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Linarejos Moreno. La cámara de niebla

Centro de Arte Alcobendas. Alcobendas (Madrid). Hasta el 24 de febrero de 2018
[Miguel Cereceda. ABC Cultural, 27 de enero de 2018]

LINAREJOS MORENO, SOBRE ARTE Y CIENCIA

Desde Aristóteles, el arte se consideraba, en su relación con la ciencia, como un tipo de saber. La diferencia entre ellos residía en el carácter práctico del arte, frente al teórico de la ciencia. No fue sino en el siglo XVIII, con la aparición del moderno concepto de Bellas Artes, cuando el arte se desvinculó de su sentido utilitario, separándose con ello, a la vez, del saber y de la ciencia. Quedaba pues para el arte el ámbito de la belleza y para la ciencia el de la verdad. Desde entonces, ambas disciplinas se buscan mutuamente –como los andróginos escindidos del mito de Aristófanes–, con admiración, pero a la vez con cierta perplejidad. La ciencia se ha servido del arte (del dibujo, de la pintura, de la fotografía y del cine) para ilustrar y divulgar sus conocimientos, y el arte ha empleado la ciencia como pretexto para sus investigaciones formales.

Fascinación absoluta
La mirada de Linarejos Moreno (Madrid, 1974) parece que estuviera cautivada por esta relación, tratando de explorar la belleza de la investigación científica. Desde sus primeros trabajos ya mostró una absoluta fascinación por los espacios técnicos, científicos e industriales abandonados, apuntando a una cierta nostalgia romántica por los saberes allí olvidados o dormidos. Esta fijación por la ciencia se mostró nuevamente en la soberbia exposición presentada en 2016 en el Jardín Botánico de Madrid, en la que la artista rendía un cierto homenaje al fotógrafo alemán Karl Blossfeldt –uno de los representantes de la Nueva Objetividad– y a su bello libro de botánica Urformen der Kunst (1928). Esta alabanza la ha llevado incluso a hacer una edición semejante a la de Blossfeldt –casi un facsímil, de reciente publicación–, para presentar su propia obra, con el inquietante título de Art Forms in Mechanism, en el que se tacha la palabra «Naturaleza» y se sustituye por la de «mecanismo».

La presente exposición en Alcobendas, titulada La cámara de niebla, está nuevamente dedicada a mostrar las relaciones específicas entre la fotografía, el arte y la ciencia. Al parecer, la cámara de niebla es un invento de un físico escocés llamado Charles Wilson que sirve para estudiar el comportamiento y la trayectoria de las partículas atómicas y subatómicas. Analizando la ionización de las nubes, Wilson comprobó que la trayectoria de determinadas partículas podría ser visible a través de una mezcla saturada de agua y vapor. Construyó así una «cámara de niebla», en 1911, por la que le dieron el premio Nobel de Física en 1927.

Un giro inesperado
Moreno se quedó deslumbrada por la belleza de las imágenes resultantes. Lo que presenta en esta cita son fotografías de estas imágenes, tal como aparecen en la primitiva cámara de niebla de 1911, y de otras más recientes tomadas a partir de cámaras más evolucionadas, las llamadas «cámaras de burbujas». Con ello vuelve a repetir su fascinación por las vinculaciones entre ambas disciplinas, que en este caso se acentúa al poner de manifiesto el sorprendente paralelismo entre aquellas imágenes de trayectorias de partículas y los primeros trabajos abstractos de Kandinsky. Pero con ello la artista introduce además un nuevo giro en su trabajo, como autorreflexión de la fotografía, al presentarnos imágenes de imágenes y fotografías de una cámara fotográfica de bello y sugerente nombre.