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Lisette Pons. El elefante africano

Museo de Ciencias Naturales. Madrid. Hasta el 3 de septiembre de 2017
[Álvaro de la Rica. ABC Cultural, 22 de julio de 2017]

LA PACIENCIA DEL ELEFANTE

El paseante curioso se puede quedar literalmente boquiabierto con esta muestra. Se trata de toda una aventura: de una parte, la que llevó en el lapso de treinta años –con más de catorce largos viajes–, en situaciones vitales diversas, algunas cruciales, a la fotógrafa Lisette Pons (Barcelona, 1955) a permanecer en diferentes países de África estudiando, fotografiando y tratando de comprender la vida de ese animal maravilloso que es el elefante. Toda una aventura, a la vez artística y existencial, un viaje a la semilla no sólo ni principalmente a la búsqueda de sí misma, ni de su arte fotográfico, sino a la caza de algo más radical aún, el origen espacio-temporal de la entera condición humana.

Pocas veces un empeño tan ambicioso e imposible ha encontrado un cauce de materialización tan pleno y ajustado. Tras contemplar despacio y en días sucesivos la muestra, de leer los textos que acompañan a las imágenes, creo que acertaré si digo que el secreto de Lisette Pons está en su profunda humildad (nada que ver con un falso y estéril apocamiento).

Y es que la artista se ha tomado el tiempo necesario: casi tres décadas, miles de horas de observación, de lectura, de contacto directo con el objeto de su predilección, y una actitud tan rara hoy como indispensable para realizar una obra de valor que consiste en dejarse invadir por un realidad meramente intuida y profundamente amada.

La objetividad rige todo el cuidadoso quehacer de Pons. Después ha «bastado» con permanecer en silencio y poner el ojo en el lugar hacia el que este es imantado, y las manos, educadas en el antiguo oficio del revelado, en las superficies y sobre los materiales adecuados. El resultado como digo es realmente digno de verse.

Ahí puede comenzar la segunda aventura, la del paseante curioso, al que le cuesta, rodeado de tan verdadera belleza, arrancarse de la exposición; con alegría descubre que, en la tienda, la fotógrafa ha dejado impresos ejemplares de un libro en el que lo esencial de su proyecto ha quedado escrito e iluminado con casi medio centenar de las imágenes que acaba de descubrir. El texto tiene algo de palimpsesto: la extrema lentitud de la aproximación, el juego con el tiempo en la sabana ha ido conformándolo en diversas capas que apuntan hacia la raíz dinámica del ser de las cosas reales. Aparece primero un estrato zoológico. Sobre ese plano inicial e intercalado con las demás dimensiones de su búsqueda, hay otro de carácter antropológico. De ahí se eleva para extraer algunas posibles enseñanzas para la especie humana. Se sitúa en una dimensión que yo calificaría de mística, aunque sea una de naturaleza básicamente material y que apunta siempre a la ley suprema de la evolución de lo real. Lo extraordinario es el modo en que todas estas dimensiones se plasman en ese elemento silencioso que es una bella foto. No extraña que Ivory Press haya realizado una limitadísima edición de un libro de artista con este trabajo.