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De mar en mar. The Sea Works of Tacita Dean

Fundación Botín. Santander. Hasta el 12 de enero de 2014
[Ángela Molina. El País, 7 de diciembre de 2013]

FUNDAMENTO Y FANATISMO

LA EXPOSICIÓN DE TACITA DEAN en Santander es compacta y admirable, el exponente de un trabajo frágil y contingente que exige del espectador la renuncia a la ojeada libre para fijarse en la claridad de lo ordinario y lo desapercibido, de las formas concretas de objetos que van perdiendo los últimos vestigios de sí mismos antes de su desaparición. Dean viene de la tradición de la mejor pintura de paisajes inglesa y, aunque su técnica no sea el lienzo, pinta efectivamente cuadros. Como los impresionistas, lo hace con el filtro de la ficción técnica para transmitir la frescura óptica de la naturaleza más indómita. En su caso, el medio —el cine en 16 milímetros, la fotografía analógica y el dibujo con tiza sobre un encerado— es fundamento y fanatismo.

The Roaring Forties: Seven Boards in Seven Days (1997), de Tacita Dean.
Afincada en Berlín desde 2000, la trayectoria de Tacita Dean (Canterbury, 1965) ha sido más bien silenciosa, la de una archivera que ordena escrupulosamente pequeñas historias perdidas o marginales, pero también la de una detective que investiga un suceso sin un plan fijo ni un destino concreto, a través de imágenes y textos fácticos o ficticios que rinden culto a la nostalgia.

La obra ahora reunida en la Fundación Botín abarca 14 años (1994-2008) y muestra su particular visión del mundo concentrada en mares y océanos. Su táctica comienza por rastrear un acontecimiento, como en la película Girl Stowaway, realizada a partir de la fotografía de una joven polizón llamada Jean Jeinnie, quien en 1928 se escondió en el barco Herzogin Cecilie en travesía desde Australia a Inglaterra. La nave naufragó y años más tarde fue remolcada a la costa sur de Devon donde finalmente se partió en dos. Dean construye una narración en la que se entretejen una serie de coincidencias, con alusiones a Jean Genet, David Bowie o al caso del asesinato de una niña perpetrado el mismo día que la artista rueda su filme. El “texto” final permite al espectador pensar e imaginar infinitamente, sin jerarquías.

Otras películas tratan sobre Cómo meter un barco en una botella (1995) o de la desaparición de un hombre de negocios arruinado llamado Donald Crowhurst, quien en 1968 competía por ser el primero en dar la vuelta al mundo en solitario y sin escalas, un acontecimiento que la artista relata en tres cortometrajes (1996-1999) y una serie fotográfica que documenta el estado final del trimarán, varado en las costas de una isla lejana en el Caribe como si fuera el esqueleto de una criatura extinguida. Dean deja que el archivo de sucesos e imágenes se vaya ampliando hasta que las casualidades la llevan a encontrar en la misma isla la llamada Casa Burbuja, una vivienda construida para resistir los huracanes, con su forma de huevo y sus ventanas en cinemascope ante el mar. Su estado ruinoso la convierte en vestigio de otra era, el símbolo de la visión futurista fracasada.
Los Storyboards son series de dibujos hechos con tiza sobre grandes pizarras, y representan escenas de marineros en alta mar en su lucha contra el implacable oleaje. En estructura e intensidad, estos dibujos son como un extraño eco excavado en las paredes de la prehistoria: implacables, uterinos.