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58ª Bienal de Venecia 2019. May You Live In Interesting Times

Bienal de Venecia. Hasta el 24 de noviembre de 2019
[Luisa Espino. El Cultural, 3 de mayo de 2019]

RALPH RUGOFF: “ESTA BIENAL DE VENECIA HABLA DE NUESTRO TIEMPO SIN SER UN DOCUMENTAL”

Falta una semana para que los Giardini abran sus puertas a la 58° Bienal de Venecia. La firma el director de la Hayward Gallery de Londres, Ralph Rugoff, que ha reunido a 79 artistas en dos exposiciones que hablan de fake news, de fronteras y de contradicciones. Habrá sorpresas, avanza. Y más preguntas que respuestas. Nos colamos con el comisario en el Arsenale y en el Pabellón Central.

Dice Ralph Rugoff (Nueva York, 1957) que una de las claves para que una bienal funcione es que conecte con el contexto local. No se refiere en concreto a la de Venecia que, con bastante más de un siglo a sus espaldas, fue la pionera de este modelo, sino a las más de 200 que se celebran en los puntos más insospechados del planeta. Su propuesta para la 58° edición está anclada en el presente y toma como punto de partida las fake news y los “hechos alternativos”, esos que pululan por las redes sociales y por los discursos de algunos de nuestros políticos. El título de la exposición, May You Live in Interesting Times (Ojalá vivas en tiempos interesantes), es un fake en sí mismo, una expresión inglesa atribuida a una maldición china que en realidad nunca existió. Rugoff la utiliza como una invitación para que permanezcamos con la antena levantada: “Creo que vivimos en tiempos interesantes, aquejados de cambios -tanto positivos como preocupantes- y que tenemos que plantarles cara y comprometernos”.

Hay una idea que sobrevuela toda la propuesta: la capacidad del arte de plantear preguntas y de presentar los hechos desde otra perspectiva. Habla también de la democratización de la información en internet, de la desinformación y de la ausencia de filtros. “El arte tiene una parte en común con estos ‘hechos alternativos’, no oculta la verdad pero sí la reconstruye y nos acerca a ella desde otra mirada. Ya lo dijo Picasso: el arte es la mentira que nos ayuda a ver la verdad. Y este aspecto aparentemente contradictorio es su gran capital y lo que me interesa recoger en esta exposición: la obra de los artistas responde al momento en el que vivimos, no se trata de un experimento aislado en un laboratorio”.

Provocaciones aéreas
A Rugoff le gusta poner a prueba al público. Cuando dirigía el Wattis Institute de San Francisco (2000-2006), reunió varias obras “etéreas” -arquitecturas de aire o pinturas de tinta invisible- en A Brief History of Invisible Art, con las que cuestionaba cómo miramos el arte. Y estando ya a la cabeza de la Hayward Gallery de Londres (a la que llegó en 2006), comisarió la Bienal de Lyon, que llamó La vida moderna (2015), con la que radiografiaba el presente. Una de las cosas que aprendió de las dos sedes de esta experiencia francesa -una más industrial y, la otra, un museo, recuerda- fue el carácter que el espacio expositivo imprime en las obras de arte. Una dicotomía parecida al montaje que tiene ahora entre manos en Venecia, repartido entre el Arsenale y el Pabellón Central, los espacios destinados a la exposición internacional que ha desdoblado en dos, Proposición A y Proposición B, en las que los 71 artistas hacen doblete.

Pregunta. ¿Por qué una propuesta bicéfala?
Respuesta. Buscaba dar una visión más completa del trabajo de los artistas, darles la oportunidad de mostrar distintas facetas de su obra para subrayar con ello que la práctica artística no parte de una única perspectiva sino que es multidimensional. Las dos exposiciones son muy diferentes entre sí. Participan exactamente los mismos artistas pero con obras tan distintas que, en algunos casos, nos va a costar reconocer que se trata de los mismos autores. En cada una de ellas hay varios temas recurrentes que van apareciendo y desapareciendo pero que no se estructuran por secciones claramente delimitadas. Uno de ellos es, por ejemplo, el de los muros, las fronteras, tanto físicas como virtuales. Pero, sobre todo, lo que me interesa plantear es que todas las categorías encarnan contradicciones: hay obras abstractas que son también figurativas, pinturas figurativas que parece abstractas, o algunas realistas que son también de género fantástico. Veremos esta ambigüedad en muchas de las obras, algunas de ellas hechas específicamente para la bienal, en esta muestra que habla de nuestro tiempo sin aspirar a ilustrarlo. No es un documental, es una respuesta artística.

