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Cualladó esencial. Gabriel Cualladó fotógrafo (1925-2003)

Sala Canal de Isabel II. Madrid. Hasta el 29 de abril de 2018
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 31 de marzo de 2018]

LA MIRADA HUMANA DE GABRIEL CUALLADÓ

Gabriel Cualladó (19252003) es una de las figuras esenciales de la foto española del siglo XX. Y esta afirmación no se debe únicamente a los diferentes e importantes hitos que marcan su trayectoria, sino que es ante todo el resultado de una de las miradas fotográficas –y a la vez humanas– más personales y reconocibles de su tiempo.

Para los puros datos históricos, digamos que perteneció a los principales movimientos e iniciativas fotográficas surgidas en el panorama español desde los años cincuenta. Así, fue miembro de AFAL, uno de los fundadores del grupo La Palangana (un nombre en sí mismo evocador de un tiempo y de una realidad), y también se le pue-

de adscribir –quizás más con afanes clasificatorios que estilísticos– a la llamada Escuela de Madrid, lo que le haría decir que esa denominación «se aplicó desde Barcelona, y lo único que denotaba era que en Madrid se había conseguido romper los corsés tan rígidos en que se movía la foto hasta entonces».

Despertar del letargo
Hacía así referencia a esa ruptura con un pictorialismo omnipresente y dominado por autores como Ortiz Echagüe que imperaba en la adormecida escena de la fotografía española de los cincuenta, y que él, junto a otros, contribuiría a despertar de su letargo.

No resultan menores asimismo los premios y reconocimientos que iba a conseguir a lo largo de esa trayectoria. Ya en 1978 participó en una importante exposición colectiva de fotógrafos españoles contemporáneos que se presentó en los prestigiosos Encuentros Internacionales de Arlés, lo que supuso el inicio de su reconocimiento internacional. En el ámbito local recibió en 1994 el primero de los Premios Nacionales de Fotografía, y también, posteriormente, la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Y, pese a todo esto, sigue resultando en gran medida un fotógrafo todavía poco conocido por las generaciones más jóvenes, aunque justamente reconocido por sus propios colegas y por los estudiosos. Un auténtico «fotógrafo de fotógrafos» que merece una mayor y más amplia visión y comprensión de su obra.

Esa es una de las principales razones de ser de una muestra como Cualladó esencial. Gabriel Cualladó, fotógrafo (1925-2003): una excelente propuesta expositiva, comisariada por Antonio Tabernero, que busca hacer llegar a un público más amplio –también más joven– la esencia y lo esencial de la voz y la mirada fotográfica de un autor ya imprescindible en la Historia de nuestra fotografía.

No deja de ser cuando menos curioso el hecho de que el propio Cualladó siempre se consideró un aficionado, alguien que no necesitaba utilizar este lenguaje con fines profesionales. Tal vez esa sea paradójicamente una de las causas por las que su obra alcanza un tan elevado grado de singularidad y sinceridad, y se convierte en un ejercicio de extraordinaria y honesta libertad de creación, en una lección práctica de cómo romper y reinventar las reglas canónicas del encuadre y la composición, en una relectura personal y pasional de algunos grandes maestros, como Walker Evans o Eugene Smith, y, por encima de todo, un ejemplo de altísima temperatura poética.

De cine
La poesía que encierra el canto de la sencillez, de lo doméstico, de una multitud individualizada de hombres y mujeres, niños y lugares, sensaciones y memorias, que tanto nos hacen recordar ese cine neorrealista de los cincuenta, bien reconocible en sus imágenes. Escenas, personajes y vivencias que aparentemente mantienen la desconocida máscara del anonimato, pero que son los auténticos protagonistas de la Historia de la humanidad. Historia escrita en este caso con los plurales matices del blanco, del negro y con los casi infinitos rostros y rastros de los grises. Una espléndida experiencia visual y emocional que no debe perderse nadie que se considere conquistado por el mágico lenguaje emulsionado de la fotografía.

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