentes de Uganda, Camerún y Costa de Marfil, narradas en largas películas documentales siguiendo guiones en los que se combinan situaciones reales y otras escenificadas “a imitación de la realidad”. Cabría interpretar que es este interés humano el que justifica la muestra en una entidad que apenas presta atención a los creadores actuales. Pero, al margen de este condicionante argumental, ¿qué valores artísticos encontramos en las obras expuestas? La serie de impresiones digitales en blanco y negro sobre grandes papeles de algodón que acompañan al proyecto sobre la emigración, tomadas en Suráfrica, son muy buenas. Tienen esa esencia poética y esa diafanidad de los mejores trabajos de la artista. Hay en ellas una variedad de “situaciones espaciales” que tienen un significado anímico y social/histórico. Entre las fotografías rusas y gitanas hay algunas que traducen una mirada más personal, como las del adolescente con el jilguero o la de los músicos en la playa -que son las de composición más cuidada-, pero otras parecen sólo testimoniales. Es cierto que la utilización de las pantallas de proyección parece un desarrollo lógico de los grandes formatos, casi cinematográficos, que Collins ha estado dando a sus fotografías. Pero esta transición no ha sido exitosa. La lentitud exasperante, que no parece obedecer a una voluntad de estilo, a una experimentación narrativa, se ve aliviada en Historia en curso por la belleza de algunos de los planos, en particular los paisajísticos, pero en las otras películas conduce a la pura impaciencia.

En una sala aparte se proyecta otro trabajo sobre los sueños de los residentes argelinos en Roubaix, Francia, con un planteamiento inicial muchísimo más interesante. Pero las posibilidades de crear una atmósfera onírica se ven frustradas de nuevo por un inadecuado manejo de los tiempos.