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Joaquín Vaquero Palacios. La belleza de lo descomunal. Asturias, 1954-1980

Museo ICO. Madrid. Hasta el 6 de mayo de 2018
[Carlos Delgado Mayordomo. ABC Cultural, 31 de marzo de 2018]

UN VAQUERO PALACIOS MONUMENTAL

La Fundación Catalunya La Pedrera muestra una antológica de Xavier Miserachs, fotógrafo que nació en plena Guerra Civil (1937) y murió a finales de siglo (1998). La tradición familiar llevó al Miserachs de posguerra –su padre era hematólogo– a la medicina, pero su interés por el ser humano, por su cuidado, por su vida, pronto decayó y dio paso a un interés por la vida de su entorno inmediato, la cotidiana de su ciudad, una Barcelona que trabajaba, que vivía la angustia de una realidad difícil, esforzada, censurada, pero también, hasta cierto punto, festiva y sonriente, con una fiesta y una sonrisa que querían borrar lo gris de una época.

El blanco y negro de finales de los cincuenta y de los sesenta conformó en Miserachs un lenguaje no ajeno al de otros maestros – anteriores o coetáneos– como Català-Roca, Ricard Terré, Oriol Maspons, Leopoldo Pomés y asats, basado el diálogo entre lo estático –los espacios de la ciudad, sus muros, sus calles, sus rincones, sus tiendas, sus almacenes– y lo dinámico –sus gentes en su caminar, en su trabajo, en su risa, en su llanto o tan solo en su mirada.

Pero la exposición, comisariada con buen tino por Laura Terré, no se queda ahí. Va más allá de presentar la fotografía de una Barcelona en blanco y negro y se adentra en la personalidad artística del Miserachs que se pasó a la foto impresa – elección esta muy frecuente en los sutores de la época– y, consecuentemente, a medida que se pasaba al color.

Aunque ya había trabajado en alguna publicación, fue en 1968, al ser contratado por la revista Triunfo, cuando Miserachs se abrió al mundo y los acontecimientos de la época. Barcelona se cambia entonces por París, Londres, Praga, Nueva York y un largo etcétera de entornos y momentos. Las fotos del mayo francés son altamente significativas al respecto: Miserachs se interesa por la masa juvenil en rebeldía, por la toma de la plaza Denfert-Rochereau o el Barrio Latino, pero también por la persona, por la manera de ser o estar del individuo ante la multitud.

Sin embargo, la foto de Miserachs a partir de este período, en el que realiza breves incursiones en el campo de la cinematografía, se antoja menos intensa, no por pasar del blanco y negro al color, sino porque, excepto en París, el mundo que muestra e interpreta le es relativamente ajeno. Su técnica y su calidad es la misma, pero su mirada es más anecdótica.