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Chto Delat. Cuando pensamos

CAAC. Sevilla. Hasta el 1 de octubre de 2017
[Javier Montes. ABC Cultural, 22 de julio de 2017]

EL “REVIVAL” RUSO DE CHTO DELA

Yo creo que Chto Delat es una iniciativa artística refinadísima, tan ultrasofisticada que resultaría perversa si no fuese higiénica. El colectivo de artistas y pensadores rusos toma su nombre de la famosa pregunta que titulaba el panfleto de Lenin, ¿Qué hacer? Ya partir de ahí, su estética, su ideario y sus manifiestos/catálogos son un revival aparentemente candoroso y entusiasta del ideario comunista puesto al día. Digo aparentemente porque en su literalidad no perdona detalle ni intento de actualización, no deja de recordar a sus espectadores y lectores (y a sí mismo) que muchos postulados del comunismo original deben ser revisados; que la lucha de clases concebida como choque entre burguesía y proletariado debe modernizarse; que la obra de arte devenida mercancía es difícil de rescatar de las garras de un mercado omnipresente y voraz; que no es imposible el sueño de una sociedad regida por paradigmas que escapen a la órbita del capitalismo, que apela a la microhistoria y los sentimientos más personales y privados de los espectadores, esos que aún se supone que escapan a la dinámica de consumo tardocapitalista (la piedad filial, el amor de una vida, los amigos de infancia).

Inflaman así nuestros mejores instintos y sinceras ansias utópicas. Luego invocan a verdaderos grandes como Fassbinder, Pasolini y Godard, que siguen siendo absolutamente vigentes. Fundan una Escuela de Arte Comprometido que se propone continuadora y heredera de las enseñanzas de Santos Lugares de la modernidad como la Bauhaus y el Black Mountain College. Proponen, como en mayo del 68, una reconexión entre artistas, activistas, trabajadores y minorías. Y también una crítica severa a las instituciones públicas y privadas que sean instrumento del poder dominante y lo refuercen pretendiendo cuestionarlo. Acuñan frases rotundas que todas las personas de buena voluntad suscribimos.

Contra el divertimento
Reniegan, como queremos renegar todos, del arte entendido como « mero divertimento al servicio de una clase creativa fatigada de novedades». Proponen como guía alternativa un léxico de combate que recuerde el principio de alienación brechtiano, las experiencias de Tatlin y los sóviets artísticos de la primera época de la Revolución Rusa, cuando el comisariado político, ilustrado y vanguardista de Lunacharsky. Al tiempo, se reclaman hijos de una estética « punk barroca » que desarbole las expectativas del buen gusto y el academicismo biempensante del mundillo del arte contemporáneo global.

Y entonces viene lo bueno, el giro genial de su estrategia, su verdadera obra: cuando su público está (estamos) entregado e ilusionado, van colocando sus obras en las colecciones del MoMA, el Pompidou y la Tate y venden su refinadísima estética Russian Revival en la potente galería comercial KOW de Berlín (que también los lleva a buenas ferias) aprovechando el empujón institucional y publicitario de su retrospectiva en la Secession vienesa.

Lo que proponen es un verdadero tratamiento de choque para los conversos a los que parecen predicar: una invitación a reflexionar sobre cómo la jerga y el ropaje de la ortodoxia revolucionaria, hoy día, son pura picaresca de rutina y el mejor envoltorio para la mercancía artística globalizada