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Castelao magistral

Ciudad de la Cultura de Galicia. Santiago de Compostela. Hasta el 3 de marzo de 2019
[Mario Nespereira. ABC Cultural, 24 de noviembre de 2018]

LA OBRA CUMBRE DE CASTELAO LLEGA POR FIN A GALICIA

Con A derradeira leición do mestre (1945), Alfonso Daniel Rodríguez Castelao situó la medida del horror en el rostro del amigo muerto. El cuadro refleja todos los componentes de cualquier otra escena de la Guerra Civil, en su alfabeto común de odio al prójimo, ignorancia y violencia descarnada. En el centro yace un maestro recién fusilado, con su expresión cadavérica y una sangre negruzca que le brota de la cabeza. A su lado, dos niños: uno, de rodillas, llora desconsolado al pie del difunto; el otro le consuela cabizbajo en un gesto fraternal. El asesinado es Alexandre Bóveda, galleguista como Castelao y compañero de fatigas en la redacción del primer Estatuto de Galicia. Pero la realidad es que la lección del maestro amortajado trascendió y enseguida pasó a convertirse en referente iconográfico y moral de lo que Camilo José Cela, otro gallego, dejó escrito en La Colmena: «La cultura y la tradición del hombre, como la de la hiena y la hormiga, pudieran orientarse sobre una rosa de solo tres vientos: comer, reproducirse y destruirse».

Símbolo internacional
El óleo de dos metros de altura –etiquetado por algunos como el «Guernica gallego»– forma parte de una muestra sobre el legado pedagógico de Castelao. Allí se expone su faceta «magistral», no muy distinta de su yo político, pensador o artista: todas se unen por el mismo anhelo, casi un objetivo vital, de recuperar la autonomía, la tradición y la lengua gallegas. De dar a Galicia «luz a su noche, pan a sus demandas y dignidad a su vida», escribiría él.

Hasta el 3 de marzo, la escena se expone en las salas de la Ciudad de la Cultura en Santiago, pero no fue hasta el pasado octubre cuando se descolgó por primera vez de las paredes del Centro Galicia de Buenos Aires. En la capital porteña, la quinta provincia gallega, Castelao lo concibió como último servicio a la memoria de Bóveda y a los pasados por las armas. Fue en 1945, cinco años antes de morir, cuando ya la ceguera le impedía tener una visión en perspectiva.

La composición original, sin embargo, se publicó por primera vez en 1937 como sexta entrega del serial propagandístico «Galicia mártir». De hecho, Castelao lo finalizó en Valencia, ciudad en la que se instaló tras seguir los pasos del Gobierno de la República. Hoy se conserva en el Museo de Pontevedra. Después vendrían otras colecciones, como « Atila en Galicia» o «Milicianos».

Pronto el eco de A derradeira leición se expande como una mancha de aceite. La República la convierte en un sello, la Universidad de Barcelona cuelga una reproducción a gran escala en su fachada, y la lámina se deja ver en Estados Unidos, Canadá, Moscú, China y –¿cómo no?– Latinoamérica, lugar de acogida de miles de gallegos en la diáspora e incubadora de buena parte de sus símbolos. «Tuvo más éxito que otras», explica Miguel Anxo Seixas Seoane, comisario de la muestra, por cuanto el crimen evoca los códigos universales de una barbarie. Curiosamente, el mismo año de su presentación en Argentina se estrena una película de Rossellini que recurrirá al mismo lenguaje. Roma città aperta, emblema del cine del neorrealismo italiano, narra la historia del cura Luigi Morosini y su colaboración heroica en la resistencia de la Segunda Guerra Mundial. El final, la lección del sacerdote, es la misma que la del maestro gallego: muere acribillado por los nazis mientras los alumnos bajan consternados la mirada.

No hay hilo conductor entre Rossellini y Castelao, pero sí hay conexión evidente entre el gran óleo del gallego y una escuela pictórica que viene del holandés Louis de Raemaekers –famoso por retratar las atrocidades de la Gran Guerra– e, incluso desde más atrás, de los mismísimos episodios negros de Goya. Castelao tenía «fascinación» por él: «Conservaba incluso una primera edición de Los Caprichos », apostilla Seixas.

Figura de todos
No a la manera goyesca, pero en Galicia sí que ha habido duelo por apropiarse de la figura de Castelao, con frecuencia troceando su discurso político. Prácticamente desde que se alumbró la autonomía y Xerardo Fernández Albor lo citó en su investidura como primer presidente de la Xunta, ha habido disputas.

Las hubo –con disturbios incluidos– cuando sus restos procedentes de Buenos Aires se depositaron en 1984 en el Panteón de Gallegos Ilustres de Compostela. Y las hubo también durante el desembalaje del cuadro, cuando los partidos hicieron cada uno su interpretación de lo que significaba el lienzo. La expo, con todo y con eso, va más allá. Cierto es que Rosalía y él son los símbolos mayores de Galicia, introduce Seixas: «Eso nadie lo discute, sea de centro, derecha o izquierda», subraya el comisario, «si tenemos un Estatuto y un Parlamento es por obra de él, pero no tiene sentido hacer de Castelao un racimo de uvas en el que se va cogiendo por partes. Sobrepasa la política. Era republicano, nacionalista y federalista, pero sobre todo una figura moderna. No se puede patrimonializar».