CGAC. Santiago de Compostela. Hasta el 21 de marzo de 2010
[David Barro. El Cultura, 22 de enero de 2010]
LA PARADOJA DEL DANDISMO
Decía el poeta y novelista Joachim Gasquet, conocido por sus interesantes conversaciones con Cézanne, que el mundo es un inmenso Narciso en el acto de pensarse a sí mismo. En ese sentido, Narciso es símbolo de una actitud introvertida y autocontemplativa. Pero es verdad que de la resonancia del mito de Narciso nacerá la desesperación y admiración frustrante de Eco, antes de que Narciso se ahogue en su propia imagen. Así, a modo de reverberación continua, surgirá años más tarde el concepto de dandi decimonónico y su deriva contemporánea, actitud que Sur le dandysme Aujourd’hui trata de reflejar en otras iconografías que aparecen bien ilustradas ya desde el subtítulo de la muestra: Del maniquí en el escaparate a la estrella mediática.
La exposición, que nace en el hall del CGAC a modo de prólogo, comienza con una guillotina del artista italiano Piero Golia en claro alegato a la revolución francesa, un juego de té de Cindy Sherman y un neón de Tracey Emin que publicita lo privado. Del antiguo régimen se pasa así a esa metáfora de la profusión de imágenes publicitarias que domina el mundo contemporáneo hasta convertirse, como ha insistido Jean Baudrillard, en una actitud puramente iconoclasta, donde fabricamos una imagen sobre otra en una suerte de horror vacui. Pero aquí, más que destrucción por miedo a la veneración vemos lo contrario, un continuo legado de representaciones narcisistas que parten de la construcción del canon de la figura griega y su potencial andrógino hasta la construcción de una iconografía que nos señala que actualmente los temas propios de la literatura del dandismo siguen vivos.
Tipos de dandismo
Tras este prólogo, las obras se distribuyen siguiendo tres tipos de dandismo a partir de George Bryan Brummell, Oscar Wilde y Charles Baudelaire. En el primero, la irrealidad de los cambios de uso de las cosas y esa tendencia a la eliminación de su personalidad en la figura del dandi, nos lleva directamente al ready-made y a la apropiación que define claramente el hacer de muchos artistas contemporáneos. De Duchamp, Ignasi Aballí, Juan Luis Moraza o Suso Fandiño se pasa a la presentación del artista contemporáneo como reclamo publicitario. Así, enfatizando el carácter continuista del dandismo y buscando evidenciar esa falta de rupturas de un concepto que se construye en una suerte de efecto dominó, nos vemos inmersos en el dandismo wildeano, donde el narcisismo se expande por el mundo de las estrellas mediáticas y en el brillo que se potencia al extremo en obras como las de Meredyth Sparks. Finalmente, en el primer piso del CGAC, el universo de Baudelaire se lleva al propio montaje de la primera de las salas, que se convierte en un guiño al mundo de los salones decimonónicos y un recuerdo constante de artistas como Manet, homenajeado en varias obras.
En la exposición, bien resuelta y documentada, se incluyen una serie de textos que proceden de la literatura del dandismo. Una de esas citas nos recuerda cómo para Baudelaire es el último destello de heroísmo en las decadencias, recordándonos que aparece sobre todo en las épocas transitorias en las que la democracia no es todopoderosa. Y es verdad que en nuestra época parece que la figura del héroe está completamente disponible. De ahí que también abunde el autorretrato, esa esencia narcisista de la pura mirada que aquí se canaliza para el universo de un dandi que, como señala Estrella de Diego en el catálogo, es alguien que tiene mucho por delante y a quien le preocupa poco cómo usarlo. Al final, entre tanto disfraz, nos vemos incapaces de definir qué es el dandismo, esa figura que Barbey d’Aurevilly definió como el andrógino de la historia y que se resuelve desde un mundo de contrarios, desde la paradoja.


