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Nicholas Nixon

Fundación Mapfre. Madrid. Hasta el 7 de enero de 2018
[Fernando Gómez de la Cuesta. ABC Cultural, 9 de septiembre de 2017]

LA VIDA EN LA IMAGEN DE NICOLAS NIXON

Nicholas Nixon (Detroit, 1947), uno de los fotógrafos más relevantes y especiales de nuestro tiempo, de nuevo en Madrid, en la Fundación Mapfre. Es la segunda vez que esta institución se ocupa de su trabajo, pues ya en 2008 presentaron una muestra centrada en la que es sin duda su serie más conocida: Las hermanas Brown. Pero esta exposición, excelente, es un proyecto más amplio: se trata de un recorrido retrospectivo por toda su obra, para lo que se ha contado con la colaboración directa del propio Nixon.

Reúne nada menos que 212 piezas fotográficas, todas ellas en blanco y negro. Las pruebas de Nixon en los últimos años con el color y las cámaras digitales no le convencieron y volvió a su técnica de siempre, con una cámara de madera de gran formato. En la entrevista con Carlos Gollonet del catálogo, Nixon indica que las imágenes digitales en color quedan mejor en pantalla, pero eso significa que no van a durar. Y también concreta que, para él, el problema central se sitúa en las copias: «Simplemente, no me seducen nada. Me gustan, pero no me emocionan como lo han hecho siempre las de gelatina de plata».

Una cuestión central
Que la imagen –copia o impresión– dure, permanezca, es una cuestión central para Nixon. Recorriendo la exposición, articulada cronológicamente en diversas series y apartados, se puede apreciar hasta qué punto sus fotos se conciben como una forma de registrar el paso del tiempo. En las vidas de las personas, en los ambientes, en las ciudades, en la Naturaleza.

Su interés por la foto tuvo sus inicios en la segunda mitad de los sesenta, y se relaciona con el gran impacto que le produce Cartier-Bresson. A la vez, es importante tener en cuenta que su concepción de la foto no implica entenderla de forma aislada, sino siempre en relación con una consideración estética más amplia y compleja. Es significativo que hiciera una tesina sobre el Ulises, de Joyce. Y que su atención haya estado situada también en la literatura y en la música.

En los setenta, Nixon se centra en las imágenes de la tierra, en los edificios en los márgenes urbanos, y, tras su traslado a Boston en 1974, en los ambientes de la gran ciudad. En 1975, sus fotos son incluidas en la exposición referencial Nuevas Topografías: Fotografías de un paisaje alterado por el hombre.

Pero casi de modo inmediato se produce un gran cambio en su trabajo: su mirada gira hacia los seres humanos, hacia el retrato, que concibe en todo momento de manera dinámica. En lugar de representaciones estáticas, en sus imágenes vemos a personas en acción, distinguimos posiciones, movimientos y, sobre todo, interrelaciones. Las series que dedica a los porches (resquicios de viviendas), a los ancianos, al sida, a las parejas y a las hermanas Brown muestran una construcción del detalle en la imagen de una gran elevación poética y conceptual.

Lo singular
Para Nixon, se trata de llegar al significado de la vida a través de la imagen, y justamente eso implica una concepción de la foto basada en la singularidad, contrapuesta a la repetición y la indiferencia de la imagen masiva. Singularidad que se alcanza en la construcción de la forma, algo que Nixon afirma haber recibido de Cartier-Bresson: «Cartier-Bresson me aportó la idea de que el significado, el más amplio, surge de la forma». Todo brota de los entrecruces de la imagen y de la búsqueda del detalle como signo. En sus fotografías no hay elementos autónomos o aislados: todo se entrelaza gracias a la elección del detalle y el momento.

En último término, el conjunto de la obra de Nixon puede entenderse como un autorretrato, que registra las interrelaciones en su experiencia vital a lo largo del tiempo. Las fotos que llevan el título de Autorretrato en la muestra tienen en todo momento signos interactivos. Y la serie sobre las Brown permite apreciar el espejo vivo de la cámara. Nixon comenzó a retratar a las cuatro hermanas en el verano de 1974, pero esa primera imagen no le convenció. Y así se sitúa como la primera de esta serie la del año siguiente, en 1975. Desde entonces, ha seguido fotografiándolas cada año, siempre en la misma posición. Y la última toma de este 2017, la 42 de la serie, ha llegado a tiempo para ser incluida en la muestra. Las vamos viendo, las mismas y distintas, año a año. Nicholas Nixon: impresiona ver, con una forma tan bien construida, un registro tan intenso del paso del tiempo.