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Regina de Miguel. Soy parte de esta frontera fracturada

C3A. Córdoba. Hasta el 13 de enero de 2019
[Luisa Espino. El Cultural, 28 de septiembre de 2018]

“ME INTERESA LOS IMAGINARIOS RELACIONADOS CON LO EXTREMO”

Regina de Miguel (Málaga, 1977) es un ratón de biblioteca. En sus obras -la mayoría películas, pero también instalaciones, fotografías y performances- hay continuas referencias a la historia de la ciencia, la biopolítica, el cine y la literatura, todo ello contado de una manera muy poética con guiños frecuentes a la ciencia ficción. “A mí lo que realmente me interesa -puntualiza- es el trabajo artístico y opero con muy pocos complejos, poniéndole imaginación a las formalizaciones, hibridando géneros. Aunque hable de cuestiones científicas no tengo por qué manejar la terminología técnica con propiedad porque no soy científica, me la llevo al terreno de la especulación y actúo desde ahí”. Tiene algo de pedagoga, de mediadora con comunidades extra-artísticas, tan pronto hace una performance en el Haus der Kulturen der Welt de Berlín como se reúne con científicos del Centro de Astrobiología de Torrejón de Ardoz.

Cuenta a El Cultural a su paso por Madrid, camino de Córdoba desde Berlín, que no puede quitarse de la cabeza la región del Chocó, en Colombia. Lleva meses trabajando en un proyecto en la selva, en un lugar de una extraordinaria biodiversidad marcado por la violencia pero también por la vida. No lo veremos en su exposición del C3A, pero sí ha dejado huella en V.I.T.R.I.O.L (2018), la pieza nueva que presenta en I’m Part of this Fractured Frontier (Soy parte de esta frontera fracturada), “un título -explica- que propone una visión poética y al mismo tiempo hace referencia a mis preocupaciones en torno a la geopolítica y los afectos”.

La muestra traza un recorrido por algunos de los trabajos más representativos de la artista y toma como punto de partida Nouvelle Science Vague Fiction (2011), una pieza angular en la que ya están varios de los elementos base de la obra de Regina de Miguel: una naturaleza imponente –el lago esloveno de Cerknica-, objetos científicos y tecnológicos y la voz femenina.

Pregunta.- ¿Cómo elige estos escenarios?
Respuesta.- Siempre me ha interesado el territorio para explicar determinados fenómenos -subjetivos, incluso- lugares extremos como el desierto de Atacama, el Chocó y la Antártida que funcionan como arquetipos desde los que estudiar cuestiones relacionadas con la política, la producción de conocimiento y las comunidades. Son sitios, todos ellos, en los que la vida está muy condicionada.

Diálogos futuristas
P.- ¿Ha sido difícil aterrizar en una arquitectura tan dura como la del C3A con esos imponentes muros de hormigón?
R.- Es verdad que es dura y que tiene muchas connotaciones con ese interior entre el brutalismo y la ciencia ficción, pero creo que a mi trabajo le favorece. La iluminación y la arquitectura dialogan muy bien con algunos de los escenarios de mis películas, relacionados también con estos lugares futuristas, y la instalación nueva, el laboratorio, tiene una parte muy industrial que conversa con el espacio.

P.- ¿Por qué estas obras?
R.- El director del C3A, Álvaro Rodríguez Fominaya, me propuso empezar por Nouvelle Science Vague Fiction (2011), porque es una pieza en la que se sientan las bases de lo que luego ha sido mi práctica (como el tema de la voz femenina que entronca con la performance inaugural que hago junto a Lucrecia Dalt). Voces de mundos que se desvanecen (2013) muestra otra faceta de mi trabajo, el fotográfico, y habla de la importancia del lenguaje, de la idea de que si desaparece una palabra desaparece un sistema de pensamiento y cómo opera esto en la geopolítica. En Una historia nunca contada desde abajo (2016) se concretan esas preocupaciones en torno a la geopolítica y la tecnología entendidas en un sentido muy amplio. Habla del proyecto Cybersyn que tuvo lugar en Chile durante el gobierno de Salvador Allende y que quedó frustrado tras el golpe de Estado de Pinochet. Es una historia que esconde a su vez una intrahistoria, la de las mujeres diseñadoras, e introduce un planteamiento feminista más explícito. En la película Decepción (2017), la autoficción presente en piezas sonoras anteriores tiene lugar en otro terreno extremo y entronca muy bien con la pieza nueva que presento, V.I.T.R.I.O.L.

Esta instalación tiene su origen en laboratorios como Ansible (2015), que pudimos ver en la galería Maisterravalbuena de Madrid. Apoyaba entonces sobre estanterías de metal y cristal obsidianas, esas rocas volcánicas que trasladan el interior al exterior de la tierra y que funcionaban como fósiles. Vuelve de nuevo a las obsidianas en V.I.T.R.I.O.L, junto a fotografías y objetos de vidrio, pero el quid de la cuestión radica en el juego de las luces y los sonidos.

P.- ¿De qué habla esta nueva pieza?
R.- El imaginario de V.I.T.R.I.O.L. tiene mucha relación con mis experiencias en la selva del Chocó . Es un territorio muy complejo, lastrado históricamente por cadenas de violencia en torno a la extracción del oro. Hay una situación de desigualdad social muy fuerte, guerrilla, paramilitarismo, problemas con el narcotráfico… La pieza sonora resultante interactúa con las luces de la instalación que ha programado nuestra colaboradora Alessandra Leone.

P.- Hay muchas personas implicadas en sus proyectos, ¿le gusta trabajar en equipo?
R.- Me gusta trabajar sola cuando me dedico a trabajos más íntimos, cuando escribo, dibujo, cuando me imagino un proyecto… pero también trabajar con otros. No creo en la idea de la genialidad del artista sino más bien en la multiplicación de talentos, de capacidades y de saberes. Soy como la directora de una orquesta en la que hay multiplicidad de voces. Llamo a muchas puertas: instituciones científicas, museos, archivos… En la parte sonora colaboro desde hace cinco años con Lucrecia Dalt, edito los videos y comparto mis procesos con otros artistas.

P.- ¿Y cómo se lleva con el público?
R.- Hay públicos muy diversos. En el proceso de producción de una obra recurro a múltiples personas y fuentes y procuro que entiendan lo que estoy haciendo y que haya una colaboración. En un seminario o en un taller el contacto es más próximo. Me interesa mucho ver cómo las personas se acercan a mi trabajo porque defiendo que el artista ocupa un papel muy importante en la sociedad, es una agente social, no es alguien que viva aislado en una burbuja.