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Apuntes para una psiquiatría destructiva

Sala de Arte Joven. Madrid. Hasta el 21 de mayo de 2017
[Elena Vozmediano. El Cultural, 7 de abril de 2017]

DELIRIOS CREATIVOS

Aquí hay tema. Demasiado. Alfredo Aracil lleva años investigando sobre las producciones culturales vinculadas a la reforma psiquiátrica que toma fuerza, con tintes políticos, en las postrimerías del franquismo y mantiene su vigencia hoy. Sobre ellas alimenta un archivo multiforme, avanza en su tesis doctoral y prepara un libro. Apuntes para una psiquiatría destructiva es un mínimo aperitivo de la gran revisión expositiva aún por hacer.

A pesar de que ya no es requisito, el hecho de que la muestra tenga como sede la Sala de Arte Joven -quizá también la juventud del comisario- ha inclinado, con lógica, la selección de artistas hacia los de poco recorrido. Para que se hagan idea, tres de ellos fueron seleccionados el año pasado en Intransit. Y, bien, es grato comprobar que los jóvenes artistas se interesan por asuntos de calado, a pesar de que a algunos les falte fondo. Cada uno de ellos aborda un supuesto trastorno, médico (Ferreira, Garrido) o social (Anguita, Bauchwitz), un protocolo clínico (Iglesias), un comportamiento asociado al internamiento (Golas) o incluso un hito en la antipsiquiatría (Ferrete, que devuelve la voz a Francesc Tosquelles), con un enfoque general que esquiva los tópicos románticos sobre el arte y la locura y que, si bien incorpora al colectivo “mixto” La Rara Troupe, deja de lado la producción de enfermos mentales o artistas marginales (esferas distintas que en ocasiones se tocan), tan en boga en los últimos años: piensen, por ejemplo, en las varias exposiciones que les ha dedicado el Museo Reina Sofía (Martín Ramírez, James Castle, Judith Scott), el protagonismo que tuvieron en la Bienal de Venecia de Gioni o la existencia de una feria de arte outsider en París y en Nueva York.

Dora García: El helicóptero (detalle), 2016
Con acierto, Aracil ha incluido en la exposición material documental y artístico previo que abre la necesaria perspectiva histórica. Es de particular interés la Esqueletomaquia de Carlos González Ragel, artista de gran originalidad cuya obra, que llega aquí a través de dibujos de los años sesenta desde el Museo de Arte Psicopatológico de Ciempozuelos, va aflorando poco a poco. Del MACBA, que se ha ocupado bastante de estos temas (más en la vertiente teórica y didáctica que en la expositiva, aunque también) vienen, por otra parte, las fotografías que tomaron en 1980 Cunties, Subías y Atienza en el Instituto Mental de la Santa Creu de Barcelona, un trabajo cercano al que realizó Carlos Osorio en la Cerrada de Mujeres de Oviedo, en 1975. Es reveladora la pequeña sección de libros y revistas como Ajoblanco y Viejo Topo, que desataron el interés de los círculos intelectuales y creativos por la reforma psiquiátrica. Los pintores de la época, y esto aquí ha quedado fuera, se vieron marcados por ese clima, como ejemplifican Luis Gordillo o Darío Villalba (que figuraba en el proyecto inicial de la muestra), pero también los llamados “esquizos” de Madrid, los componentes del grupo Trama en Barcelona o Antón Patiño, cuyo cómic Esquizoide (1978) se expone.

Participa una única artista de una generación intermedia, Dora García, que, aunque es central en el tema de la investigación, aporta una obra poco convincente, Segunda vez, repetición de un happening del psicoanalista Oscar Masotta. Tal vez haya pesado en esta elección el hecho de que su proyecto El café de las voces, más pertinente, haya estado en Madrid hace poco. Como también se expuso y no se incluye ahora la mejor de todas las recreaciones que conozco del arte en la alteridad y el internamiento, Ríen los dioses, de Paula Rubio Infante. Es en fin, como decía, mucho tema para este contexto. Quedamos a la espera de más.