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Querer parecer noche

CA2M. Móstoles (Madrid). Hasta el 27 de enero de 2019
[Francisco Carpio. ABC Cultural, 20 de octubre de 2018]

CAE LA NOCHE EN MADRID

Se cumplen ya diez años del nacimiento del CA2M; para los que no estén tan duchos en siglas de arte contemporáneo: el Centro de Arte 2 de Mayo. Un espacio surgido con el ánimo fundamental de tomarle el pulso a la creación artística contemporánea «dentro» «de», «desde», «en», «por» y «para» la Comunidad de Madrid. Por ello no resultaba descabellado escoger como localización un emplazamiento con amplios ecos que reverberan en la Historia madrileña como es Móstoles. De esa forma, se apostaba también por una cierta descentralización de los focos artísticos, casi exclusivamente situados en la capital, y una voluntad de mantener encendida una mirada generada desde la periferia. Desde lo local a lo universal.

Luces y sombras
Como todo proyecto humano, su vida ha tenido luces y sombras. En mi opinión, esta segunda etapa en la dirección (la de Manuel Segade) ha sido bastante más consecuente con el espíritu inicial, mostrando un mayor número de propuestas vinculadas a la creación en Madrid, y, al tiempo, ha tratado de dar más voz y espacio a la ciudadanía local para que no se sintiera una mera comparsa.

Ahora, como parte de las diferentes celebraciones programadas para conmemorar este aniversario, el CA2M presenta un ambicioso y complejo proyecto expositivo, Querer parecer noche, comisariado por Beatriz Alonso y Carlos FernándezPello. Una muestra que, de acuerdo a una de las intenciones argumentales prioritarias de este centro, intenta establecer un diálogo entre las obras de 58 artistas, en su mayor parte pertenecientes al contexto artístico madrileño surgido en estos últimos diez años, de las que una veintena son de nueva producción, y que a su vez se relacionan con un conjunto de piezas que pertenecen a los fondos de las dos colecciones (Comunidad de Madrid y Fundación ARCO), que custodia el museo, junto a otras obras de artistas referenciales, actuando como elemento contextualizador.

En una selección tan plural resulta siempre difícil destacar nombres, pero me arriesgaré. Además de ciertas figuras que actúan como urdimbre histórica de la propuesta (aunque a veces no queda demasiado claro de qué forma), pienso en Calder, Miró, Val del Omar, Maruja Mallo, Helena Almeida, Palazuelo o Gregorio Prieto (¡qué deliciosa rareza su retrato fotográfico!), y en otros artistas actuales ya consolidados como Sánchez Castillo, Lara Almarcegui, Jacobo Castellano o Antonio Ballester, me han interesado las propuestas de Karlos Gil, María Jerez, Hisae Ikenaga, Elena Alonso, Guillermo Mora, Alfredo Rodríguez, Juan López, Miguelo Ángel Tornero, Marta Fernández Calvo e Iñaki Domingo.

El título es toda una declaración de intenciones, por cuento que a la noche le asociamos siempre rasgos crípticos, ambiguos, contradicciones, claroscuros, pliegues, dudas, sueños y fantasmagorías. Decía en 1764 Kant, en Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime: “La noche es sublime; el día es bello”, y proseguía: “Los temperamentos que poseen un sentimiento de lo sublime, cuando la temblorosa luz de las estrellas rasga a través de la parda sobra de la noche, son atraídos poco a poco por la calma silenciosa de una noche de verano a sensaciones de despreio del mundo, de la ternidad”. Ignoro si estas reflexiones han estado presentes en el ideario de los comisarios, pero sí que creo que son susceptibles de convivir en cierta armonía con sus intenciones finales.

Hablaba hace un momento de diálogo entre las obras de la exposición. Un diálogo que en ocasiones puede terminar por convertirse en sinfonía de monólogos, ya que –de manera inteligente, aunque demasiado poco arriesgada– su objetivo final ha sido el de presentar diferentes relatos artísticos generados en Madrid, sin la necesidad de buscar hilos conductores o argumentales que puedan sintetizar o dibujar nexos coherentes entre la pluralidad de discursos y voces.

Telón de anacronías
Así, según sus palabras: «Esta exposición acoge diferentes formas de producción artística en Madrid para imaginar con ellas una oscuridad. En lugar de un análisis objetivo, levantamos un telón de anacronías y desfases; en lugar de un retrato de escena, nos abandonamos a las intuiciones e intrigas de palacio. Un delirio parcial, excéntrico, fruto quizás de la pasión o del secreto de alcoba, nos sirve para especular sobre aquello que hace singular a una ciudad que escapa continuamente a la continuidad».

Con estas premisas han tratado de construir una narración coral, diversa y dispersa, abierta y, al tiempo, enroscada en plieDetalle de «Yabba», instalación de María Jerez gues y meandros, como el cuerpo de una serpiente o el de un río, no sometida a un discurso unitario, sino, por el contrario, articulada en torno a la ideal, plural y polisémica voz de nuestro tiempo artístico.

Una historia de historias que aspiran a reflejar la aún reciente tradición creativa de nuestra ciudad y su reflejo especular en una sociedad rabiosamente contemporánea y ofuscada, siempre sumida en esa eterna «noche española» que tan bien supo plasmar Francis Picabia…

Esas peculiares características conforman las fortalezas y, a la vez, las debilidades de la propuesta, al presentar un fresco tan plural y poliédrico, tan nocturnal y diverso, tan ambiguo y convexo, que termina por dejar abiertas demasiadas interrogantes, demasiados vacíos de análisis y taxonomización, sobre el auténtico valor de su lectura generacional. Queda pues, una mirada, sí, pero sólo una de las muchas posibles que pueden arrojarse hacia estos últimos diez años.