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Narciso Méndez Bringa. El espectáclo de la ilustración

Museo ABC. Madrid. Hasta el 3 de mayo de 2015
[Óscar Alonso Molina. ABC Cultural, 28 de marzo de 2015]

NARCISO MÉNDEZ BRINGA: LA ILUSTRACIÓN DE TODA LA VIDA

El Museo ABC tiene como una de sus funciones la conservación y puesta en valor de sus ingentes fondos: alrededor de 200.000 piezas. Cifra casi inmanejable que ha de entenderse desde el carácter particular que configura el grueso del conjunto, dibujos e ilustraciones relacionadas con la publicación del propio periódico y los distintos suplementos editados a lo largo de su Historia.

«Flor de ilusión». Ilustración del 29 de enero de 1933
De ese legado, 3.500 originales aparecen firmados por Narciso Méndez Bringa (1866-1933), uno de los ilustradores más portentosos que ha dado nuestro país. Doscientos son expuestos ahora bajo el criterio de Víctor Zarza, quien ha organizado la muestra en torno a cuatro apartados: el estilo de Bringa; su faceta como cronista; pero también como polifacético ilustrador de otros ambientes o épocas; y, por último, la atención especial que dedicó a la mujer.
Tirando del hilo que proporciona este último apartado, el espectador alcanzará a comprender los logros y las limitaciones de este artista, quien asistió a los cambios y revoluciones sociales, políticas y estéticas de un mundo en acelerada trasformación, ofreciendo como respuesta tanta sensibilidad y pericia técnica como resistencia a su completa representación. Bringa atisba destellos de un mundo donde la mujer asume nuevos roles, o donde las relaciones sociales se transforman al ritmo de las modas, narrándolo bajo la óptica de un miniaturista que se niega a revelarnos su opinión.
En efecto, la posición de Bringa frente a los contenidos y las formas queda muy delimitada por su propia sujeción y los medios en que publica. El resultado es singular: inmerso en un costumbrismo por momentos pintoresquista, hay fogonazos en los encuadres y la técnica casi foto-realista que lo alejan de registros decimonónicos. Así, resulta más conservador que cualquier seguidor de la modernidad, pero, al tiempo, es más avanzado que un simple ilustrador magníficamente dotado.
El influjo del cine
Refractario a los avances que la vanguardia ofrecía a la profesión, sus ilustraciones reflejan no obstante de manera casi indirecta cómo la modernidad se abría paso en nuestro país. El cambio de paradigma visual y representacional que imponen la fotografía y el cinematógrafo es algo que sutilmente está impreso en muchos de sus dibujos, cuyas viñetas adoptan el modelo secuencial o el corte de sus límites perimetrales como si de un encuadre se tratase.
Algo, además, reforzado por la particular posición que ocupa la imagen-ilustración en las páginas del diario o la revista. Los condicionantes de claridad del mensaje visual y de la composición de las cajas de texto mantienen una batalla muy entretenida de seguir en la exposición viendo los originales.
Pero donde queda todo reflejado con claridad, al estilo del pintor de la vida moderna de Baudelaire, es en los ecos del creciente dinamismo que ofrece la vida metropolitana, con sus deportes, sus intrigas y prisas, los inéditos medios de transporte, los tipos a la moda e, imprimiéndole soterradamente cierto nervio a todo, las tensiones sociales de toda la vida.