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Manuel Franquelo-Giner. Un elefante en la habitación

Centro de Arte de Alcobendas. Alcobendas (Madrid). Hasta el 1 de septiembre de 2018
[José Jiménez. ABC Cultural, 14 de julio de 2018]

NATURALEZA Y HUMANIDAD

Es ésta una expo de síntesis de un joven artista: Manuel Franquelo-Giner (1990), que llama la atención por la madurez plástica de sus propuestas, y por su intensidad poética y conceptual. La muestra reúne once obras: una instalación y diez piezas fotográficas, realizadas entre 2014 y 2018. En todas late una voluntad de interrogar los géneros artísticos tradicionales, de avanzar en una síntesis de lenguajes. Franquelo-Giner nos habla de la actual situación de extravío de la humanidad: no sabemos dónde estamos, ni cómo se constituye el proceso de nuestras vidas. De ahí el título irónico, Un elefante en la habitación. Un reflejo de nuestra ignorancia sobre el origen de las cosas con las que convivimos. En especial, los alimentos que consumimos.

La instalación, del mismo título, está formada por un conjunto de sacos de la industria de la agricultura que iban de una parte a otra del mundo, por tanto, con un carácter transnacional. Fuera vemos tarjetas blancas, otras amarillentas para reflejar el paso del tiempo, con las palabras with [con] y now [ahora] en su anverso y reverso: el « con » y el « ahora » que operan como registros de un nutricionismo cuyo origen ignoramos. LA SERIE, AÚN ABIERTA, de seis piezas fotográficas Referentes ausentes (2014-2018) muestra imágenes de los soportes alimenticios y de las huellas «sacrificiales» de los restos de animales que quedan al preparar nuestras comidas. Y en Txupachups (2018), una composición con nueve imágenes que forman una unidad, vemos a un gallo al que se le ha implantado una prótesis en su pata izquierda. Lo sepamos o no, ahí está: los animales, nuestros semejantes. A los que comemos sin saber qué comemos.

En definitiva, somos parte de la naturaleza, a la que a la vez devoramos y contemplamos con ignorancia. Franquelo quiere situarnos más allá de la mera ensoñación romántica de lo natural. Y así, en una de las piezas más intensas de la cita, El vigilante (2018), nos transmite fotográficamente la figura de un vigilante de museo sentado al cuidado de un entorno natural. La naturaleza, en todas sus dimensiones: lo vegetal, lo animal, lo humano han de tener el mismo cuidado que la educación, la cultura y las artes. Con su trabajo, Franquelo-Giner llama la atención sobre lo desmesurado e incontenible que se ha instalado entre nosotros: una lógica del beneficio comercial que configura nuestros hábitos de consumo, sin que quede margen de control. Con sus imágenes intenta visualizar una jerarquía de poderes que torna invisibles no ya sólo los alimentos, sino el mismo latido vital de la especie humana.