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El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad

CaixaFórum. Madrid. Hasta el 18 de febrero de 2018
[José Jiménez. ABC Cultural, 23 de diciembre de 2017]

EL TEATRO DE LA MENTE DE DE CHIRICO

En principio, una exposición de «síntesis » de la obra de Giorgio de Chirico (1888-1978) habría podido ser todo un acontecimiento. Sin embargo, en esta ocasión no ha sido así. Aunque claro, siendo De Chirico un artista tan referencial en el arte de nuestro tiempo, la muestra no deja de tener interés.

Organizada por la Obra Social «la Caixa» y la Fundación Giorgio e Isa de Chirico, la exposición reúne más de 140 obras, en su mayor parte datadas a partir de 1940. Es, además, un dato sorprendente la gran cantidad entre ellas ante-datadas en el lienzo por el propio de Chirico, con su firma y fechas inadecuadas, algo que afortunadamente se corrige en las cartelas. En todo caso, las etapas más relevantes de De Chirico, desde 1910 hasta los años treinta, están casi ausentes, salvo la excepción de algunos bellos dibujos y de una pintura de extraordinaria calidad: Los arqueólogos, realizada en 1927.

Repetición de temas
El montaje es limpio, bien concebido, y se articula en seis secciones: «Retratos y autorretratos», «Plazas de Italia y maniquíes», «Interiores metafísicos», «Baños misteriosos», «Mundo clásico y gladiadores» e «Historia y naturaleza». Las piezas expuestas permiten apreciar la repetición de temas, ideas y composiciones plásticas que caracterizan las últimas décadas del artista. El referente continuo es siempre la antigüedad clásica, Grecia y Roma, y, junto a ello, el clasicismo pictórico, particularmente en los retratos.

Este aspecto serial, la repetición temática y estilística, ha sido ya bastante criticado. Aunque, en sentido contrario, fue defendido en 1982 por Warhol: «Adoro su obra y esta manera de repetir las mismas pinturas una y otra vez. Me gusta mucho esta idea; sería formidable hacerlo». El juicio de Warhol no «Visión metafísica de Nueva York» (1975), de De Chirico resulta extraño, pues, desde un punto de vista estrictamente formal, la pintura de Giorgio de Chirico guarda bastante paralelismo con la estética pop. De Chirico no es un pintor del detalle o de la precisión, sus cuadros se estructuran sobre un esquematismo expresivo que los hace equivalentes a carteles, a la representación directa de la publicidad. A ese respecto, podríamos caracterizar su obra por un cierto sentido pop de la representación clásica. A finales de los 60, De Chirico comenzó a hacer esculturas en bronce, algunas de las cuales se presentan en Madrid. Aquí la repetición sigue el curso de la transposición: maniquíes en tres dimensiones que repiten de forma apagada lo que había sido intensa representación pictórica de la humanidad como enigma. Obras que sorprenden por su pequeño alcance.

El contraste de esta deriva, que sitúa la obra de De Chirico en un plano casi de mera ilustración de referentes míticos e históricos de la antigüedad respecto a la intensidad conceptual y plástica de sus primeras décadas, resulta evidente recorriendo esta exposición. El De Chirico de antes centra su mirada en el enigma. Un lema que inscribió, en latín, como título de una obra en su marco: «¿Y qué amaré, sino el enigma?».

El enigma: de ahí brota la interrogación plástica de De Chirico sobre la mente perdida en los escenarios urbanos, en los nuevos ámbitos de la ciudad moderna, que dota de gran alcance a su obra. Pero las plazas vacías, las arquitecturas y esculturas, los maniquíes, las naturalezas muertas (que él prefería llamar «vidas silenciosas » , en un eco obvio de la expresión en inglés acabarían dando paso a la repetición e ilustración de motivos mitológicos de la antigüedad clásica.

Pura metafísica
La centralidad del enigma se reformulará años después como arte metafísico, un término que registra el interés de De Chirico por la filosofía, y su lectura de los textos de los clásicos de la disciplina. En 1919, en «Nosotros metafísicos » , escribiría: « La astucia más terrible que regresa desde más allá de los horizontes inexplorados para fijar en la metafísica eterna, en la terrible soledad de un inexplicable lirismo: una galleta, el ángulo formado por dos paredes, un dibujo que evoca algo de la naturaleza del mundo estúpido e insensato que nos acompaña en esta vida tenebrosa».

En otro escrito de ese año, «Sobre el arte metafísico», manifiesta su rechazo a considerar el sueño, otra de las claves iniciales de su trabajo, como «fuente de creación», ya que en él «ninguna imagen, por extraña que sea», golpearía «con potencia metafísica». Puede así apreciarse un distanciamiento con el Surrealismo, que se hace explícita al situar el sueño por debajo de los misterios y apariencias que la mente humana encuentra: «Es cierto que el sueño es un fenómeno extrañísimo y un misterio inexplicable, pero aún lo es más el misterio y la apariencia que la mente otorga a ciertos objetos, a ciertos aspectos de la vida». De Chirico: la mente en acción, su flujo abierto en el teatro de la vida.