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Elena Asins. Menhires

Museo Universidad de Navarra. Pamplona. Hasta el 4 de marzo de 2019
[Noemí Méndez. ABC Cultural, 28 de abril de 2018]

LUCES Y SOMBRAS DE ELENA ASINS

La sala principal del Museo de la Universidad de Navarra acoge, de manera excepcional durante un año, la instalación de Elena Asins Menhires (1995), perteneciente a la colección del centro. Éste llevaba tiempo trabajando con la artista para mostrar su proyecto La ciudad democrática, pero su fallecimiento lo truncó. Lejos de aparcar la idea de acoger una muestra de Asins, se decidió entonces dedicar el espacio y tiempo necesario para disfrutar de una de las figuras artísticas más vinculadas a esta tierra, a pesar de su origen madrileño. La pieza, compuesta por cuarenta menhires, que se toman casi como una reinterpretación de esa ciudad imaginada por la artista, continúa en la línea de investigación matemática que ya reconocemos, de manera constante, en su trabajo.

Millones de razones
Las múltiples lecturas que se pueden hacer de estos cuarenta cubos, sesgados por una de sus caras y rigurosamente esmaltados en negro brillo, sobre una parte negra mate que actúa como peana, dejan entrever que la luz, el tiempo y el movimiento tienen mucho que ver en la instalación. No sólo por las más de 2,5 millones de maneras de colocarlos, sino también por la forma en que van mutando por el efecto de la luz incidiendo sobre los mismos mientras es rodeada por el espectador. Ello la convierte en una obra viva, cargada de matices, luces y sombras, como la figura de la propia artista.

La instalación está acompañada de seis pinturas, que interpretan las caras de los cubos que la forman, y dos estudios sobre el algoritmo que la creadora reinterpreta por medio de estos trabajos. Estos dos análisis, de épocas diferentes en su trayectoria, no hacen sino enfatizar su constante atracción por los planteamientos matemáticos. Ella, que fue una de las artistas pioneras en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid a finales de los sesenta, que, sin duda, marcó un cambio de rumbo en muchas de las investigaciones de una generación de artistas contemporáneos.

Asins nunca se ciñó en sus trabajos a un formato concreto, sino que se ha servido de la poesía concreta, el vídeo, el dibujo, la escultura o, como en este caso, la instalación, pero siempre con la constante del cuidadísimo rigor compositivo y la búsqueda de la depuración formal. La sala del Museo de la Universidad de Navarra queda convertida en un espacio casi sacro, ya que la luz, los menhires, la forma de poderlos rodear y admirar, convierten el entorno en un lugar de observación muy potente.

Menhires, donada por la artista al centro en 2015, se convierte probablemente en una de las últimas piezas de la creadora que, en Navarra, encontró refugio, donde el clima, la lluvia, ejercían de compañía constante a su forma de proceder, a ese «ir hacia dentro» de las cosas, y encontrar, por medio de la eliminación de lo superfluo, la esencia de las cosas.

Quizás Elena Asins, en esa mística que existe en las matemáticas, halló la síntesis perfecta para explicar la suya propia, pues, como consideraba Pitágoras, son el medio por el cual se puede llegar a la verdad pura, y, en esa parte mística, los números sirven para alcanzar la sabiduría, el conocimiento del uno y del todo. Al igual que el matemático. Quizás la madrileña haya sido, en verdad, toda una revolucionaria.