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José Ramón Amondarain. La risa del espacio (Guernica)

Museo San Telmo. San Sebastian. Hasta el 25 de febrero de 2018
[Javier Díaz-Guardiola. ABC Cultural, 25 de noviembre de 2017]

“NO ACTÚO POR VENGANZA. sÓLO ME PONGO A PRUEBA”

Ante la imposibilidad de trasladar el Guernica picassiano a Euskadi en su 75 aniversario, al museo Artium se le ocurrió en 2012 analizar la Historia del lienzo junto a José Ramón Amondarain ( 1964) en el proyecto Tiempo y urgencia. Para su 80 cumpleaños, el Museo San Telmo, en Donosti, intentó recuperarlo, pero se topó con problemas legales esgrimidos por la familia Picasso. Así nace La risa del espacio, los análisis de Amondarain para representar el Guernica sin el Guernica.

–«La risa del espacio» es casi la continuación de «Tiempo y urgencia». ¿Cómo fue esa primera parte?
–La idea del proyecto de Vitoria era atravesar casi a bisturí las imágenes del proceso del Guernica a través de las fotos de Dora Maar para traducirlas a la pintura. Ese ejercicio daba pie a ocho cuadros distintos u ocho guernicas; ocho estadios.

–Esos lienzos se muestran en Donosti, pero enrollados. No se pueden enseñar. Ha topado con la Ley de propiedad intelectual y la familia Picasso. ¿Cuál es el problema, si las obras son suyas? –Ellos prohiben que ese trabajo se exhiba. Ahí comienza y acaba todo. El argumento que esgrimen es que no hay ningún grado de «artisticidad» en mi labor, porque, en su opinión, mis cuadros son meras reproducciones. Lo que ocurre es que es muy difícil conversar con ellos, porque no hablamos el mismo idioma. Es una cuestión de leyes y de arte, nada que ver.

–¿Debemos entender entonces «La risa del espacio» como una pequeña venganza personal o como un segundo homenaje al «Guernica»?
–Sí que tiene algo de segunda parte, y es inevitable verlo así,
pero para para mí es una especie de solución pensando en la supervivencia de una pieza que no se puede mostrar. Es una gran paradoja: no puedes tratar sobre esto, salvo todo esto sobre lo que tratas. El arte es así de maravilloso. Mi actitud ha sido la de un superviviente. En ningún caso me movió la venganza, sino ponerme a prueba. Otra cosa es que me haga gracia cómo están las leyes.

–Y eso ha dado pie a un «Guernica» sin el «Guernica».
-La exposición abarca muchas cosas. Incluso el título, irónicamente, es otra apropiación, de un libro que me encanta de Castro Nogueira. Él habla de nuestra individualidad en la postmodernidad, en la que nos encontramos con una vida totalmente programada. Eso lo extrapolo a la situación de las imágenes, cuya matriz ya no sirve. En el caso del Guernica, su imagen excede a Picasso, a la Historia del Arte…

–No deja de tener su punto que el problema le surja a un artista que tanto ha abordado el asunto de la copia y el original.
–Al final es como un bucle. Pero he de decir que el tema es amplio y nos llevaría hablar de que no hay artista que no parta de algo, una imagen preexistente, de forma que la originalidad en su obra es el margen de ineficacia a la hora de copiar. No es posible no copiar. Se llama a algo «original» por un contexto y una situación. Pero tampoco considero que éste haya sido un tema seminal en mi labor.

–El caso es que ahora no ha tendido tanto a la reproducción fiel del cuadro sino a abstraerlo, e, incluso, a manipularlo.
–Según fui desarrollando Urgencia fui entendiendo el programa constructivo de Picasso, que es muy lógico. No estoy de acuerdo con esas teorías narrativas con las que se lo ha relacionado: él eliminaba lo que le sobraba y añadía lo que le faltaba. Sin más. Un proceso básicamente formal, y no uso este término de forma peyorativa. Ese es el arranque de la expo en Donosti: hacer un Guernica pero no según mis gustos, sino teniendo en cuenta posibilidades que podía haber usado Picasso. Eso me convierte a mí en actor o en gestor, como si diera un paso hacia atrás como autor.

–Picasso no usó el color. Usted emplea tonos militares de camuflaje para «tunearlo».
–Eso que podría parecer entre un juego y una bobada es complicado. El cuadro es duo-tono: blanco o negro, algún gris… De otra forma no funciona, esto es curioso. Yo me he movido en los márgenes que me deja la ley, porque tú no puedes trabajar con el original, pero sí con el estilo del artista. Eso te mete en una especie de «no Guernica », de versiones de versiones del cuadro. Y la idea era ir camuflando todo eso hasta que apareciera sólo una especie de «espacio cubista» sin contenido.

–En cuanto a la polémica de si se debe o no mover el «Guernica», ¿es partidario?
–¡Son preguntas para tirar a dar!

–Lo mismo está bien en el Reina Sofía…
-Sí, sí. Yo lo veo bien allí. No sé. El tema de si tendría que volver al Prado, para mí es algo que no tiene importancia… No sé si te refieres a eso.

–O a que viaje al País Vasco.
–[ Ríe]. Todos sabemos que no va a venir. Es hablar por hablar.

–¿Y ahora qué? No es fácil cambiar de rumbo cuando uno estuvo tan volcado en algo.
–Lo bueno es que a la par he hecho otras cosas. De hecho en la exposición hay partes que hablan casi más de pintura que del Guernica. En esas secciones, el Guernica es casi un macguffin.