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Ana Barriga. De animales a dioses

CAAC. Sevilla. Hasta el 25 de agosto de 2019
[Luisa Espino. El Cultural, 8 de marzo de 2019]

“MI PINTURA HABLA DE COSAS SERIA DE FORMA LÚDICA, BONITA Y GOLFA”

Dice Ana Barriga (Jerez, 1984) que su trabajo es un caos, “una explosión de información aleatoria en la que intenta poner orden”. En sus pinturas encontramos figuras de cerámica, piezas de vajilla y juguetes de goma agrupados en bodegones contemporáneos que transitan entre lo lúdico, lo kitsch y lo barroco, una “explosión de información” sujeta a un sinfín de interpretaciones iconográficas. La huella de su formación como escultora está presente en su pintura, en la que consigue que el bulto redondo emerja de las dos dimensiones del lienzo. Le interesa la arqueología, el arte de las primeras civilizaciones, las culturas primitivas y los gestos cotidianos y sigue a muchos artistas, entre los que Gordillo tiene un lugar destacado. Él le ha escrito el texto del catálogo de Generaciones, ahora en La Casa Encendida. Su proyecto El Taller de las moscas, una pintura y varias piezas de cuero, giran en torno al Tesoro del Delfín. Su siguiente parada es el CAAC de Sevilla, donde puede visitarse desde hoy De animales a dioses, un políptico de 10 piezas que recorre 12 metros del antiguo refectorio de este monasterio cartujo, y Adán y Eva, en la Capilla de la Magdalena.

Pregunta. ¿Cómo se trabaja en un lugar con tanta carga histórica y ornamental?
Respuesta. Es un espacio difícil, en el que te debes integrar por camuflaje o por contradicción, y yo no sé camuflarme. Me he movido en una línea muy fina, casi como un funambulista.

P. ¿Cuál ha sido el punto de partida de estas nuevas piezas?
R. He tenido en cuenta los usos previos que tuvo el edificio, centrando mi investigación en las distintas formas de abordar la religiosidad en la actualidad, un tema que me interesa mucho. De animales a dioses son siete cabezas planteadas de forma lúdica, abiertas como las Matrioskas, que se rematan en sus extremos con las dos mitades de una calavera que simboliza la muerte, nuestro destino común. Y para evitar el desplome, dos alegorías del cancerbero sujetan los extremos. La disposición como retablo acentúa este carácter religioso, junto con el uso de la simetría, símbolo de la divinidad. Conceptualmente, lo relaciono también con los arquetipos junguianos, personalidades que encierran otras personalidades.

P. ¿Y la intervención de la Capilla de la Magdalena?
R. Adán y Eva son dos figuras sin rostro que únicamente se diferencian a través de su sexualidad. Reproduce una especie de animal irreal que oscila entre el cuerpo del perro y el del cerdo. El perro, dócil y noble, fue el primer animal doméstico y los cerdos son una representación de lo negativo según el Evangelio.

En esta pintura, como en el resto de la obra de Barriga, cada detalle tiene una explicación. El color negro hace referencia al primer vestigio del hombre en África y hay varios símbolos de la divinidad. Hay un guiño a los monjes cartujos en el friso de la arquitectura que enmarca la escena, y también a personajes populares como Mr. Potato y el cantante Maluma. Todas las piezas están pintadas con esmalte, rotulador, óleo y spray. Con el esmalte consigue un efecto artificial que le interesa mucho: “Todo lo que aparece es mentira, una trascripción personal de un pasaje bíblico en el que la divinidad queda relegada a un elemento más del paisaje”.

P. ¿Y hay algo en estas pinturas de la fábrica de cerámica que ocupó el edificio?
R. La cerámica es una parte indispensable de mi pintura, es la materia prima de mis principales modelos y la llevo al lienzo en cada figura que pinto. En De animales a dioses he sacado la imagen de los ángeles de una vasija de La Cartuja. También he reinterpretado el fondo del lienzo a través del patrón original de los azulejos del refectorio, usando fragmentos de los colores azul, verde y rosa. Para mí estos colores tienen sus significados: el rosa es dulce, lúdico, femenino y sensual. El verde, es el color de las piedras preciosas, muy utilizado para representaciones religiosas, mágicas y espirituales. Y el azul -que es el primer pigmento artificial que se creó, en el antiguo Egipto, murió con los primeros romanos y revivió en Pompeya- es la resurrección.

P. ¿Qué lecturas podemos sacar de estas piezas?
R. Es un juego del equilibro entre la razón y la emoción, dos territorios aparentemente contradictorios que al friccionar generan un tipo de energía que me interesa. Procuro moverme en el ámbito de lo lúdico, un lugar compartido por artistas y niños donde se abandonan los prejuicios. El humor, el juego o la ironía son modos de posicionarnos ante la realidad y restarle seriedad.

P. ¿Cómo es su proceso de trabajo? ¿Dónde empieza?
R. Todo comienza en los mercadillos. Me llevo a casa todo tipo de cosas que terminan formando parte de los escenarios de mis pinturas. Siempre me ha interesado manipular objetos tridimensionales, darles forma, sacar algo distinto modelado a mi gusto. En el estudio ilumino estas composiciones con luz artificial antes de pintarlas, las fotografío y vuelvo a manipular la luz y la sombra que me interesa llevar al lienzo.

P. ¿Y qué es lo que quiere contar al público con su obra?
R. Trato de invitar al espectador a entrar en mi imaginario. Abrir una puerta para reflexionar sobre los temas que me preocupan vistos con ironía y con una plástica agradable, algo que, a simple vista, puede parecer facilón. Planteo con mi pintura cosas serias de forma lúdica, bonita y golfa. Al público le pido que disfrute con lo que ve y que esto les sirva de enlace para querer más, y más, y más…