Caixa Forum. Barcelona. Hasta el 11 de marzo de 2009.
[Anna María Guasch. ABC de las Artes, 17 de enero de 2009]
EL TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR
Con el título Un proyecto abierto al presente, la Colección «la Caixa» hacía balance en 2007 de los más de veinte años de coleccionar arte contemporáneo con un único y primordial objetivo: trazar una cartografía de las poéticas plurales a través de las que no sólo descubrir los distintos criterios estéticos del arte actual, sino conocer las estructuras del mundo en que vivimos.
Cuestión de décadas. No es lo mismo pensar y crear colección en los años ochenta, cuando el principal objetivo era formar un conjunto internacional en el que el arte español pudiera ser contrastado y contextualizado, que concebirla en el marco de la globalización, donde, junto a la promesa de un mundo interconectado y sin fronteras geográficas, socioculturales y económicas, nos encontramos con un sinfín de conflictos y «riesgos» como el desempleo, el deterioro ambiental y la desigualdad, que generan buenas dosis de malestar tanto en los países pobres como en los ricos. Un mundo que no deja indiferente a casi nadie, y menos a los artistas, que protagonizan renovadas formas de «insumisión» a través de una amplia gama de prácticas de un arte activista y alternativo. Esta es la tesis principal de Nimfa Bisbe en las tres entregas sucesivas de los fondos de la Colección «la Caixa» que desde octubre se pueden ir viendo en CaixaForum hasta marzo, con 21 artistas de diferentes generaciones y países que buscan «incidir en la función del arte como generador de pensamiento crítico en torno a nuestra cultura, en un momento en que está bajo la amenaza de ser neutralizado e instrumentalizado como un producto de consumo más de la sociedad del espectáculo».
En este sentido, una obra de un artista poco conocido, el albanés Adrian Paci, la vídeo-proyección Centro de permanencia temporal (2007), nos sitúa ante un escenario casi surreal y fantasmagórico: un grupo de viajeros suben las escalerillas de un avión, pero nunca llegan a entrar en el mismo: la emigración, la idea de desubicación, la identidad indecible y la repatriación dan cuerpo a esta obra cuyo título es el nombre utilizado por los italianos para referirse a los campos habilitados temporalmente para los inmigrantes ilegales que llegan a las costas de aquel país.
La mesa con maquetas, acompañada de una serie de dibujos de la serie Bienvenidos al Museo de Guantánamo (exhibida hace unos meses en el Centro de Arte Santa Mónica), de Alicia Framis, intenta, a partir de una reflexión sobre la creciente tendencia a la musealización del horror en campos de concentración o prisiones como la de Guantánamo, dar respuesta a cuestiones como la de qué puede el arte hacer frente a los motines y agitaciones que acucian a la sociedad global.
Desde la imaginación. La voluntad crítica de los artistas convocados no quiere renunciar a la imaginación, aunque lo hace sin ilusiones o sentimentalismos, tal y como se puede ver en otras piezas presentes como la de Jana Sterbak y su vídeo Defensa-mujer con perros (1995), un diálogo entre los ladridos de los canes y la voz de una soprano cantando un aria de Glück, que es una alegoría de la autoprotección del poder y la falta de comunicación con la sociedad; y la de Mona Hatoum, cuya instalación objetual Hogar móvil (2005-2007) evoca pérdida, éxodo y migración, reflejo a su vez de su propia condición de artista entre dos ciudades, la de origen -Beirut- y la de acogida -Londres.
Bajo la atmósfera de incertidumbre que genera la sociedad global habría que situar trabajos como el de Craigie Horsfield y su macrofotografía realizada en la calle Preciados, de Madrid, en enero de 2007, donde el individuo desafía con su presencia descomunal el anonimato de la multitud; el de Txomin Badiola y su vídeo-instalación SOS E3. Servidumbre de la vida y el carácter de las sombras (2001), con claras referencias a la identidad vasca, o la de Eija-Liisa Ahtila Servicio de consolación (1999). En todos los casos, una intervención artística que va más allá del puro registro informativo y que busca desafiar el supuesto carácter frágil y anacrónico que se le atribuye al arte a la hora de abordar las ansiedades políticas, sociales, culturales y éticas de nuestra época.
En ésta y en la próxima entregasde la muestra, nuevos creadores -entre ellos, Carlos Amorales, Marlene Dumas, Guillermo Kuitca, Steve McQueen, Bruce Nauman, Damián Ortega o Doris Salcedo- explorarán cómo los artistas responden a estas situaciones existenciales desde la creación de nuevas zonas de intimidad que desenmascaran a través del lenguaje aquello que erosiona y desgasta los procesos de democratización del mundo


