Matadero. Madrid. Hasta el 15 de noviembre de 2009
[Francisco Carpio. ABC de las Artes, 10 de octubre de 2009]
DENTRO DE LOS LABERINTOS
Seguramente pueda parecer un tanto innecesario referirnos aquí y ahora a la trayectoria de Jannis Kounellis (Grecia, 1936). Baste decir a favor de su incuestionable pedigrí artístico que ha estado representado en ocho ediciones de la Bienal de Venecia, y en tres de la Documenta de Kassel. Pero no me voy a resistir a la tentación de dibujar ciertas singularidades dentro de su obra que continúan cartografiando buena parte de su geografía artística y que, sobre todo, pueden servirnos para descifrar algunas de las piedras angulares sobre las que está edificada.
Para los manuales de Historia del Arte, Kounellis será siempre uno de los representantes fundamentales del povera, catecumenizado por Germano Celant en 1969 como un movimiento en el que el artista oficia de alquimista, transmutando la ganga de los materiales animales, vegetales y minerales en el oro de la obra de arte. Esto le llevaría a intentar apoderarse directamente de la vida en lugar de representarla. En el intento, juzgo que ha dejado un buen puñado de piezas dignas de ser recordadas. Y en el camino, un rosario de materiales tan diversos y plurales como el hierro, el humo, las piedras, la lana, animales, los cristales, el yute.
Valores vitales. Dentro del programa Abierto x Obras de Matadero-Madrid, Kounellis presenta un proyecto que, por un lado, recoge perfectamente el guante arrojado por los programadores de este espacio -establecer un diálogo entre el arte y el lugar- y, por otro, registra algunos de sus principales intereses plásticos y conceptuales. En primer lugar, la utilización de un ámbito despojado de valores aparentemente «estéticos», y cargado de otros inequívocamente vitales e históricos, principalmente habitados por una memoria industrial, como puede ser aquí un antiguo matadero. En este caso, y en lo que sería una curiosa vuelta de tuerca interpretativa, un lugar frecuentemente habitado por la vida, fundamentalmente por la animal (papagayos o caballos), da paso a un espacio de no-vida como es un matadero; un locus de muerte (que no es sino la otra palabra de la propia vida), habitado por una energía poderosa, que ni se crea, ni se destruye, sino que se transforma en un texto denso y cargado, abierto a múltiples lecturas, sonidos, ecos, olores, colores y -cómo no, hablando de un matadero- dolores.
Técnica arácnida. Refiriéndose a este proyecto, el propio Kounellis nos cuenta: «Un suave laberinto, sin vertical, a una altura donde los ojos espían el tejido entre una columna y otra con la técnica que usan las arañas. El punto de vista está arriba, en una posición privilegiada. Justo debajo del techo, colgando de un gancho, inmóvil, se puede observar el crecimiento del antiguo velo, el épico bordado que puntada tras puntada se crea y forma una fuerte piel que captura a la mítica bestia que sobrevuela esos espacios de Matadero en las primeras horas de la noche».
Kounellis ha sabido leer bien este espacio y aprovechar su desasosegante diseño tectónico de columnas para urdir una estructura laberíntica, construida a partir de un dibujo de líneas-cuerdas horizontales que tejen una dedálica composición, como si se tratara de una tensa, áspera y enm(araña)da tela de araña. Sin embargo, en el centro de su trazado poligonal, no habita la húmeda viscosidad de la tarántula, sino la fría densidad punzante de un cuchillo de carnicero. Colgado de un gancho, acecha nuestros pasos, con la misma voracidad depredadora del insecto.
Coincidiendo con este proyecto, la galería Nieves Fernández presenta una exposición complementaria de sus trabajos, en los que este artista incide en algunas de sus señas de identidad más significativas. Así, unas planchas de hierro -material que empezaría a utilizar como soporte a finales de los sesenta- aparecen trenzadas, casi cosidas, con gruesas cuerdas, creando un dibujo que de una manera consciente recuerda esa misma estructura laberíntica. Ahora, la araña-cuchillo ha sido sustituida por la transparencia de unas copas de cristal, por la memoria de pisadas de unos zapatos antiguos, por el milenario emblema de una forma en cruz. Son obras que recogen su interés por los materiales pobres, orgánicos, cotidianos; objetos y sujetos que detentan una poderosa carga histórica e incluso mitológica.


