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Charivaria

CentroCentro. Madrid. Hasta el 28 de enero de 2018
[Arnau Horta. El País, 9 de diciembre de 2017]

A LA ESCUCHA DEL RUMOR SOCIAL

Deberíamos aprender a juzgar una sociedad por sus ruidos más que por sus estadísticas”, escribe Jacques Attali en su libro Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música. El ruido puede ser una llamada al orden o un recordatorio de la norma y del poder instituido, pero también puede ser todo lo contrario: el clamor de la protesta o una llamada a la insubordinación colectiva. Habría que imaginar “formas teóricas radicalmente nuevas” que sirvan para interpretar la “banda audible de las vibraciones y los signos que hacen a la sociedad”, sostiene Attali. Situarse a la escucha de estos ruidos implica, sin embargo, una cierta “indisciplina teórica” que nos permita ir más allá del proceder abstracto, positivista y casi siempre silencioso de la ciencia; sólo así podremos identificar en la materia sonora de la sociedad lo que ocurre en su seno y el anuncio de lo que estaría por venir.

La exposición Charivaria, dedicada a examinar cómo se posicionan las personas en el espacio público con sonido, se articula precisamente desde este carácter “indisciplinado” que Attali recomienda para interpretar los ruidos que nos rodean. Con dos posibles recorridos, el montaje que proponen los comisarios José Luis Espejo y Andrea Zarza indaga en la “banda audible” de la sociedad a través de una serie de relatos complementarios centrados en la iconografía del ruido, distintas formas de producción sonora y análisis del sonido desde diversos puntos de vista (o, mejor dicho, de escucha).

Charivaria no es, por lo tanto, una exposición de arte sonoro aunque en ella se incluyan algunas piezas que encajan en esta categoría. La muestra toma su título del vocablo de origen francés charivari (traducido como cencerrada), una forma de escarnio popular basado en el ruido que antiguamente servía para denunciar las transgresiones morales de ciertos miembros de la sociedad. Resulta interesante que, en su momento, la Iglesia aceptara este tipo de manifestaciones pero que más tarde recelara de ellas por su capacidad de movilización popular. Como decíamos: el ruido puede ser normativo pero también disidente. Una de las versiones contemporáneas del charivari la encontramos, por supuesto, en las caceroladas que, a menudo, toman el espacio público de nuestras ciudades, creando un clamor omnipresente y descentralizado a través de una multiplicidad de fuentes sonoras anónimas.

Además de recoger multitud de ejemplos de manifestaciones colectivas basadas en el sonido, Charivaria incorpora una fantástica colección de carracas de distintas épocas y con finalidades diversas, apartados dedicados a reivindicar la figura del músico callejero o el papel de las llamadas músicas minorizadas (eludidas desde la historiografía musical oficial por cuestiones económicas, sociales o raciales), así como una extensa selección de trabajos y documentos que ahondan en el significado de lo que el compositor y ambientalista canadiense Raymond Murray Schafer denominó “paisaje sonoro”. Lejos de suscribir acríticamente las tesis schaferianas (discutidas a menudo por su excesivo celo higienista), el montaje ajusta cuentas con estos y otros planteamientos tan alejados de los de Schafer como la celebración de los ruidos de la industria y la guerra por parte del movimiento futurista.

Charivaria funciona, pues, como un paseo sonoro, transhistórico y multidisciplinar a través del desvelamiento de una serie de sonotopías y sociofonías que habitualmente permanecen silenciadas en los relatos de la historia del arte, la musicología, la antropología y otros ámbitos de las humanidades. Este mismo sábado, por ejemplo, el programa de la exposición se extiende al Museo del Prado, donde Ruth Piquer y Cristina Bordas, del Grupo de Investigación de Iconografía Musical de la UCM, harán una visita guiada para escuchar sus cuadros. “El espacio”, escribe Michel Serres, “es invadido, entero, por el rumor; nosotros nos llenamos, enteros, del mismo rumor”. Lo que se propone aquí es, precisamente, tender el oído a este rumor.