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Presupuesto 6€: Prácticas artísticas y precariedad

Off Limits. Madrid, hasta el 21 de mayo de 2010
[Miguel Cereceda. ABC de las Artes, 9 de mayo de 2010]

POR UN PUÑADO DE EUROS

Ya lo decía Carmen Lomana: «La crisis, si no te afecta directamente, te afecta indirectamente». Ella manifestaba de forma abierta su solidaridad con los ricos, porque, como le decía a los de Comando Actualidad de TVE: «El pobre de siempre, que ha estado pidiendo y tal, ya está acostumbrado, pero lo peor es la pobreza de las personas que han tenido un trabajo, que viven bien y lo han perdido, que de repente se encuentra que les embargan la casa, que no tienen paro… ¡Hay unos dramas!».

Indiferentes. En el mundo del arte, las cosas son sólo parcialmente así. El artista que no vendía nada antes de la crisis sigue sin venderlo ahora y, por tanto, la crisis le resulta indiferente. Como ya está acostumbrado a su precaria situación, simplemente le toca aguantarse. Los que lo pasan mal, sin embargo, son los galeristas que tienen que mantener unos alquileres y unos sueldos, y se encuentran con que no hay ingresos porque el mercado del arte está muy parado. Pero claro, a ver quién -que no sea la Lomana- se atreve a compadecer al galerista, que todavía sigue siendo visto como una especie de vampiro que le saca la sangre y la plusvalía a los artistas y no como un verdadero promotor cultural, que genera riqueza y cultura con las obras de arte. Sin embargo, en el punto más alto del mercado, Christie´s subastaba esta semana un desnudo de Picasso por un precio estimado entre 70 y 90 millones de dólares, confirmando con ello la idea de que las grandes firmas consagradas se convierten, en tiempos de crisis, en valores refugio.

En el mundo del arte se da entonces lo que los sociólogos han dado en llamar «el efecto Mateo», según el cual, «a todo el que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mt 25, 30), tal como afirma la célebre enseñanza moral de la parábola evangélica de los talentos. Que ello suponga una apología del capitalismo a ultranza o una defensa de que cada uno tiene que saber desarrollar sus propios talentos naturales es cosa todavía disputada.

A vueltas con la parábola. Una especie de parábola irónica sobre la misma cuestión es lo que han propuesto Ana Carceller y Helena Cabello en el espacio cultural de Off Limits, dando a los artistas participantes seis euros para ver qué son capaces de hacer con ellos en tiempos de crisis. Poca cosa en realidad, porque, mientras un talento de plata, en el siglo I d. C. supondría actualmente una suma equivalente a los trescientos mil euros, seis euros ni siquiera pueden considerarse un microcrédito. Pero la idea, más que financiar proyectos artísticos, es más bien, como señalan las organizadoras, la de llamar la atención sobre las condiciones de precariedad en que la crisis económica sume a la mayor parte de los jóvenes artistas: «A pesar de que en gran parte de la sociedad permanece asentada la idea de que el arte y los artistas ocupan un espacio económicamente boyante, se trata de un contexto en el que los modos de hacer están cada vez más precarizados. La exposición se plantea como una propuesta abierta, desde la conciencia de que esa situación debe mejorar, así como de la necesidad de su denuncia, para poder pensar el presente».

Por eso las respuestas enviadas por los creadores que han aceptado estas miserables condiciones económicas son muy interesantes. Algunos producen con esta exigua cantidad una especie de milagro de los panes y los peces. Así, por ejemplo, Ben Roberts Eclectiktronik construye nada menos que un canal propio de televisión, con un considerable número de receptores, con el que critica abiertamente la pobreza ideológica y cultural en que nos ha sumido la supuesta mayor oferta televisiva de la televisión digital. ¿Que cómo lo ha hecho? Simplemente recogiendo de la basura los monitores y vídeos analógicos en perfecto funcionamiento que la gente está tirando últimamente.

Una de bravas. Otros pretenden cambiar el curso de la Historia del Arte, financiando con esa minucia un proyecto artístico rechazado en su momento a Isidoro Valcárcel Medina, posiblemente porque era muy barato, pues estaba tasado en mil pesetas. Así, con esos seis euros, el llamado Colectivo Forzoso consigue invitar al artista a tomarse un café en un restaurante económico de la calle Argumosa. La factura de la consumición es el resultado de la obra. Hay quienes hacen crecer esos seis euros en infinitas moneditas (al menos seiscientas) y construyen con ellas -como hace Ignacio Chávarri- una montaña como de inútiles residuos; quienes escriben con esas moneditas -como hace Ángela Cuadra- sentencias sobre las paredes o sobre el suelo, o quienes deciden financiar, en plan mecenas, a los otros artistas participantes en el evento. «La cúpula de Barceló, veinte millones de euros -dice en su vídeo Dos Jotas, parodiando el anuncio de una tarjeta de crédito-, pero pintar en la calle no tiene precio».

Proyectos delictivos. ¿Qué puede hacer un artista con seis euros? Si se trata de soñar, algunos acarician incluso proyectos delictivos. Así Daniela Ortiz presenta los planos de la tienda en la que trabaja, con información detallada de la ubicación de la caja fuerte, las alarmas de seguridad y los objetos de valor. Otros, sin ir tan lejos, como José Jurado, se limitan a exponer las copas mangadas en los cócteles de las inauguraciones de diversas galerías. Mikel Tellería, por su parte, consigue con seis euros seis carros de hipermercado y, como si por ese dinero se los hubiera comprado, los exhibe en la galería como una especie de trofeo. Y es que tiene razón Carmen Lomana: «si no te afecta directamente, te afecta indirectamente».