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Adrian Piper. A Synthesis of Intuitions, 1965-2018

MoMA. Nueva York. Hasta el 22 de julio de 2018
[Iván López Munuera. El Cultural, 4 de mayo de 2018]

EL CANTO SUBVERSIVO DE ADRIAN PIPER

La carrera de Adrian Piper (Nueva York, 1948) es un recorrido por algunos de los momentos más relevantes del arte contemporáneo del último medio siglo. Comenzó a finales de los años sesenta en Nueva York como parte de la generación posterior al auge del minimal. Se dio a conocer a través de unos dibujos que exploraban los límites del lenguaje en series como Drawings about Paper and Writings about Words (1967), alineándose con el arte conceptual. Rápidamente, y junto a otros autores como Hanna Darboven, Dan Graham y Vito Acconci, abandona los cuestionamientos únicamente estéticos (el arte como idea), para abrazar el compromiso político y social, cimentado en su propia experiencia personal como mujer afroamericana víctima del racismo y la discriminación de género. Esta base dará forma a su tesis en filosofía, recibiendo el título de doctora en 1981 por la universidad de Harvard, donde exploró la capacidad del lenguaje como base de la moralidad, la confianza y la legitimidad del poder.

Cuatro años han estado los comisarios Christophe Cherix, Connie Butler, David Platzker y Tessa Ferreyros recopilando las piezas de esta exposición. Entre todas ellas el proyecto Mythic Being (Ser Mítico), su alter ego masculino, es definitorio. Iniciado en el otoño de 1973, a través de dibujos, fotografías, anuncios en periódicos como el Village Voice y performances, Piper se transforma en un estereotipado hombre negro vestida con una peluca afro, gafas de espejo y jeans mientras pasea por las calles de Manhattan repitiendo una serie de mantras extraídos de su diario adolescente. Con la creación de este personaje -que no es un hombre blanco- desafía con ironía a las estructuras hegemónicas: desvela las construcciones sociales que permiten la segregación, subraya las desigualdades raciales y enfrenta al público con sus miedos. Como ella confiesa, “la razón por la que hago y expongo mi trabajo es para generar una reacción en el espectador”.

Para Piper, el propio museo, la institución y sus salas son micromundos que replican una concepción ampliada de nuestra sociedad, un lugar equipado con garantías para mantener debates que afectan a nuestro día a día. La posición activa de la audiencia -aunque a veces puede parecer banal- es fundamental. Así sucede en The Humming Room realizada por primera vez en 2012 y situada en el MoMA en mitad del espacio expositivo. Para visitar la muestra en su totalidad y contemplar las obras, el espectador debe tararear una canción a un guarda de seguridad. La melodía se convierte en un contrato entre la audiencia, la institución (a través del guarda) y la artista que garantiza su compromiso como figura crítica. Por otro lado, supone un guiño a su amigo Sol LeWitt, que trabajó como guarda de sala en el museo neoyorquino.

Para Adrian Piper, el museo, la institución y sus salas de exposiciones son micromundos que replican una concepción ampliada de nuestra sociedad
En el siguiente tramo la exposición se convierte en un catálogo de piezas activistas que articulan un parlamento de significados. Es el caso de las series Free (1989), Pretend (1990) y Ur-Mutter (1989), donde recupera la máquina de escribir que había usado desde los años sesenta para escribir sobre procesos identitarios. Imágenes de afroamericanos detenidos por la policía, anuncios de marcas de lujo, mujeres víctima de la violencia de género o conflictos bélicos internacionales se superponen con preguntas sobre la inacción social, el bombardeo visual y discusiones sobre otredad. O Black Box/ White Box (1992), un conjunto de instalaciones multimedia donde un confortable sillón frente a una televisión reproduce un apacible salón en el que se proyectan de manera continua los disturbios de Los Ángeles que siguieron a la brutal paliza de Rodney King a manos de la policía. Al mismo tiempo, lo irracional y lo esotérico sirven a Piper como válvula de escape para indagar en lo inexplicable y la autocensura, dando forma a un conjunto de piezas en las que se imbrican elementos religiosos diversos (del budismo a dichos populares) en altares como The Color Wheel Series (2000), algo avanzado en sus dibujos LSD Alice (Study for Alice down the Rabbit Hole) (1965), donde las aventuras de la Alicia de Lewis Carroll se entremezclan con los viajes lisérgicos y la utopía hippy.

Como resumen de su posicionamiento político-artístico, el compendio de obras que vertebra su serie Everything Will Be Taken Away (Todo será despojado) comenzadas en 2007 y desarrolladas hasta la actualidad (algunas de ellas inéditas), destacan con especial relevancia. La retícula utilizada en sus piezas minimal de los sesenta se completa con la frase del título en una mecanografía que revisita sus obras de los setenta, mezclada con las imágenes conflictivas de los ochenta y noventa. Sucesos históricos como el asesinato de Martin Luther King o Malcolm X, escenas de la devastación post-Katrina y acontecimientos domésticos se revelan como imágenes del desasosiego, recuperando la frase de Alexander Solzhenitsyn “una vez que has despojado de todo a un hombre, éste ya no estará en tu poder. Será libre”.

En un momento marcado por las políticas de Trump y el auge de la extrema derecha en Estados Unidos, Piper se pronuncia con una respuesta necesaria en el mundo intelectual. Para la artista, el sujeto de la frase de Solzhenitsyn es todo aquel que ha sido discriminado u oprimido, haciendo de la pérdida y la memoria el fundamento de una posibilidad: la del arte como generador de expectativas, de posibles futuros, de esperanza y subversión.