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Bailar la arquitectura

Centro Cultural de la Villa. Madrid. Hasta el 12 de mayo de 2019
[Rocío de la Villa. El Cultural, 3 de mayo de 2019]

DRAMA Y MELANCOLÍA A TODO VOLUMEN

En Madrid, una exposición comisariada por Javier Panera no puede pasar inadvertida. Se trata de uno de los comisarios más originales de nuestra escena artística, con propuestas que siempre aportan y sorprenden. Director del DA2 de Salamanca de 2004 a 2012, donde abogó con brillantez por la estética neobarroca, después Panera se ha centrado en la relación entre la música rock y el arte. Ambas tendencias se hallan aquí, en esta amplia y original muestra que, a modo de un disco de vinilo, tiene una estructura circular.

Las impactantes piezas de estética neobarroca de Carlos Aires abren y cierran el recorrido. Comienza con un video proyectado a gran escala donde vemos la insólita y perfecta coreografía de un tango ejecutado por dos policías antidisturbios en la dorada sala de baile del Museo Cerralbo de Madrid. Es una versión de la conocida canción Sweet Dreams del grupo británico de tecno-pop Eurythmics a partir de la que Aires desarrolla una crítica al sistema capitalista, también desde una perspectiva poscolonial y de género, que parece confirmar con rotundidad dramática el chocante título de la muestra, Bailar de arquitectura, y su carga de dramatismo. Condensado también al final en How Deep Is Your Love?, título de una canción del grupo Bee Gees, una instalación monumental en forma de corazón con medio centenar de cuchillos de Albacete en cuya hoja se han grabado otros tantos títulos de canciones de amor y desamor.

Pero no es todo aquí abierta tragedia. En el meridiano, un prolijo conjunto de piezas recicladas de Félix Curto, procedentes de sus viajes a zonas fronterizas entre México y Estados Unidos, desencadenan una prolongada melancolía acerca del fracaso de un “sueño americano” invertido que también fue el de malditos del country como Neil Young o Jim White, y artistas viajeros como Robert Smithson, en la estela de la novela On the Road del beat Jack Kerouac.

Son referentes para sucesivas generaciones de jóvenes en todo el mundo cuya impregnación melancólica ha quedado inoculada casi genéticamente en los millennials. Como puede verse, por ejemplo, a nivel formal en la pieza de Irma Marco, Tape Recording Club, que utiliza la obsolescencia tecnológica de las cintas de video para componer pinturas monumentales. Acude a grabaciones de campo e intercambios de archivos sonoros y visuales en la red, donde se mezclan lo real con lo imaginario y la intimidad cotidiana con el debate público. Y también, en las pinturas de Alfonso Sicilia Sobrino: círculos cromáticos que evocan los CD ya también a punto de desaparecer, al tiempo que reivindican una manualidad como mantra de un trabajo pictórico inspirado en la pintura de Sonia Delaunay.

Porque, quizá lo más interesante de esta exposición se halla en la mezcla bien administrada de trabajos poco conocidos de una quincena de creadores españoles, de diferentes campos y generaciones, con una apuesta clara de respaldo a los jóvenes. Entre ellos, me parece muy importante la inclusión de los mediometrajes de dance-film de la ya laureada en festivales internacionales Ana Cembrero, aunque su visionado exija una visita más prolongada. Sus filmes, generalmente proyectados en ciclos de cine alternativo, reformulan la persistente dificultad en nuestro país de insertar en el medio artístico esos denominados lenguajes híbridos que innegablemente pertenecen a la genealogía del arte desde una perspectiva antropológica, reivindicada en la tradición vanguardista y conceptual. Si la huella de Meshes of the Afternoon de Maya Deren inspira la “oda a la mujer” en Cinética (2009), rodada en el Cabo de Gata, Europe Endless (2014) y Lost Archive proponen una crítica a la arquitectura burocrática y segregadora de Bruselas, la capital de la Comunidad Europea donde reside desde hace años la artista valenciana.

Vista de la exposición
Pero también ha sido todo un acierto adaptar aquí la gran instalación escultórico-audiovisual Transfigured Schönberg de Dionisio González, expuesta en 2009 en la Capilla de Fuensaldaña del Museo Patio Herreriano de Valladolid, donde a partir de la definición de Goethe de la música como “arquitectura congelada” se materializa el estruendo de la demolición del sistema tonal clásico a cargo de Schönberg, como metáfora de tantos otros derrumbes sociales que suele tratar el artista, junto a sus utopías, en sus proyectos más conocidos.

Otro derrumbe, en este caso el de la gráfica de la cultura popular, es el invocado por Luis Pérez Calvo en el gran mural site-specific Unplugged, en referencia a las grabaciones en formato acústico de los años noventa, donde este “trapero” del Rastro madrileño rinde homenaje en dibujos y collages a conciertos de Aretha Franklin o David Bowie junto a míticas portadas de discos de Rolling Stones, The Velvet Underground, The Clash, AC/DC o The Ramones.