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Álvaro Negro. Y

CGAC. Santiago de Compostela. Hasta el 4 de febrero de 2018
[Chus Martínez. El País, 18 denoviembre de 2017]

MELÓDICAMENTE FUGAZ

Productor de una obra de procesos lentos, de poéticas que fusionan pintura y tiempo, Álvaro Negro (Lalín, Pontevedra, 1973) presenta su primera individual en el CGAC tras una larga y reflexiva trayectoria dedicada a investigar lo pictórico y sus derivas. Durante más de 20 años, persigue un estado de cuestionamiento creativo desde el ser y pensar la pintura, pulsando los límites espaciales y temporales, ensayando también diferentes medios comunicantes, desde el vídeo, la fotografía o la instalación. Sus ojos colmados de lecturas e imágenes pegadas a la historia del arte, y su mirada, tremendamente exigente, se traducen en las salas a través de un montaje repensado un diálogo de doble dirección con la arquitectura de Siza, articulado desde la construcción de preguntas sobre luces y puntos de fuga, deslizando los muros y disponiendo movimientos celebrados como la apertura del emblemático Doble Espacio para disponer la instalación audiovisual multicanal Monteagudo. Natureza! Estás soa? (2009-2011) y activar un territorio que apela a los sentidos, como un ejercicio de intuiciones ópticas y físicas que fluctúan en la fórmula de las nuevas direcciones del lenguaje visual. Estas y otras conexiones con el edificio llevan implícitas la relación simbólica con un lugar que ha sido fundamental para los artistas de su generación.

El conjunto seleccionado evita una retrospectiva en sentido estricto y apuesta por una serie de obras que se justifican en la adaptación al elemento construido, síntesis de cruces poéticos y estructurales que tan bien explican trabajos como Item perspectiva, Cadro tumba y las series Penumbroso y Columna. Son obras que atienden primero a la mirada, para fragmentarse, concatenarse, desvanecerse y encaren narse sumando pasos; después se desenvuelven en técnicas de acumulación, también de depuración, desde la abstracción hasta la figuración, de lenguajes dibujados, fotografiados, filmados que insisten en un ritmo, en la conquista de un momento, de un tiempo actual, melódicamente torpe y fugaz.
La autonomía que ostentan las piezas de cada una de sus etapas conforma una cierta armonía, genera un único relato de conflictos desmadejados y exterioriza ascensos y caídas, como en sus trabajos recientes, en acciones lentas y casi silenciosas que coexisten desde lo complejo y lo esencial; en este caso, entre el artista y su pintura.