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El taller del artista

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid. Hasta el 21 de mayo de 2017
[Elena Vozmediano. El Cultural, 28 de abril de 2017]

EL ARTISTA EN EL TRABAJO

Desde hace siglos, el taller forma parte de la imagen del artista. La representación de ese espacio proporciona relevante información sobre su forma de trabajo, su posición social y hasta su concepción del arte. Ha cambiado mucho desde el taller gremial a la situación actual, en la que se da una gran variedad: desde su práctica inexistencia en los creadores que llevan todo su trabajo en un ordenador portátil o que actúan en el espacio público, a las “factorías” de los artistas con mayor demanda. “El artista en su taller” constituye un subgénero de retrato o autorretrato (también literario, periodístico) que incluye una importante vertiente fotográfica, explorada ya antes en exposiciones como la reciente Dans l’atelier. L’artiste photographié, d’Ingres à Jeff Koons (Petit Palais, 2016). La presente muestra, con fondos de la Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España, nos introduce en los de algunos de los más conocidos artistas españoles de los últimos años del siglo XIX y primeras décadas del XX.

¿Por qué se hicieron estos retratos de artistas en su taller? Muchos de ellos, porque el fotógrafo había ido allí a otra cosa: a catalogar las obras por ellos realizadas o aquellas piezas que habían adquirido para coleccionarlas y/o utilizarlas como modelo para ambientaciones en pinturas de historia. Algunos fotógrafos se especializaron en la reproducción de arquitectura, arte y arqueología. A la cabeza de todos ellos, Mariano Moreno, que fue fotógrafo oficial del Museo del Prado y trabajó para la Junta de Iconografía Nacional, desempeñando además trabajos tan importantes como las reproducciones de obras de El Greco para la monografía de Manuel B. Cossío o las de Zurbarán para el libro sobre el Monasterio de Guadalupe de Elías Tormo.

Con este interesante trasfondo en la cabeza, el visitante disfrutará aún más del contenido de las fotografías expuestas, que no son copias de época sino realizadas para la ocasión por Castro Prieto, lo cual no es en este caso demérito, pues son casi siempre negativos lo que se conserva en el archivo Moreno y otros (Ruiz Vernacci, Wunderlich, Pando, Conde de Polentinos, Cabré…) que pertenecen también a la Fototeca, y su ampliación permite disfrutar de los jugosos detalles. Somos invitados a los abigarrados talleres de los pintores y escultores de mayor postín, unos respetables y trajeados señores que posan rodeados de tapices, muebles antiguos, yesos, armas…

Muy alejados de la bohemia, algunos de estos académicos, como José Moreno Carbonero o Agustín Querol, se daban aires de nobleza y vivían en auténticos palacetes. Según avanza el siglo XX empezamos a ver talleres más modestos y a algún artista vestido con mono de trabajo, y somos testigos de relaciones artísticas (Rusiñol y Romero de Torres en el estudio de Pinazo) y encuentros intelectuales (Unamuno, Baroja y Valle Inclán en el de Echevarría, en fotos que usó para pintar sus retratos) o mundanos, en un desfile de visitantes y modelos en el que aparecen desde el duque de Alba a toreros y cantantes. También de prácticas curiosas, como la de encaramar a los modelos para retratarlos, la de usar empleados para posar con el vestuario que otro lucirá en pintura… Encontraremos quizá más atractivos los talleres más atípicos: el claustrofóbico de Néstor o el naturalista de Luis Benedito, el gran taxidermista. Y fríos los de los serviles artistas del régimen franquista, con los que se cierra la muestra.

No falten. Y presten atención a la ausencia femenina: un par de anónimas modelos desnudas, un puñado de artistas la mayoría sin identificar, y algunas mujeres que posan o están de visita, con o sin nombre según el rango.