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Maider López. Desplazamiento

Koldo Michelena. San Sebastián. Hasta el 6 de febrero de 2016
[Ramón Esparza. El Cultural, 27 de noviembre de 2015]

MAIDER LÓPEZ, LA SUBVERSIÓN DE LO COTIDIANO

Para acceder a mi casa tengo que abrir un par de puertas lo cual hace que, de vez en cuando, la luz de la escalera se apague mientras cierro una y avanzo hacia la segunda, dejándome a oscuras. Es un pequeño contratiempo, pero como tengo una idea clara de cómo es el pasillo, avanzo hasta tantear la segunda puerta, busco la cerradura a tientas y, con un poco de suerte, logro meter la llave y abrir. ¿Qué ocurriría si un buen día, sin avisar, alguien desplazara la puerta de entrada medio metro a la derecha? La respuesta es tan clara como simple la pregunta. Mis recuerdos servirían de muy poco y me encontraría a oscuras, sin poder encontrar la dichosa puerta (no digamos ya la cerradura) y con un cabreo de narices.

Pues bien, Maider López (San Sebastián, 1975) ha movido el edificio entero. No de una forma literal, sino construyendo un duplicado de los muros de la sala (aunque con sólo cincuenta centímetros de altura) desplazado de los originales. Metro cuarenta frontalmente y un metro y noventa centímetros hacia la derecha. Esto hace que transitar por la sala suponga sortear un obstáculo que es el duplicado de los propios muros y que el visitante genere en su mente un «espacio percibido» totalmente nuevo, en el que los trayectos habituales (lo que podríamos llamar geografía sensible) no son posibles.

Desplazamiento, así se titula la pieza, es la intervención sitespecific que López ha diseñado para la exposición retrospectiva, en coproducción con el Marco de Vigo, a la que aquella da título y que recoge su producción en los últimos diez años. Una trayectoria que se resume en una serie de intervenciones, transmutaciones de códigos o creación de situaciones, entre lo cómico y lo absurdo, que dan una perspectiva diferente a hechos y objetos de nuestra vida cotidiana. López es, en cierto sentido, una deconstructora de lo cotidiano. Alguien que, como en la filosofía de Derrida, se plantea demostrar que lo que parece evidente no lo es y que nuestra idea del mundo no es sino el resultado de una continua reelaboración de metáforas y significados. Basta una pequeña intervención, un desplazamiento de cualquiera de esos elementos para que el aparataje cultural y convencional quede al descubierto.

Dos de las piezas incluidas en la exposición dan buena muestra de ello: Ataskoa (2005) y Polder Cup (2010). En la primera de ellas, López traslada un fenómeno cotidiano, penosamente cotidiano, en el entorno urbanita al campo. Los atascos en Alcalá-Gran Vía, o en cualquiera de las «M» (30, 40, 50, mi condición provinciana me impide saber si hay más) no asombran a nadie. Pero, ¿en Inza, provincia de Navarra? Hagan la prueba, busquen en Google maps dónde está Inza (les doy pistas: bajando el puerto de Azpíroz, en el borde con Guipúzcoa). Allí apenas hay dos docenas de casas desperdigadas por la ladera, sin llegar a formar eso que llaman un «núcleo urbano». Organizar un buen atasco allí supuso una tarea ardua de convencimiento (a amigos) y poder de convocatoria. Pero la foto que registra la intervención nos muestra la estrecha carretera llena a rebosar. ¿Será que alguien, un alguien desconocido e inalcanzable, ejerce cada día un poder de convocatoria similar en nuestras ciudades? Y ¿por qué participamos todos en fenómenos parecidos a diario?

Realizada como proyecto para el Witte de With en Rotterdam, Polder Cup es una intervención consistente en una competición futbolística que tendría lugar en una serie de campos de fútbol marcados en la zona de los polder, los terrenos ganados al mar en Holanda. Cada una de las canchas estaba cruzada por uno o varios canales, lo cual obligaba a los equipos a diseñar sobre la marcha estrategias de juego fuera de lo habitual y a la organización a disponer de una serie de «equipos de rescate» de los balones que caían al agua. Una vez más, un acto cotidiano, como pasar una jornada en el campo o jugar un campeonato de fútbol amateur se convierte en una invitación a la reflexión sobre el papel de las normas y convenciones sociales, y un nuevo deporte donde tirar la pelota al agua o intentar saltar el canal es un elemento de diversión añadido.

Hay en la exposición planteamientos conceptuales más «clásicos», por decirlo de algún modo. De forma subrepticia, una larga serie de imágenes en pequeño formato recorre una de las paredes de la sala. La falta de foco en algunas, lo anodino del tema de otras, hacen que se les preste poca atención. La cartela indicativa está en uno de los extremos, así que uno se da de bruces con la serie ya mediada y tiene que desempeñar el trabajo de identificar su lógica. Crossing, desarrollada en Rotterdam en 2006, hace una singular interpretación de la técnica de la instantánea fotográfica. El famoso «momento decisivo» que en la serie no es otro que aquel en el que una persona atraviesa un punto en el que el color de su ropa coincide con el del elemento urbano situado tras él.

La exposición se completa con el proyecto diseñado para Donostia 2016, Fuentes, que se instalará en la playa de Ondarreta como parte del programa de actividades de la capitalidad cultural europea.