P. Aváncenos algún detalle de las obras que nos esperan.
R. Habrá algunas en el exterior, como la de Tomás Saraceno frente al Pabellón Central. Dedica un espacio a las arañas, las habitantes naturales de los Giardini el resto del año, algo que le da a la propuesta un toque muy “transnacional”. Y en el Arsenale, un pabellón dedicado a los refugiados, Never Land, con el que el artista turco Halil Altindere apunta varios aspectos: hay barcos que no pueden arribar, aviones que no aterrizan… No hay que olvidar que en estos momentos hay 66 millones de personas desplazadas en todo el mundo, una cifra nada desdeñable, mayor que la de los habitantes de España, por ejemplo. Mientras en Venecia tenemos todos estos pabellones nacionales, nada menos que el 1% de la población mundial no tiene país. Altindere lo presenta de una manera muy interesante: no es un pabellón al uso sino una especie de escenario.

P. Hablaba también antes de los muros físicos…
R. Sí, como el de Teresa Margolles de 12 metros de largo coronado con concertinas. Estaba situado en origen frente a un colegio de Ciudad Juárez, un lugar aquejado por la violencia y las drogas. La artista mexicana lo ha traído literalmente a la sala, con los agujeros de las balas con las que fueron asesinados varios adolescentes. Lo presenta como un monumento con el que rinde homenaje a todas las víctimas.

P. Entre la lista de artistas hay un número elevado de nacidos en los ochenta, ¿a qué se debe?
R. No buscaba una generación concreta de artistas pero sí es verdad que en torno a los cuarenta los artistas alcanzan un nivel de trabajo maduro y que todavía no han estado en muchas bienales. Eso es interesante.

P. Y no puedo dejar de preguntarle, ¿por qué esta ausencia de artistas españoles?
R. A lo largo de mi carrera he trabajado con varios artistas españoles como Santiago Sierra, Dora García y Sergio Prego, pero a la hora de hacer una selección como esta entran en juego muchos factores, desde los autores que se siguen en el momento, hasta que las obras encajen con lo que se quiere contar. Es una cuestión de timing. Creo que la escena artística española es potente, pero cuando estaba haciendo mi investigación para este proyecto y viajé a España no vi ningún trabajo que se ajustara.

P. Tengo curiosidad, ¿cómo organiza estas visitas?
R. Hablo con comisarios y artistas que conozco para que me hagan recomendaciones. Pero prefiero no decir quiénes fueron en este caso por no crearles problemas.

¿Un modelo obsoleto?
En esta nueva edición, la exposición internacional convive con 91 pabellones nacionales distribuidos entre los Giardini, el Arsenale y la ciudad, a los que se han incorporado este año Argelia, Ghana, Madagascar, Malasia y Paquistán. “En realidad son dos bienales paralelas que coinciden en el tiempo y el espacio -apunta Ralph Rugoff-. Comparten un mismo título, aunque los pabellones nacionales no terminen de responder del todo a él, lógicamente, porque se organizan de manera independiente y tienen otros comisarios. Al mismo tiempo, surgen muchos cruces e influencias y en mi caso si algún artista que tenía pensado para May You Live in Interesting Times era seleccionado para representar a su país de manera individual, automáticamente lo quitaba de mi lista. Me ha pasado con algunos”.

