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Cristina Lucas. Manchas en el silencio

Sala Alcalá 31. Madrid. Hasta el 5 de noviembre de 2017
[Javier Díaz-Guadiola. ABC Cultural, 16 de septiembre de 2017]

“TODAS LAS FRONTERAS SE HAN CONSTRUIDO CON SANGRE. ¿POR QUÉ NO LAS DE CATALUÑA?

Es una vídeo-instalación en tres pantallas en la que se sumerge el espectador. La primera devuelve cronológicamente los fríos datos de los ataques aéreos con víctimas civiles desde la invención de la aviación en 1903 hasta hoy. En la segunda, los nombres de las localidades afectadas se van disponiendo en el mapa, y se solapan, creando manchas en el terreno. En la tercera, documentación original de esos hechos. La pieza se titula El rayo que no cesa y, si bien se inspira en el 80 aniversario de Guernica, es un desgarrador archivo visual de todos los guernicas del mundo, base de Manchas en el silencio, la muestra de Cristina Lucas ( Jaén, 1973), en la Sala Alcalá, 31.

–Su nombre sonó para representar a España en Venecia este año, comisariada por Gerardo Mosquera. Aquí nos la encontramos junto a este comisario. ¿Es este un proyecto rebotado?
–No está tan directamente conectado con Venecia, pero sí que nos sirve a Gerardo y a mí para sacarnos una espinita. Alcala 31 se interesó por ambos por separado, y era lógico acabar juntándonos y ocuparnos de algo que teníamos por hacer. Pero la muestra está muy vinculada a un taller que coordiné para Madrid 45 [el programa de artes visuales de la Comunidad de Madrid], y una publicación desarrollada por tres instituciones –la CAM, el OK Center de Linz y el Mudam de Luxemburgo–, editada por Turner y que se presenta ahora.

–Lo que puede resultar curioso es que esta cita sea su homenaje a los bombardeos de Guernica de hace 80 años. –Al Guernica le celebramos casi todos los cumpleaños, quizás por ser una obra basada en una tragedia local que fue capaz de traducirse a un idioma universal. Pero hay multitud de tragedias similares. Ya en su 75 cumpleaños, Artium me invitó a hacer un trabajo sobre la cuestión y yo comencé a reflexionar sobre la Guerra Civil. Pero sentí que me quedaba corta, porque esta se solapaba con la II chinojaponesa de 1937, demoledora, que se produjo justo después de la ítalo-abisinia, mientras que la guerra del Rif era precedente del bombardeo vasco, antesala de la IIGM… Ello me llevó a preguntarme desde cuándo es posible volar: 1903. Y ya en 1912 se contabilizan las primeras víctimas civiles. Ese es el origen de este proyecto, juntando piezas muy dispersas, investigando, ayudándonos de internet, de archivos fabulosos como el de ABC o La Vanguardia… Y todos los bombardeos a civiles son igual de dramáticos, del primero al último. Hoy se repiten en Yemen, en Siria, en Irak…

–Acude a Samuel Beckett para titular la cita: «Manchas en el silencio». ¿Cómo la definiría?
–Como el propio Beckett: ese libro era una recopilación de textos, y esto una compilación de obras que se concatenan, aunque la principal es El rayo que no cesa. Esa obra audiovisual crece ahora aquí gracias a una ayuda BBVA que gané en 2015, lo que ha permitido digitalizar la base de datos, de forma que toda la información a la que antes se accedía solo a través del vídeo ahora se puede consultar en la red, incorporar datos, actualizarlos, sumar bibliografía… Por eso, cuando el espectador llega al final de la sala se topa con un espacio de trabajo en el que seguiremos incluyendo esos datos, y el muro que sirve de pantalla, por su parte trasera es un buen soporte para contener todas las fuentes que hemos manejado. Es una manera de ver el backstage de la obra. –¿Por qué es importante que el arte contemporáneo se nutra de la Historia? –Porque si no sabes de dónde vienes es imposible que entiendas el presente o imaginar a dónde vas. Estos trabajos [también los 360 relojes en círculo de «Clockwise», una planta más arriba] crean una idea de dejà vu permanente. Ante los vídeos ves cómo el tiempo se sucede, cómo evoluciona la tecnología. Sin embargo, el tipo de destrucción que se genera es la misma.

–Mosquera arranca su texto para el libro haciendo alusión a la brecha que separa hoy al artista del público. ¿Cómo consigue acercarse usted a la gente de la calle?
–Primero, y no es un dato despreciable, poniéndoles a investigar. Yo te doy la oportunidad de que en un proyecto como este me cuentes tu historia. Alguna vez me han dicho, y como si fuera una crítica negativa, que soy pedagógica. Lejos de encenderme, me entusiasma. No quiero que el trabajo sea inaccesible.

–El comisario se para a analizar la relación entre lo político y lo estético en su labor: ¿Es el suyo «arte político»?
–Para mí, el elemento estético es fundamental. La lectura que puedo ofrecer de una situación ha de ser visual. Es el lenguaje que domino. Por eso muchas veces tomo frases de la literatura. Es básico usar bien las palabras, los conceptos y las imágenes para transmitir una idea.

–El uso del humor es una constante en su quehacer. Este desaparece aquí. ¿Poca broma con algunos temas?
–Sería cruel ponerle humor a esto. No me lo imagino. También me dicen muchas veces que ya no soy tan feminista. Posiblemente este proyecto, si bien no lo es, sí que es «femenino», dado que muchas veces la memoria de lo sucedido queda en manos del trabajo de hormiguita de miles de mujeres «tejiendo» datos.

–Tal y como está el panorama, ¿Cree que tendrá que acabar añadiendo al proyecto la fecha y el lugar de «Barcelona, 2 de octubre de 2017»?
–No sería una medida ilógica. Todas las fronteras se dibujan con sangre. Si no lo haces así no se respetan. Una generación podría votar en un referéndum democrático –aunque hay que revisar el concepto de democracia–, pero no dejará de ser una la que decide por tantas. Me parece algo poco consistente para decidir un cambio de fronteras. El último fue el de Sudán del Sur y llevan 30 años derramando sangre. El neonacionalismo neoliberal no me hace ni media ilusión, porque creo que los retos que nos quedan por vivir son globales. La idea de Estado es obsoleta. ¿Y tú me cuentas que como eres más rico quieres hacer uno para no juntarte con los pobres? Pero tenemos un problema en Cataluña que debe ser escuchado y resuelto.