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Pedro G. Romero. Habitación

CA2M. Móstoles (Madrid). Hasta el 23 de septiembre de 2018
[Fernando Castro Flórez. ABC Cultural, 26 de mayo de 2018]

EL ARCHIVO EN EL INSTANTE DE PELIGRO

El arquitecto Alphonse Laurencic construyó durante la Guerra Civil unas celdas a las que calificó de «psicotécnicas» en las que utilizó las ideas de Kandinsky para decorarlas. «Cada celda –apunta Boris Groys– parecía una instalación artística vanguardista. Laurencic trataba de provocar desorientación, depresión y tristeza en los prisioneros franquistas». En vez de ser una manifestación de lo espiritual, el arte de vanguardia servía a la perfección para torturar. Pedro G. Romero, el artista archivero, lleva años materializando esas checas.

Asunto gramatical
Este autor señala que el asunto de su gran Archivo F. X. (con su núcleo duro en la iconoclasia en España desde finales del XIX hasta 1945) ha sido siempre gramatical, reformulando así la pregunta de cómo operar de forma archivística y a la vez plantear una crítica radical de este aparato hegemónico en la cultura artística hoy. Si en algunas ocasiones he señalado que hay algo excesivo en las analogías visuales y conceptuales de esta operación, también tengo claro que, ahora que este autor procede como si el archivo estuviera «completado», su performatividad es verdaderamente poderosa. Entre 2009 y 2015, recreó a escala 1:1 las tres checas de Laurencic, originalmente dispuestas en las calles Vallmajor y Zaragoza de Barcelona, y en el convento de Santa Úrsula de Valencia. Son las que ahora entran en el CA2M.

Tras revisar a fondo la «Causa General» y recopilar una bibliografía exhaustiva sobre el «caso», Pedro G. Romero compone una imponente «historia materialista». Así declara que el intento es «refutar la Historia misma como agente hegemónico de la gestión del pasado, de nuestras memorias personales y colectivas, y las servidumbres que esto crea». En esta labor cuenta con la intervención de los artistas Lola Lasurt, Álvaro Perdices y Patricia Gómez con Mª Jesús González. Tendremos que saber qué efectos producirá la «coctelería explosiva» en la «disco-cheka».

En las antípodas, y en una relectura estrictamente a contrapelo de la Historia, se encuentran las fotos de Jochen Lempert, que plantea una suerte de «Historia Natural». Los insectos, las mariposas, los caballos parece que se desdibujan en sus fotos en blanco y negro. Evidentemente, se trata de otro tipo de archivo en el que lo taxonómico-descriptivo deriva hacia cierta abstracción. Desde Foucault sabemos que toda epistemología linneana dejaba en los bordes monstruos y fósiles. Acaso esta letanía de fotos pueda ser activada desde el punctum de las medusas. El apóstrofe que late en las celdas históricas se desdibuja en las imágenes «desmarcadas» de Lempert.

Detonantes
Ambos artistas ofrecen meditaciones sobre los procesos de subjetivación, sea en clave de analogía zoológica o en una reconsideración del dispositivo disciplinario. El museo-panóptico, recordando el proyecto que Quico Rivas quiso montar en el MEIAC, es uno de los detonantes de esa rematerialización de las checas que me hacen pensar en el Virilio de la bunkerización; también en sus proyectos sobre la « función oblicua». Para atravesar el archivo sin caer en el hondo aburrimiento de lo burocrático tenemos que estar agitados por la osadía del historiador que encuentra una iluminación en el instante de peligro.