Marco. Vigo. Hasta el 24 de febrero de 2010
[María Peña Lombao. ABC de las Artes, 2 de enero de 2010]
EL MISMO PASEO DE TODOS LOS DÍAS
El título de esta exposición hace referencia a las coordenadas espaciales de un punto concreto que Jorge Barbi (Pontevedra, 1950) recorre todos los días. A vista de pájaro, la exposición acumula obras que remiten al mismo lugar: el proyecto es la repetición del método, la búsqueda constante de motivos con los que jugar en un entorno conocido. Como si existiera una manía por recurrir al terreno que rodea su hogar, la constante vital en la trayectoria de Barbi es su paseo y el modo en que subraya evidencias sobre el paso del tiempo o detalles llamativos del paisaje. Desde el punto de vista del fotógrafo y del recopilador de souvenirs, alcanza el punto de explorador y aventurero sin salir de su tierra; como si para capturar lugares desconocidos no fuese necesario alejarse del lugar de nacimiento o investigar nuevos parajes. No encontramos en ninguna obra expuesta la ansiedad de conocer o interpretar paisajes urbanos, selváticos o diferentes culturas.
Al documentar el trayecto memorizado desde niño como una oración matinal, nos preguntamos si los acontecimientos o las imágenes fotografiables dependen del contexto en el que no estamos de cuerpo presente. La aventura es calmada, como un grueso diario de fotografías. La retrospectiva de Jorge Barbi cuenta con obras siempre apoyadas en la observación de su entorno más inmediato. Convertido por unos meses en un prototipo de museo de ciencias naturales, en el Marco encontramos fotografías de la espuma del mar, de la arena levantada, un alambique partido en dos, recuerdos de trayectos masticados a pie. Desde hace veinticinco años, Barbi recorre diariamente el mismo paisaje de su infancia. La objetividad científica. De ahí provienen la mayor parte de sus obras: la proyección de imágenes de rocas erosionadas que remiten a nuestros ojos (Charcas, 2007-2008); la serie de fotografías del mismo escenario antes y después de unos años; objetos encontrados en el camino o ideas de futuras «instantáneas» elaboradas desde la observación placentera del paisaje. También apreciamos instalaciones que nos remiten a guiños de caminante meditativo que piensa desde dentro de la cámara de fotos, proporcionando una visión revestida de una cierta objetividad científica. Esperanza de vida animal consiste en una instalación esquemática que refleja la edad media de vida de los reptiles, las aves, ciertos mamíferos… A modo de jeroglíficos y cubriendo los muros del museo, la sala contiene sólo una línea temporal que recorre las paredes. Entre la ballena y la mosca, el hombre aparece representado en tres situaciones: «hambruna total» (32), «habitante de la zona subdesarrollada» (41) y en «condiciones favorables» (75). Esto último aparece representado por la silueta de un hombre apoyado en un palo de golf.
Primera retrospectiva dedicada a Jorge Barbi en su tierra natal, con el añadido de obras de nueva producción (Little Bang), otras expuestas por primera vez en Galicia (Solutio Perfecta), o abiertas en exclusiva a los ojos del público (Archivo de imágenes 1976-2009). Que nuestro criterio no se vea afectado por las primicias, las obras no son más relevantes o enriquecedoras sólo por venir de estreno a la fiesta. Una obra de 1995 consiste en un disco que lleva grabada la frase «Estoy perdido. No me retenga». La hoja de sala apoyada en la pared del espacio panóptico del museo recoge el siguiente texto: «Esta pieza es una copia. El original se encuentra a la deriva en el Atlántico Norte. El 25 de enero de 1995 fue arrojado al mar, desde un barco de pesca, 400 millas al norte de las Azores». fuera de su hábitat. De carácter sentimental o irónico, la obra resulta un cúmulo de datos innecesarios, como la obra misma. No resulta de crucial interés si es una copia, en qué lugar se esconde el original, que día fue lanzado al mar o si se encuentra a la deriva en un río. Tal vez sea la única pieza que no esté dentro de su hábitat. Barbi la ha dejado salir de Galicia. Quizás haya sido una idea de caminante, pero el disco ni se refiere a su reincidente paseo, ni remite al paisaje observado 9.125 veces (25 años x 365 días) en estas últimas décadas. Tal vez la exposición rezuma un aire de solapado escepticismo. Si salimos de nuestra casa o si nos quedamos en ella, cualquier trayectoria artística supone la creación continua de obras prescindibles. Tomemos el título de otra instalación adaptada al espacio del museo: Aquí tampoco se desvela ningún enigma. Con una cucharada de la misma medicina ¿entre desconsolada e irónica?, respondemos con un fragmento extraído de las notas personales de Kavafis: «Mi vida pasa entre fluctuaciones placenteras, y proyectos amorosos ¿a veces culminados? Mi obra va en mi pensamiento. Quizá sea lo correcto».


