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Marc Pataut. Primeras tentativas

Museo Reina Sofía. Madrid. Hasta el 27 de agosto de 2018
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 21 de julio de 2018]

MARC PATAUT TOMA PARTIDO

Marc Pataut (París, 1952) es un fotógrafo poco conocido en nuestro país. Aunque desde los 80 ha desarrollado una amplia actividad dentro de la fotografía documental y social, su primer acercamiento a la creación artística se produjo en relación a otros lenguajes creativos: dibujo, pintura y escultura. De hecho, al señalar «elijo la escultura para ser fotógrafo» ya estaba indicando la poderosa influencia que este medio artístico, «la abolición del tiempo, la relación con la luz y el modelo», iban a tener en su obra fotográfica.

La exposición que presenta el Museo Reina Sofía, Primeras tentativas, comisariada por Jorge Ribalta, dentro del festival PHotoEspaña, supone su primera individual en nuestro país y, sobre todo, una excelente oportunidad de que el público conozca su trabajo como fotógrafo. La muestra cuenta con 300 fotografías, abundantes y variados materiales gráficos, textos, publicaciones y otros documentos, abarcando un amplio registro cronológico, desde 1981 hasta 2001.

Refleja de manera adecuada y muy didáctica sus intereses e intenciones como fotógrafo: proponer una mirada fotográfica implicada, participativa, con una gran carga social, política y colaborativa, que no se limite a «enseñar» determinadas realidades humanas impregnadas de un carácter de precariedad, tensiones e injusticias, sino que sobre todo trate de servir de conciencia individual y colectiva para poder transformarlas.

Presunto implicado
A mi juicio, esa es la principal aportación de este fotógrafo y de este tipo de fotografía: no situarse al margen de los grupos y paisajes sociales con los que trabaja, no quedarse en una simple postura de voyeurismo documental postmoderno, sino, muy al contrario, adoptar un posicionamiento integrador y de colaboración, entendiendo la cámara como un mecanismo de negociación y participación, y no como un mero instrumento de registro. Así, el fotógrafo se compromete y participa activamente en la captura y modificación de las duras realidades que le conmueven y –como decía Gabriel Celaya en su famoso poema–, « toma partido, hasta mancharse».

Esperanza luminosa

Sus «primeras tentativas» muestran un proyecto muy impactante –pero al mismo tiempo esperanzador/ luminoso– realizado en los años 80 junto a una serie de niños internados en un hospital psiquiátrico de día en Aubervilliers, a los que invitó a fotografiar(se), creando al final un álbum con las imágenes, y sobre todo, dotándoles de una memoria personal, antes inexistente.

Otro de sus trabajos expuestos en Madrid se relaciona con el colectivo de transformación social Ne Pas Plier, del que fue miembro fundador, con imágenes fotográficas, pancartas, consignas e incluso la reproducción de una propuesta exhibida en 1995 en el Stedelijk Museum de Ámsterdam. Las demás series mostradas, «Le Cornillon», sobre un espacio al norte de París, habitado por personas sin hogar ( presente en la Documenta X de Kassel, 1997), «Laotil», vinculado de nuevo a una institución psiquiátrica, en este caso ya desaparecida, o «La Rue», en colaboración con Médicos del Mundo, son asimismo un fiel reflejo de su profunda y «contaminada» implicación social.