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Marie Raymond – Yves Klein. Herencias

Círculo de Bellas Artes. Madrid. Hasta el 17 de enero de 2010
[Elena Vozmediano. El Cultural, 6 de noviembre de 2010]

YVES KLEIN, FUEGO AZUL

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11/11/2009 Edición impresa Mapa Web Conectar Mi suscripción Recibir boletín
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Yves Klein, fuego azul
Comisario: Nicolás Morales. Círculo de bellas artes. Marie Raymond – Yves Klein. Herencias
Alcalá, 42. Madrid. Hasta mediados de diciembre.

* ( 06/11/2009 )
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Recala en el Círculo de Bellas Artes una exposición itinerante que, con algunas variantes, ha llevado desde 2004 a pequeños museos franceses y alemanes una selección de fondos de los Archives Yves Klein, que custodian su importante legado. Nada que ver con las grandes retrospectivas que le dedicaron el Reina Sofía en 1995 y el Guggenheim Bilbao en 2005, pero para los numerosos admiradores de este genial artista la cita es ineludible. La muestra se presenta como novedosa por la posibilidad de contemplar su trabajo junto al de su madre, Marie Raymond, pero la comparación no hace más que subrayar el abismo que existe entre ambos. No hay “herencia” sino ruptura. Es cierto que Yves Klein (Niza, 1928-París, 1962) se benefició del contexto artístico vanguardista en el que su familia se movió pero desde sus comienzos estuvo en otra onda, muy lejos de la emulación de las sucesivas modas pictóricas en la trayectoria de Raymond.

Es difícil aquí concentrarse en las obras de Klein, a causa del apretado montaje, la vecindad materna y los metacrilatos que cubren casi todas las obras e impiden apreciar los efectos del IKB (International Klein Blue). Pero cuando se hace abstracción de todo eso se siente la fascinación que ejerce este artista que es a la vez modernísimo y ancestral. Su maestría en el judo -que le llevó a Madrid, donde quiso organizar una exposición en el propio Círculo de Bellas Artes-, que implica una cercanía al zen y la meditación, le inclinó hacia la espiritualidad del vacío, que recorre toda su obra. En el corazón del vacío, dijo, y en el corazón del hombre arden fuegos. Las llamas fueron una herramienta artística y una imagen poderosa para él, equiparable en su simbolismo al oro que utilizó en paneles y esculturas. Su célebre IKB es una pigmento sintético que imita al rico azul ultramarino que se reservaba en la pintura gótica para las partes más nobles de las composiciones, como el manto de la Virgen, y fabricado a partir del lapislázuli, utilizado en la antigöedad, particularmente en Egipto, como piedra preciosa. En Klein, un vitalista que quiso, por ejemplo, cabalgar hasta Japón y que tenía un acendrado sentido del ceremonial, las esencias artísticas tienen una manifestación también esencial. Su anhelo de inmaterialidad se refleja, sin contradicción, en materiales y formas que nos ayudan a meditar sobre lo que puede llegar a significar el arte, a experimentar, en palabra suya, su “impregnación”.