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1989. El fin del siglo XX

IVAM. Valencia. Hasta el 10 de junio de 2019
[Javier Díaz-Guardiola. ABC Cultural, 2 de febrero de 2019]

“1989”: IVAM, CUÉNTAME CÓMO PASÓ

En 1989 tuvo que ser apasionante ser periodista. Lo dice Sergio Rubira, comisario de la doble muestra del IVAM que conmemora el 30 aniversario de la apertura de este centro, ante la mesa que reúne todas las portadas generadas por las grandes cabeceras de la época en ese año, entre las que se encuentran las de ABC. «Sobre todo para un medio como el tuyo –me espeta–, que solo lleva una imagen a su primera página. ¿Cómo elegirla?». Porque, para que se hagan una idea de las turbulencias que se sucedieron en esas 365 jornadas, el mismo día (3 de junio) que moría el ayatolá Jomeini, entraban los tanques en la Plaza de Tiananmén. Total nada.

Un año en el que caía el Muro de Berlín, y con ello, se empezaba a «rasgar» el Telón de Acero, al que le salía algún jirón, por un lado, con la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia, mientras por otro se daba pie a la Cadena Báltica que acabaría en la independencia de Letonia,

Estonia y Lituania, o se ponía fin con el comunismo de forma más abrupta en la Rumanía de Ceaucescu… Y no fue, desde luego, tan sólo un año en el que se finiquitaban cuestiones más o menos «inamovibles», sino que 1989 dio pie a días en los que se asentaban las bases de estructuras o realidades que ahora forman parte de nuestra cotidianidad: del arranque de internet, a la visibilización de la pandemia del sida; del avance de cierto conservadurismo ideológico hasta las primeras asunciones del «multiculturalismo». De hecho, en el ámbito artístico, el cierre de década escribió algunos de los capítulos que hoy llenan sus libros de Historia, desde las primeras exposiciones sobre «el otro» ( Magiciens de la Terre, en el Pompidou, y su contrarréplica, The Other Story, en la Tate); de las acciones más conocidas de las Guerrilla Girls reclamando el espacio que la mujer se merecía en el sector, a las censuras de Mapplethorpe en la Corcoran de Washington o el escándalo político que supuso el Piss Christ de Andrés Serrano…

Homenaje de época
Todo esto, y mucho más, aparece referenciado en la muestra del IVAM, comisariada por Rubira junto a Sandra Moros, porque, precisamente en ese 1989 de su título, abría su puertas en España uno de nuestros primeros museos de arte contemporáneo. La cita es por ello más bien un homenaje a una época, a una realidad global sobre la que se asentaba el centro y con la que lidiaría en el futuro.

Sus responsables, a modo de juego, se han propuesto que todas las obras reunidas –200, de hasta 70 artistas– fueran creadas en esa fecha, lo que no deja de ser un reto, ya que no en todos los casos dejan filtrar el espíritu de una época, pero sí que funcionan como eco, adelanto de lo que estqaba por suceder.

También los comisarios han optado por una muestra sin secciones, en un deseo de dibujar el paisaje frgmentado al que da pie cualquier era, en el que realidades diferentes se suceden en el mismo plano o tendencias similares se repiten en destino muy distantes. Ello, en ocasiones, puede provocar en el espectador una sensación de desorientación y aturdimiento, ya que no todas las propuestas son de fácil interpretación o lectura, por lo que se espera de él una participación activa, en la que a veces tendrá que desandar lo andado para terminar de comprender los guiños que se establecen entre cruces y salas.

Poner el reloj en hora
Y en ese “no recorrido”, que se inicia teatralmente con el telón propuesto por Maria Eichjorn, se topará con alusiones al tiempo, al nuevo tiempo al que se toma el pulso (Artschwager o Alighjiero & Boetti) y a la muerte (a menudo sinómino de sida: Pepe Espaliú; la vánitas de James Lee Byars o las tumbas de Sophie Calle. A su lado, Nan Goldin, Javier Cosedal, Mar Morriroe…); a la mascarada (o cuestionamiento de las identidades hegemónica: Tracey Moffat. T. Ruff, Dora Maurer…); al multiculturalismo (se recuperan artista de la expo del Pompidou, mientras William Kentridge remite al Apartheid), así como un sinfín de connotaciones políticas (Tomislav Gotovac y los discursos racistas de Milosevic que desembocaron en la guerra de los alcanes), del fin de las utopías (Valcárcel Medina O Ian Hamilton), del avance del turboapitalismo (Moyra Davey)…

La muestra, incluso, le permite recuperar al museo como sala de exposición la gran terraza de la galería 7 en la que esta se despliega, lo que invita también a estar muy atentos a las obras “escondidas” en las zonas de paso (como el listado de efemérides de Féliz González-Torres, para el que tendrán que levantar la mirada).

De manera muchos más literal, el IVAM se convierte en protagonistas del Caso de Estudio que el museo propone en la Galería 3. De nuevo, no se trata tanto de trazar una mirada melancólica a cualquir tiempño pasado, sino de analizar un contexto claro: el de los años pevios a la apertura de un centro que nació con vocación historicista y que viró sus interesas con el paso del tiempo. A mo de abigarrado gabinete, la sala se convierte en un laboratorio en torno a la mesa con amplia documentación sobre las primeras compras, las primeras publicaciones, el impacto en prensa, y en la que se desarrollará todo un programa de actividades paralelas. Las vitrinas (algunas, las originarias del IVAM) y las paredes, ponen a disposición del espectador fotos de la inauguración, documentación sobre el contexto artístico valenciano de la época, algunos de sus hitos en diseño, y una selección de sus primera adquisiciones (dispuestas en peines, y que irán rotando en las próximas semanas), donde sorprende que, además de las esperadas de Julio González, en torno a quien se armó su conjunto, se incluyen ejemplos de Paul Klee o George Grosz.