Fundación Miró. Barcelona. Hasta el 24 de mayo
[Jaume Vidal Oliveras. El Cultural, 27 de febrero de 2009]
MITERIOS CREATIVOS
La primera individual realizada en un espacio institucional español de la artista estadounidense Kiki Smith (Nuremberg, 1954), no se trata, como a priori podría esperarse, de una antológica o una retrospectiva. Estamos ante una exposición de obra reciente que, con todo, articula un universo o un argumento y expresa, además, problemáticas recurrentes en la artista. La muestra, de carácter itinerante, se presentó previamente en Alemania y fue concebida originalmente para el Museum Haus Esters de Krefeld, donde la artista presentó unos dibujos en grandes vitrales que dialogaban con los espacios diáfanos y cristalinos de la arquitectura de Mies van der Rohe. No obstante, en cada nueva disposición, las obras tejen diversas relaciones entre sí y enriquecen sus significados, por lo que cada exposición implica una nueva luz o perspectiva a su obra, como si se tratara de un trabajo siempre in progress.
En la historiografía del arte reciente, a Kiki Smith se la encasilla en el ámbito del feminismo. Se dice de ella que pertenece a la segunda generación de artistas que, bajo esta militancia, aparecen en los 70. El trabajo de aquella generación versó sobre el cuerpo femenino en una clave eminentemente política. Posteriormente, la reflexión feminista siguió otras orientaciones, pero la de aquel grupo profundizó sobre la identidad de la mujer con el objetivo de minar la representación erótica tradicional construida desde la mirada masculina. En este sentido, el cuerpo de la mujer se expresa, para estas artistas, como una metáfora de las presiones y problemáticas sociales mal disimuladas. Ahora bien, hoy por hoy, cuando a Kiki Smith se le pregunta por el feminismo se sorprende y replica que, aunque el activismo fue muy importante en su formación, su obra no busca una interpretación ideológica, sino una lectura, digamos, más abierta.
El mundo de Kiki Smith es ciertamente un universo femenino. En él encontramos una manualidad, un lenguaje y una iconografía tradicionalmente asociados a la mujer. Ella trabaja con flores, pinta cristales, utiliza espejos, papel maché . Hay un amor a lo frágil, lo delicado, lo modesto cualidades siempre ligadas a lo femenino. Sus temas también lo son: la maternidad, la transmisión madre-hija, aunque éstos se expresen al margen de clichés.
Pero detrás de estos motivos hay algo más: la idea de pervivencia asociada a algo tan femenino como la reproducción, la sucesión, la herencia, pero ligada también al proceso cultural, a los conceptos de tradición y memoria. Kiki Smith ha explicado que el punto de partida de la exposición es un tapiz del siglo XVIII realizado por una mujer americana, Prudence Punderson, que narra el tránsito de su vida, desde la infancia a la muerte, de la cuna al ataúd. La autora siempre se ha sentido atraída por estas “artes menores” realizadas tradicionalmente por mujeres, por esta otra “historia del arte”, la de lo cotidiano, lo íntimo . Pero esta pieza expresa además, aunque con una sensibilidad particular, un tema eterno de la historia de la pintura –tratado de Tiziano a Gauguin o Klimt, por ejemplo– y que no es otro que el de las Edades de la Vida.
La exposición es un despliegue de este tema en múltiples direcciones, enriquecido con las más variadas referencias, y que Kiki Smith reinterpreta con una particular sensibilidad. Referencias autobiográficas –al fallecimiento de su madre–, históricas –al arte realizado por mujeres–, a la historia del arte –al tema de la Anunciación–, a la tradición católica –alusiones a la “Revelación”, la “Inspiración”, la “Divina Concepción”–. Pero, por encima de todo, está, como indica el título de la exposición, a la idea de continuidad. Generación, procreación, transmisión, algo que es indisociable de la mujer, pero también de la imagen del artista como creador.
La última obra de la muestra consiste en la representación de un ataúd de cuyo interior emergen unas flores de cristal en un claro mensaje de regeneración. Convicción que se refleja también en otras obras, como en Emergiendo, donde un cuerpo joven crece de una figura anciana y decrépita. Una de las obras más celebradas de Kiki Smith es Train, del ya lejano 1992, considerada un emblema del arte feminista y calificada como “arte de lo abyecto”, que consiste en una figura de cera blanquecina que derrama el flujo menstrual. Interesa señalar que el color rojo, intensísimo, de la sangre que corre por los suelos está formado de perlas de cristal. Pues bien, entre estas perlas rojas y las flores de vidrio del ataúd no hay diferencia. Ambas aluden a lo sagrado, al misterio de la creación.


