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Wilhelm Sasnal

CAC Málaga. Málaga. Hasta el 24 de enero de 2010
[José Marín Medina. El Cultural, 4 de diciembre de 2009]

WILHELM SASNAL, ICONOS DE LOS COTIDIANO

Una parte importante de los artistas jóvenes -nacidos en los años setenta y comienzos de los ochenta- que afrontan las urgencias innovadoras de la comunidad artística internacional, está trabajando sobre una cuestión tan peliaguda como la de cambiar el modelo o sistema de los géneros tradicionales: el modelo de pintura, el de escultura y el de arquitectura. Un cambio de sistema de este calado -que afecta a los principios estructurales de nuestras disciplinas visuales y espaciales “más clásicas”- no se puede producir de la mañana a la noche. Centrándonos en la pintura, todo ello contribuye a que las prácticas innovadoras de la estructura o modelo resulten apasionantes. Por una parte, porque responden a la necesidad de configurar la sensibilidad de la mirada actual que piden las imágenes de los sistemas visuales vigentes (la gráfica, la publicidad, el fotoperiodismo, el cine, el vídeo, la web…); y, por otra parte, porque el arte más crítico de los últimos diez años se produce íntimamente vinculado con las nuevas técnicas que provocan el imaginario del presente.

En este contexto, constituye un foco de vivo interés la exposición que el CAC de Málaga dedica al artista polaco Wilhelm Sasnal (Tarnów, 1972), cuya obra está representada por el galerista británico Charles Saatchi y, tras pasar por muchos de los más importantes centros europeos, se expone actualmente en el K21 de Dusseldorf. Sasnal es uno de los protagonistas más destacados de la nueva generación de pintores europeos que ahora se debaten entre la figuración escueta y la representación narrativa, pisando a veces los dominios de lo abstracto, y mostrando siempre en su iconografía una sorprendente capacidad de traslación. Esta capacidad consiste en recargar de plasticidad, expresividad y sorpresa a los iconos que utiliza, por medio de los sistemas que les aplica para hacerlos pasar a la “condición de lo pictórico” desde los dominios de los que él los toma prestados (que son los de la fotografía y las imágenes en movimiento). En el caso de Sasnal esos temas personales de tratamiento “pictórico” son variados, ocurrentes e intuitivos: así, le gusta hacer dialogar en el cuadro a una imagen fotográfica con elementos acusadamente gráficos (como en el óleo Untitled (Burning cartoons), 2002); suele aprovechar y resaltar elementos parciales o marginales de la imagen de partida, haciéndolos prevalecer sobre el conjunto del icono, que a veces llega a anularse; pero, otras veces, la visión total del motivo figurativo se salva por la vía de sugerencia, focalizando el pintor sólo unos pocos elementos parciales (como en Untitled (Need to kill this love), 2003); ocasionalmente “repinta” y convierte en pintura-pintura la imagen de un fotograma (como en el pequeño lienzo de su serie Cowboys, 2004); asimismo recarga de ironía un icono de la alta cultura combinándolo con otro del repertorio pop (como cuando “sienta” el bronce oscuro de la estatua clásica del Espinario sobre el impoluto plástico blanco de una moderna y banal banqueta de baño, en Untitled, 2007); en otras ocasiones sorprende al mostrar una exquisita e inesperada sensibilidad de pintor colorista (como cuando convierte en “pintura” una imagen fotográfica fidelísimamente reproducida y, eso sí, “iluminada” con suavidad, en el óleo A club, 2008); en fin, en ciertas obras recientes complica la sintaxis general de composición, efectuando oquedades y recortes en el soporte del cuadro.

Más allá de estas imágenes extrañas e intencionadamente ambiguas, y más allá de esta inagotable variedad personal de recursos, ¿de qué tratan la veintena de pinturas (realizadas en el último decenio) y la película que se proyecta en esta exposición (un documental de dicción muy dura sobre la vida diaria y los rituales sociales de los cowboys, titulado The Ranch, 2006)? En una declaración sobre la temática de su obra Sasnal afirma: “Pinto cuadros de cosas que no sé, que no es posible precisar con palabras. Los cuadros son como son, pero las asociaciones y las insinuaciones les dan un cierto aire enigmático”. Sin embargo, la verdad un poco menos imprecisa parece ser la de que Sasnal debe estar de acuerdo con el principio inicial de Wittgenstein de que “el mundo es la totalidad de los hechos, y no de las cosas” y de que el arte tiene el poder de representar esos hechos. En el caso de Sasnal, partiendo de las ambigöedades identitarias de la experiencia adolescente y buceando en las escenas fotográficas y cinematográficas de su Polonia natal y de nuestro común mundo contemporáneo.