Galería Esti-Arte. Madrid. Hasta el 25 de mayo de 2010
[Víctor Zarza. ABC de las Artes, 9 de mayo de 2010]
INSTANTÁNEAS DE LA MEMORIA EXISTENCIAL
Comenzaré diciendo que el conjunto de la obra de Susana Solano (Barcelona, 1946), me parece de lo más interesante que ha surgido en el panorama artístico español durante las tres últimas décadas. Una opinión, por lo demás, ampliamente compartida -y, por esa misma razón, nada original- que hay que cifrar no sólo en la calidad de sus trabajos, sino en cómo se ha ido desarrollando la trayectoria de la artista a lo largo de estos años. Su aparición en los ochenta coincidió con un momento que estaba siendo crucial para la (necesaria) renovación del concepto de lo escultórico en este país, proceso dentro del cual ya entonces se supo advertir cuán decisiva era su aportación, incluso fuera de nuestras fronteras: recordemos su temprana participación en algunos de los principales eventos de rango internacional, como la Documenta, la Bienal de Venecia o la memorable edición del Skulptur Projekte del año 1987.
Sin embargo, en lugar de mantenerse cómodamente en la realización de un tipo de piezas cuyo aspecto se asociaba de inmediato a su autoría y que la singularizaban, por tanto, con la misma inmediatez (una cualidad muy estimada, según la estricta lógica del mercado), Solano ha seguido sorprendiéndonos por la evolución y el enriquecimiento de sus planteamientos, en consonancia con aquellos problemas que determinan los presupuestos de una escultura contemporánea que ha visto desbordar sus tradicionales límites en todos los órdenes, y también por la diversidad de medios en los que se ha desenvuelto.
Coherencia íntima. Su manera de incorporar nuevos materiales o soportes (que siempre maneja con elocuente naturalidad, sin estridencias, ni efectismos; sin concesiones tampoco a los discursos que puedan estar en boga en cada momento), constituye la prueba fehaciente de la íntima coherencia que recorre la totalidad de su producción, como hubo ocasión de comprobar, de forma explícita, en la exposición celebrada en la Fundación ICO (Proyectos, 2007), la cual nos permitió ser testigos -privilegiados, diría yo, dada la relevancia de la documentación incluida en ella- de algunas de las claves conceptuales de su trabajo.
Aún conociendo el interés por la fotografía que Susana Solano ha manifestado desde hace años, la colección de instantáneas que ahora se presenta en esta galería madrileña podría parecernos, en principio y sin más consideraciones, una de esas muestras que se justifican antes por un nombre que por la calidad real o pertinencia de su contenido; como sabemos, el comprensible y, hasta cierto punto, legítimo interés por parte del público hacia todas las facetas de un artista de su predilección está sirviendo de coartada para perpetrar indiscriminadas operaciones de fetichismo autoral expositivo, que siempre actúan en detrimento del prestigio de aquél. Afortunadamente, este no es el caso de la exposición que motiva estas líneas.
Ya en los noventa, la fotografía empezó a hacer su aparición en la obra de Solano, una veces formando parte consustancial de sus piezas (por ejemplo en Quinze, de 1992, o más adelante en Varanasi III, de 2000) y, otras, estableciendo un diálogo con aquéllas de modo, si acaso, más tangencial, aunque no menos intencionado. Asimismo, la artista se ha servido de la facultad representativa de este soporte con voluntad crítica (Caminos cruzados, 1998). En otras ocasiones, cuando ha utilizado estructuras seriales en algunos de sus trabajos fotográficos -donde registra la secuencia de una acción, propia (como sujeto que mueve la cámara) o realizada ante el objetivo- vuelve a remitirnos a su interés por la dimensión espacial, en estos casos ligada también a lo temporal.
Con otra densidad. Lugares (título bien significativo), constituye por su parte una propuesta distinta en la que espacio y tiempo siguen estando presentes, pero ahora implícitamente y con otra densidad. Manteniéndose dentro de los términos que le proporciona la fotografía, las magníficas instantáneas que componen esta exposición son el testimonio de lo visto y vivido (encontrado) por Solano en sus viajes por distintos puntos del planeta y, en tal sentido, cabe contemplarlas como documentos que trascienden lo meramente antropológico y se inscriben en el territorio de la reflexión existencial. Una reflexión para la que la artista nos propone un montaje dialéctico sutil, articulado en grupos de imágenes entre las cuales se adivinan ciertas analogías subyacentes, sugiriendo con ello que sean la perspicacia y sensibilidad visuales -y, por qué no, emocionales- las que guíen al intelecto.
Grabados de Susana Solano
Plaça del Joc de la Pilota I a IV
Pa, pe, pi, po, pu I a IV
Lucy I a VIII
Alfabeto I a IV
Crónica I a IV
Nura I y II
Melusa I a VIII
Meditaciones (Serie Malpaís)


