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Jeanne Tripier. Creación y delirio

La Casa Encendida. Madrid. Hasta el 5 de enero de 2019
[Bea Espejo. El País, 17 de noviembre de 2018]

LLÁMAME JUANA

El verdadero arte siempre está donde no se lo espera. Allí donde nadie piensa en él ni pronuncia su nombre. Jean Dubuffet lo decía a menudo. En aquellos años cuarenta, París había estado ocupada por los nazis y el arte pedía liberarse de la forma, del color y del trazo, ensalzando valores salvajes y buscando lo extraordinario: el paroxismo, lo mágico, el éxtasis total y la improvisación psíquica al margen de toda forma preconcebida. Un arte espontáneo extraviado de belleza y del buen gusto burgués, propio de niños y locos. Un arte más conocido como art brut que llenaba las paredes del sótano de la galería Drouin, en la plaza de Vendôme, con obras que no eran sino incisiones y surcos a modo de dibujos sobre betún, maMadrid. silla y polvo de carbón. Obras llenas de polémica.

Algunos de los bordados de Jeanne Tripier en la exposición.
Las de Jeanne Tripier las expuso Dubuffet en 1947 en dicha galería. Eran bordados como los que vemos ahora en La Casa Encendida de Dos años después las reunió con otras de los integrantes de la Compagnie de l’Art Brut, un grupo de creadores simpatizantes del arte patológico, imprevisto y marginal, considerados por la crítica como artistas “irregulares” o como “personas oscuras”. Jeanne se presentaba entonces bajo el nombre de Jeanne Tri, aunque era habitual leer la firma en sus obras como “M M J. T. Juana de Arco, médium de primera necesidad”. Decía que estaba en comunicación espiritual con ella y otros espíritus interplanetarios que le dictaban mensajes mientras ella dibujaba. Lo hizo hasta que murió en 1944, poco antes de ver el éxito de aquellas obras que hacía sin parar desde la cama del hospital psiquiátrico de Neuilly sur Marne.

La muestra recoge algunos de sus escritos, dibujos, tejidos y esos talismanes con los que viajaba más allá de sus psicosis crónicas. Es una exposición modesta que hay que buscar en la planta baja de esta institución, pero hasta en eso ha sido inteligente su comisaria, Aurora Herrera. Enfatiza más si cabe ese arte alejado de tiempos y modas, anclado en esos estados alterados de la conciencia. Justo esa es una de las líneas que La Casa Encendida lleva trabajando desde años con exposiciones como las de Antonin Artaud (2009), Edward Gordon Craig (2010) o Loïe Fuller (2014). O con la que está por llegar con una completa revisión de art brut de mano de Pilar Soler Montes prevista para octubre de 2019. Un arte que no está ni arriba ni abajo, ni a la derecha ni a la izquierda, sino en el centro del pecho.