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Enrique Marty. Alguien, creyendo que hacía algo bueno, liberó a las serpientes

Museo Patio Herreriano. Valladolid. Hasta el 20 de mayo de 2016
[Noemí Méndez. ABC Cultural, 28 de noviembre de 2015]

ENRIQUE MARTY: ADORADO DETRITUS

Como si llegásemos a la tumba del primer emperador Qin y nos encontrásemos con su impresionante ejército de terracota, en perfecta alineación y con mucha intensidad, nos recibe la instalación de Enrique Marty (Salamanca, 1969) en la Capilla del Patio Herreriano. Marty abre la caja de Pandora liberando quinientas almas, los quinientos «ídolos caídos» que, desorientados, esperan allí. El artista reflexiona sobre la descontextualización y eliminación del significado ideológico de los elementos honrados por diferentes culturas, y cómo el sentido y el poder otorgados a estos, una vez caídos de su relativo pedestal, pierden su estatus, pasando incluso a ser algo ridículo o esperpéntico.

¿Qué piensas tú?
Marty, que se confiesa visitador compulsivo de museos, usa para la factura de las piezas las imágenes tomadas en sus visitas. Estas, no siempre definidas ni de calidad, se reproducen con la impronta y bizarría de surgir del detritus de su estudio, añadida a la frescura y lucidez de ser generadas junto con colaboradores que, en ocasiones, nada tienen que ver con el arte. El proceso es claro: viendo esa imagen del «original» durante unos instantes, intentan captar la esencia de lo que podría ser la más rápida traducción de lo que transmiten esas obras cuando son vistas sin ningún tipo de filtro o información que condicione su interpretación.

Esta serie, Fall of the Idols, es la continuación del trabajo comenzado por Marty entre 2011 y 2013, unas doscientas piezas a las que se han sumado otras trescientas. Mediante la recreación de un clásico deambulatorio eclesiástico, que obliga al espectador a adentrarse, peregrinar y acercarse, el artista nos concede el espacio, casi introspectivo, necesario para captar la esencia más filosófica de su instalación. Y es que Alguien, creyendo que hacía algo bueno… es un proyecto nietzscheano, y, como en un rizo de locura añadido, «idealizando» al propio filósofo, se recrean las calles de Turín donde vivió sus últimos años antes de perder la cordura por medio de precarias y decadentes casas de cartón que reproducen las de la ciudad.

Tal y como el filósofo afirmaba, la cultura occidental está viciada desde su origen por cometer el error más peligroso: instaurar la racionalidad a toda costa e inventar tres mundos, síntoma de su decadencia: la razón, la moral y la religión; Marty critica con sobrado humor e inteligencia la cultura de hoy, desde la de «consumo rápido», hasta la de los más respetados por siglos, llevando al extremo cada peculiaridad de la instalación para que nos cuestionemos el rumbo de nuestras creencias y los principios que rigen nuestra lógica. Atentos a cada detalle porque, cada pieza esconde todo un hallazgo cargado de múltiples significados. Sólo queda dar la enhorabuena al centro y al artista por el éxito rotundo de esta instalación.