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Eva Lootz. Cut Throug the Fog

CGAC. Saitago de Compostela. Hasta el 29 de enero de 2017
[María Marco. El Cultural, 16 de diciembre de 2016]

EVA LOOTZ, TORMENTA DE ARENA

Lejos de ser una retrospectiva, la última exposición de Eva Lootz (Viena, 1940), Cut Through the Fog, se presenta como un modelo híbrido, reactivadora de piezas desconocidas, que no se habían expuesto desde los años 70, junto a otras realizadas ex professo, como el proyecto de investigación multidisciplinar y colaborativo sobre la explotación de wolframio en Galicia para el Tercer Reich. Este modelo ha sido sólo uno de los aciertos de la propuesta de la comisaria, Alicia Murría, quien no pretende reiterar lo ya mostrado sino descubrir lo que ha permanecido oculto. Un planteamiento en sintonía con la poética de Lootz que se declina conscientemente para subvertir el canon, y un acierto también para la programación de un centro como el CGAC que se afianza en la atalaya que le es propia: la de la revisión historiográfica.

Cut Through the Fog, un título que poco tiene que ver con la niebla (expresa el acto de “frotarse los ojos”), quizá tenga su punto de inflexión en A Farewell to Isaac Newton, una instalación de 1994 (el mismo año en que a Lootz le otorgan el premio Nacional de Artes Plásticas) que únicamente se exhibió en la South London Gallery de Londres y que podemos disfrutar como primicia ahora en el museo. Lootz despide a Newton transitando por una pasarela en altura, contemplando un paisaje níveo, cubierto de un blanco y resplandeciente polvo en el que únicamente descansan ciertos elementos varados como supervivientes de un naufragio. La instalación representa el fin de los relatos hegemónicos, de aquellos discursos que hoy sabemos falsos, pero que la historia y la ciencia nos impusieron como única verdad.

Lootz se impone con fuerza como una de las artistas clave del postconceptual español. Vinculada a Adolfo Schlosser, Juan Navarro Baldeweg o el filósofo Patricio Bulnes, con los que funda la revista Humo en 1977 (donde comienza su preocupación por el lenguaje en clave postestructuralista) comparte con ellos, además, el interés por los aspectos procesuales, conceptuales y matéricos de la escultura. Así sucede en el CGAC, un universo sincrético que se destila con altas dosis de metalurgia, física, semiótica, feminismo, química y pensamiento crítico en obras que rechazan el discurso personalista para modelarse a la suerte de fenómenos físicos universales.

Manos, 1975
Así ocurre en Tétrada (1991-2016) o Montaña (1986-2016) compuestas por estructuras de madera, arena de sílice y pequeños agujeros; o Canon Inverso (1986) donde el carbón vegetal reproduce el dibujo de la Osa Mayor. La materia cae dejando que la gravedad modele la forma. Son sus famosas “formas sin manos”, instalaciones en la que la escultura se funde con la danza infinita de los derviches giradores, esos sacerdotes turcos que giran incansablemente sobre sí mismos alcanzando, dicen, el éxtasis místico.

Su lenguaje, sobre todo el de los años 70, se articula a través de objetos cotidianos donde el proceso de los materiales (derramar, secar, solidificar) da paso a vulvas peludas, lenguas, manos, zapatos o agujeros infinitos por los que perderse. Más adelante, Lootz comienza a preocuparse por la visualidad, tanto por el proceso físico como por la metáfora de conciencia política y social. A partir de ahí se adentra en nieblas creadas para poder ver exquisitos ríos transmutados en mármol o desagües gigantes más allá de la escala humana como Gran Torbellino (2016), una videoinstalación producida para el museo donde un gran torbellino de agua gira incesantemente enfrentándonos con la inercia de una gran fuerza.

Deshacer el nudo de Eva Lootz supone ser consciente de la gran implicación política y ecológica de sus trabajos, denunciando la mercantilización de las materias (como el wolframio, el mercurio o el agua) e insistiendo en la necesidad de descubrir una nueva forma de mirar más allá de las leyes universales.