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Carmen Nogueira. Vida gallega

CentroCentro. Madrid. Hasta el 27 de enro de 2019
[Bea Espejo. El País, 22 de diciembre de 2018]

LA LECTURA DE LOS GESTOS

Hay artistas que manejan una capacidad extraordinaria para desbancar los grandes relatos que se han ido instalando en la historia como pieles muertas. El punto de partida afloró en los noventa fruto del agotamiento de los entusiastas ochenta, en un momento sociopolítico que instauró el vértigo en medio mundo con la caída del muro de Berlín en 1989 como hito. Algunos artistas se volcaron, entonces, en narrativas poliédricas llenas de gestos que proponían reivindicar historias particulares, sus procesos y sus contextos. El teórico Fredric Jameson lo llamó “el regreso de la narrativa como narrativa del fin de las narrativas”. Un canto a la microhistoria como esa puerta trasera por la que se escapan muchas de las teorías del mundo.

Por ella circula Carme Nogueira (Vigo, 1970). Siempre suele poner el foco en situaciones “excepcionales” que se generan a partir de acciones regulares, corrientes, como charlas, conferencias o encuentros, o en recorridos, derivas, mapeados e intervenciones que fijan su atención en lo que ha quedado de la construcción de la historia, del paisaje a través de las palabras y las formas de narrar. Lo que no se ve pero es común. Vida gallega, que vemos en CentroCentro de la mano de la comisaria Tamara Díaz Bringas, es otro capítulo de ese trabajo que indaga en la memoria del lugar. A modo de un biombo expandido, la artista evoca modulaciones de espacios de trabajo realizadas por dos arquitectos de origen gallego vinculados a la historia constructiva y de usos del palacio de Cibeles, que acoge la exposición: Antonio Palacios y Alejandro de la Sota. La intervención de Palacios a la que alude son los separadores que creaban los espacios de trabajo en la planta donde tiene lugar la exposición. Y la de De la Sota, un pabellón que estaba en el Muelle de Carga. Hay un juego de guiños, como hace el título de la muestra con la mítica revista gallega de principios del siglo XX, y un repaso por décadas de trabajo, uno de los más coherentes en el contexto del arte contemporáneo, por su incisiva mirada a restablecer una memoria de trabajo y luchas obreras, de prácticas de emancipación feministas o anticoloniales, tan silenciadas.