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Mangrané -‘— –‘-

Fundación Tápies. Barcelona. Hasta el 20 de mayo de 2018
[Javier Díaz-Guardiola. ABC Cultural, 28 de abril de 2018]

“NINGUNA OBRA DE ARTE PUEDE COMPETIR CON UNA MARIPOSA”

La propuesta es tan sencilla como inspiradora: Meter una mariposa en un museo. ¿ Acaso es arte un insecto? Pero, ¿Y todo lo que desencadena ese gesto? Nuestro cuerpo moviéndose por el espacio; nuestra cabeza ajena a lo que éste hace; nuestra percepción puesta a prueba, también nuestra naturaleza… Todo esto consigue Daniel Steegmann Mangrané (Barcelona, 1977) con su entrada en una Fundación Tàpies no tan vacía (en la que también presenta libro: Spiral Forest). Todo, por poner a volar una mariposa…

–Hay artistas a los que les pregunto por el título de su proyecto casi por obligación. En su caso, me mueve la curiosidad. ¿Qué significa «-‘— –‘-»?
–Veo que cumple su función. Es un título impronunciable, aunque perfectamente legible, parte de la idea del proyecto: ofrecer algo que sea muy evidente y muy visible en su forma, pero críptico en su significado.

–El caso es que lo que propone para la Fundación Tàpies es un pequeño gesto que supone un alud de consecuencias.
–Lo que se colocó ayer en su espacio es una crisálida. Cuando eclosione, una mariposa emprenderá su vuelo y su vida dentro de la Fundación. La exposición va a desarrollarse de una forma muy libre. Pero aquí intervienen muchas cosas que me interesan: la fragilidad, el minimalismo del gesto o cómo algo que es mínimo puede robar la atención de los objetos u obras de arte que hay en la sala. Ninguna obra de arte podrá competir jamás con una mariposa. Estoy seguro de que si soltáramos una frente a la Gioconda, por un momento conseguiría desviar la atención de todos los japoneses que la rodean.

–Pongamos que la mariposa no sobrevive al primer día. ¿Se acaba la exposición?
–Nosotros le aportamos las condiciones óptimas para su supervivencia: temperatura, alimento, espacio, luz… La sala se convierte en una especie de vivero. Si muere, no se repone. Es difícil que escape, pero podría darse el caso. La exposición, en ese caso sí que acabaría. Un detalle que no hemos terminado de precisar es, si muriera y cayera al suelo, si la retiramos o la dejamos hasta cumplir las fechas. El animal debería vivir unas cuatro semanas, depende de su actividad.

–No es la primera vez que se mete un animal en un museo y no por ser más pequeño es menos importante. ¿Teme una respuesta de los animalistas?
–No, entre otras cosas, porque se toman todas las precauciones para garantizar el bienestar de la mariposa. Estarían totalmente injustificadas.

–Sus proyectos hacen énfasis en el concepto de cuerpo. ¿También aquí?
–El cuerpo es una maraña de afectos y efectos, atravesada por un montón de condicionantes. No creo que exista un cuerpo ni que estemos limitados por sus bordes. Una de las riquezas del arte es poder utilizar estos afectos, mezclar la presencia física del espectador con cuestiones relacionadas con el espacio, el tiempo, el movimiento… Puedes jugar con la atención: conseguir que su cuerpo esté en un lado de la sala y su atención en otro. La imaginación del espectador va a volar aquí con la mariposa, la vea o no.

–Su idea de cuerpo enlaza con sus intereses ecológicos. ¿Son todos los artistas ecologistas sin saberlo?
–Me encantaría que así fuera, pero desgraciadamente no. Mucho del arte de hoy se establece en términos meramente económicos. Y no me refiero a valor de mercado, sino a que son obras que parten de relaciones, que en el fondo es lo que es la Economía. La Ecología propugna un entendimiento diferente de la realidad, en el que las cosas son todas interdependientes unas de otras. Estamos cambiando de paradigma, pero queda trabajo por hacer y el arte es una de las mejores maneras para crear nueva conciencia.

–No es la primera vez que mete un animal en un contexto que no le es propio. En «Phasmides» introdujo un bicho de palo en su estudio.
–Lo que me interesa de la mariposa de la Tàpies es ese punto extraño en el que no es un simple animal (la vinculamos a un proyecto artístico), pero tampoco podemos afirmar que sea una obra de arte. Ese lugar indeterminado en el que se encuentra me interesa mucho.

–En otros trabajos ha analizado la incidencia de las tecnologías en la percepción. Aquí no las hay. ¿O es que entiende la mirada como aquélla que jamás podrá ser superada?
–Creo que ése es uno de los puntos fuertes de la expo y de mi trabajo. Desde el momento en que nuestra mirada está educada, nuestra exposición a esta mariposa va a ser muy diferente de la que podría haber tenido alguien en el pasado. La mirada está tamizada por la cultura y, en ese sentido, es una técnica y una tecnología. Como dice el pintor Ricard Salvatella, nosotros no podemos pintar hoy una manzana como Cezanne. La nuestra es transgénica, lleva químicos, ha sido legislada… Cuando en 2018 pintas una manzana, de una u otra forma estás pintando todas esas cosas.

–Me interesa su noción de sujeto que se trae de las culturas amerindias, por la que el animal no es un ser inferior al hombre; y éste puede ser objeto. Si nos llevamos eso a Barcelona, ¿quién mira o busca a quién: la mariposa al hombre o viceversa?
–Es básico que empecemos a entender que los hombres no somos sujetos privilegiados de puntos de vista. Estamos en una red más amplia, que a veces nos convierte en objetos. Para los amerindios, todas las cosas «son personas» (tienen alma). Empecemos a tratar a los animales así. El problema es que ni siquiera somos capaces de tratarnos bien a nosotros mismos. –Si no existen sujetos y objetos, tampoco artistas y obras de arte, u obras y espectadores. ¿En qué lugar deja eso al arte? –En uno privilegiado. Un ámbito en el que todas estas relaciones pueden negociarse y explorarse de manera experimental y, de esa manera, reescribirse y reconstituirse.