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Thomas Hirschhorn. The Subjecters

La Casa Encendida. Madrid. Hasta el 5 de enero de 2010
[José Marín Medina. El Cultural, 23 de octubre de 2009]

HIRSCHHORN, MODELOS DEL CAOS

Llega con cierto retraso a Madrid la primera individual de uno de los artistas capitales del elenco internacional del art now de los ochenta y noventa, el suizo Thomas Hirschhorn (1957) nacido en Berna y activo en París desde sus inicios. Esta impuntualidad expositiva resta sorpresa a la brutalidad de la “pegada” de sus esculturas e instalaciones, en las que el artista confiesa “desplegar toda la energía en luchar contra el criterio de calidad, ya que no hay que testificar la mejora sino la degradación” en un mundo complejo y caótico que, para poder darle forma y recrearlo, ha de ser previamente tan destruido como construido.

Situado entre el “realismo duro” y la utopía, como tantos artistas comprometidos dentro de las tendencias referidas al art and everyday (arte y cotidianidad), Hirschhorn recurre a materiales de reciclaje -cartones, papel de estaño, cinta adhesiva, cables, fotografías de revistas representando motivos bélicos atroces o referentes sexuales triviales, herramientas, muñecos de peluche…- para crear pequeñas cosmologías de elementos interconectados. Estos escenarios abigarrados formalizan sus mensajes mediante maneras de carácter trasgresor, al tiempo que reviven criterios objetuales del dadá, collages surrealistas y procedimientos pop extraordinariamente directos, o “democráticos”, según los denomina su autor. A veces estos pequeños mundos adoptan formas autoritarias de presentación, como las de “altar” y “monumento”, que el artista vincula con los habitantes de los barrios urbanos -preferentemente humildes- en que los erige, convocando a los ciudadanos a tomar parte en los actos y diálogos que se celebran en estas instalaciones dedicadas a honrar a personalidades ejemplares para Hirschhorn, como Georges Bataille -a quien dedicó un monumento en la Documenta 11 de Kassel-, Raymond Carver -un altar en Zurich- o el filósofo Spinoza -con un memorial en Amsterdam-. Pero generalmente Hirschhorn presenta sus instalaciones bajo formatos sencillos, como la vitrina, elemento predominante en esta exposición de Madrid, el kiosko, como el que instaló en el Skulptur Proyecte de Mönster en 1997 y el festival, como el que acaba de dedicar de nuevo a Spinoza en Amsterdam.

Del carácter ético, social y no-político del arte de Hirschhorn da cumplida cuenta esta monográfica que le dedica La Casa Encendida, presentando cinco vitrinas, dos “escenarios” y una escultura, protagonizados todos ellos por maniquíes comerciales, que su autor llama Subjecters, considerando que “un maniquí es la forma que yo doy al Otro; representa la distancia más pequeña entre yo mismo y la imagen del Otro, y viene a ser otra forma de mí mismo”. La idea central de la muestra radica en el valor esencial que implica la proyección entre los hombres a través de los cuerpos, y en las dificultades o excrecencias duras que el discurso humano, social y político de la vida va produciendo en nuestra propia carne frente a ese necesario proceso de proyección, a cuyo través el hombre, como el arte, tiene su destino en la universalidad o trascendencia.