P. ¿Tiene sentido hoy esa distinción por nacionalidades?
R. Bueno, no deja de ser una seña de identidad de la Bienal de Venecia. Muchas bienales plantean desde su comisariado posiciones muy utópicas en las que las fronteras no importan y donde se dan cita artistas de todos los rincones del mundo. Hablo de utopía porque no reflejan el mundo real. De Venecia me gusta ese equilibrio entre lo nacional y lo internacional. Esas dos caras de la moneda están también en el centro de May You Live in Interesting Times, que habla de la propia existencia del ser humano: tenemos un cuerpo y vivimos en un momento concreto, pero también una mente que viaja al pasado y al futuro. Somos individuos y formamos parte de una colectividad. Todo en nosotros tiene una vertiente doble, hasta nuestra manera de pensar, rápida y lenta.

P. También le gusta jugar con el formato y generar nuevas conexiones, ¿habrá sorpresas?
R. La idea de que haya dos exposiciones es ya una novedad. Además, los espacios están diseñados para proporcionar al visitante un tipo de experiencia diferente. No hay rutas preestablecidas en el recorrido sino distintas formas de navegarlo, y ninguna de ellas es la habitual. Creo que esto abre la mente del público a nuevas ideas que, con suerte, hace mella en nuestras cabezas, en nuestra manera de pensar.

P. ¿Es esto lo que le pide al visitante, que esté receptivo?
R. Sí, que se tome su tiempo para disfrutar de la experiencia. Los artistas le dedican mucho tiempo a elaborar su trabajo y se merecen que nosotros hagamos lo mismo al verlo. Salimos ganando, pues ellos miran las cosas de una manera diferente y arrojan luz sobre aspectos a los que normalmente no prestamos atención. Y siempre digo lo mismo: no hay que intentar entender absolutamente todo. Estamos acostumbrados a un consumo rápido de programas de televisión, películas… y el arte a veces es más amplio que todo eso, no nos da una respuesta concreta pero sí muchas preguntas interesantes. Las obras son textos abiertos que establecen diálogos, muchos de ellos múltiples y ambiguos.

P. ¿Cuál es el rol del arte?
R. Conectar ideas que de otra manera no relacionaríamos. Reflejar, revisar y comentar las contradicciones humanas. Agitarnos un poco y que veamos las cosas de otra manera. Espero que esta exposición produzca ese efecto en las personas que la visiten.

Teresa Margolles: Muro Ciudad Juárez. Foto: Nils Klinger
P. ¿Hay alguna otra edición de la Bienal de Venecia que le haya marcado especialmente?
R. Recuerdo bastantes propuestas pero la de Dreams and Conflicts, de Francesco Bonami junto a nueve co-comisarios en 2003, fue especialmente importante para mí. Me gustó la idea de que una bienal pudiera ser varias cosas al mismo tiempo, más allá de una gran exposición. De ahí mi propuesta, dos exposiciones que tienen en conjunto menos artistas que las anteriores (79 frente a los 300 de Bonami).

Hay vida más allá de Venecia
Lejos de citas más especializadas, Ralph Rugoff insiste en que no le interesan las bienales pensadas “para comisarios y colegas” y en la importancia de proyectos como el de la Bienal de Kochi-Muziris, en India. “No es esta una región con una escena artística muy potente y el trabajo que desarrollan con su población es increíble. Logran despertar la curiosidad de los visitantes usando un lenguaje accesible para todos los públicos, algo que es muy importante”. También menciona otras experiencias como la de la Bienal de Dakar, en Senegal, en la que invitan a los artistas a producir ahí su obra, en el propio espacio. Una fórmula mucho más económica y sostenible que organizar el transporte de obras de arte, que supone siempre una partida presupuestaria muy elevada.

P. Hablando de números y de mercado, ¿cree que el peso de las grandes galerías en la Bienal de Venecia es excesivo?
R. Tengo que decir que en esta edición estarán menos presentes que en otras ocasiones, pues muchos de los artistas participantes trabajan con galerías más pequeñas. Pero entrando en este debate hay algo incuestionable: las grandes galerías suelen colaborar con muy buenos artistas que no podemos dejar fuera.