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Anglada-Camarasa (1871-1959)

CaixaFórum. Sevilla. Hasta el 20 de agosto de 2017
[Iván de la Torre Amerighi. ABC Cultural, 1 de abril de 2017]

UNA OLA CROMÁTICA PARA CAIXAFÓRUM-SEVILLA

En el extremo del Edificio Pódium y a la sombra de la Torre Sevilla, ambos diseñados conjuntamente por César Pelli, otro arquitecto, Vázquez Consuegra, ha ideado una marquesina-lucernario, una suerte de ola plateada que rompe en las riberas del Guadalquivir y que se presenta como hito y antesala para un nuevo espacio, CaixaFórumSevilla, que pretende transformarse en eje de animación y difusión cultural, social y científica en el nuevo centro de expansión de ocio de la ciudad.

«El saludo de la actriz» (1898-1900), óleo sobre tabla
La primera propuesta, la retrospectiva Anglada-Camarasa 1871-1959, comisariada por Francesc Fontbona, ofrece, a partir de una selección de más de noventa obras de los fondos propios de la Fundación con algún aporte externo –caso del magnífico lienzo Vendedor de gallos (1904) del Museo de Bellas Artes de Asturias–, la posibilidad de establecer un recorrido por la trayectoria vital y creativa del barcelonés, desde unos inicios apegados a la tradición, la formación con Modesto Urgell, su encuentro con los posimpresionismos y los modernismos en el París de las incipientes vanguardias, su éxito internacional, la demanda de sus retratos por parte de la alta sociedad – ejemplar el retrato Adelina del Carril de Güiraldes (1920-1922)– y su posterior exilio interior mallorquín, desde el cual ahondaría en investigaciones formales y cromáticas en torno al paisaje.

Lenguaje singular
Artista singular, Hermenegildo Anglada-Camarasa (Barcelona, 1871-Pollensa, 1959) supo crear un lenguaje reconocible sintetizando distintos aportes de época, al tiempo que fijaba unos objetivos de investigación que giraron en torno a las posibilidades constructivas del color y a la anulación consciente de la ficción espacial. En el primer caso, resulta significativa su capacidad para amalgamar conceptos noucentistas y de excepcionalidad mediterraneísta con cierto simbolismo expresivo, que le acercarían al lenguaje de Klimt, con quien compartió el Gran Premio de Roma en 1911, algo que se hace patente en la inquietante Sibila (1913). En el segundo ámbito, Anglada muestra un verdadero interés por la pintura como construcción, por acumulación, yuxtaposición y superposición de efectos lumínicos y cromáticos no descriptivos, como en El ídolo (1910) o en Novia valenciana (1911).
Finalmente, significativos resultan tanto la selección de litografías, muchas de ellas exhibidas por primera vez tras su descubrimiento en la colección de los herederos de Albert de Belleroche, en Brighton, y hoy ya en los fondos de la Biblioteca de Cataluña, cuanto el conjunto de textiles e indumentarias de su colección personal, entre las que destacan los mantones de Manila y un traje de luces. Anglada, catalán, enormemente enamorado de lo español como esencia de un ser especial, se alejó de tópicos folcloristas pero sin renunciar al folclore, senda que a la postre le valdría el reconocimiento internacional.

Inicia su andadura Caixa-Fórum-Sevilla con la muestra comentada y con otra, ¡Mírame! Retratos y otras ficciones en la colección La Caixa, también recomendable, que se enriquece con un ciclo de conferencias de escritores contemporáneos ( Fernando Delgado, Álvaro Pombo, Nativel Preciado y Marta Sanz) sobre otros tantos creadores (Esther Ferrer, Navarro Baldeweg, Gillian Wearing y Cindy Sherman) de la colectiva. Desembarca con fuerza la Obra Social «la Caixa» y, al tiempo que se reconoce el esfuerzo, cabe exigir que la capital andaluza no sea una escala más de una oferta itinerante; que, con el tiempo, atienda a la idiosincrasia específica y proteica del solar donde se asienta.